Pues resulta que estas divisas con un sesgo muy “facholi” tienen una historia de 30 siglos, ¡casi nada! Parece ser que corría el s. IX a.C., es decir, hace 3.000 años, cuando en el reino de Frigia estaban ya bastante cansados de que todo el que pasara por allí arrasara. De hecho, los que pasaron y pasarían más tarde por allí no eran otros que hititas, asirios, persas, egipcios, otomanos, macedonios, griegos, etc. Tenían tal paranoia con el tema de la seguridad que, tenían una diosa, la diosa de la madre naturaleza, que, además, era la diosa de la seguridad, y no era otra que una tal Cibeles. Como dato curioso, decir que, en la Cibeles de Madrid, donde los jugadores del Real Madrid depositan sus bufandas merengues en las celebraciones de los títulos, podemos observar que no tiene una corona o una tiara en su cabeza, sino que lo que posee es la muralla del Reino de Frigia. Eso es lo que tiene la Cibeles en la cabeza. La preocupación por la seguridad llegaba hasta ese extremo.

Alejandro III de Macedonia

Para que nos hagamos una idea, si la península ibérica fuera la península de Anatolia (actual Turquía), el Reino de Frigia caería más o menos donde cae Extremadura en la península Ibérica. Pues bien, por allí, pasó un buen día un tal Gordias. Cuando iba con su carromato por aquel lugar, de repente, se le posó un águila real. Que se te pose un águila real en el s. IX a.C. es equiparable al gol de Iniesta en la final del Mundial del 2010. Total, que se le acercaron para decirle que él era el elegido y que debía ser quien condujera al pueblo de Frigia a la prosperidad, bienestar, progreso, etc. Así pues, Gordias aparcó su carromato y lo ató con un nudo conocido como nudo gordiano. Aquel lugar se convertiría en la capital del reino y se llamaría Gordión.

En al año 333 a.C. pasaba por allí Alejandro III de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno. Un tipo se le acercó y le dijo que aquel que desatara aquel nudo gordiano gobernaría un imperio y conquistaría Asia. Que le dijeran algo así a Alejandro Magno era una auténtica provocación. Alejandro lo intentó una y otra vez y no pudo desatar el nudo, de modo que desenvainó su espada y pronunció una frase que quedaría para la posteridad antes de cortar el nudo. “Tanto monta desatar que cortar”, que más o menos significa algo así como que, “¿qué me estas contando?”. Y cortó el nudo dando solución al desafío. Es curioso que los matemáticos a día de hoy, cuando un problema no tiene solución, lo llamen “problema gordiano”. Alejandro Magno llegó hasta la India y sur del Himalaya, y a su regreso hacia su Macedonia natal, falleció en Babilonia, el Nueva York de la época, la ciudad más importante del planeta. Unos dicen que, asesinado, y otros dicen que, tras padecer una enfermedad venérea, pero el caso es que los turcos, a día de hoy, dicen que no llegó a Macedonia porque no fue capaz de desatar el nudo. El pique entre griegos y turcos sigue asegurado.

Esta historia le encantaba al Rey Fernando de Aragón, el conocido como Católico. Él y la reina Isabel I eran fans de Alejandro Magno, vamos, que eran sus más fieles followers. Las historias de Alejandro Magno les unían mucho. Total, que esta historia le encantaba al rey por la picaresca que encerraba en una España llena de pícaros. Para entender la figura del rey Fernando hay que añadir que un amigo suyo escribió un libro que decía que el fin justificaba los medios. El libro se titula “El Príncipe” y el autor no es otro que un tal Maquiavelo. Se dice que esta obra está inspirada en el rey Fernando, o al menos eso dicen las malas lenguas. Cuidado, Maquiavelo no dijo la frasecita famosa. La frase de “el fin justifica los medios” la escribió Napoleón en su ejemplar de El Príncipe en su última página. ¡Un gran resumen! Por cierto, no hay político de la actualidad que no ponga en práctica lo que se explica en este libro totalmente atemporal y de siempre rabiosa actualidad.

Resumiendo, que en el s. XV, cuando unos novios se casaban, existía la costumbre de que el novio le hiciera un regalo a la novia y la novia le debía hacer un regalo al novio. Eso era lo que marcaba la tradición. El rey Fernando le regaló a la reina Isabel un yugo con el nudo gordiano cortado, ya que, además, la palabra “yugo” comenzaba con la letra “y”, y es que con la “y” se escribía el nombre de “Ysabel” en aquel entonces. Y la reina Isabel le regaló a Fernando unas flechas que comienzan con la letra “F” de Fernando y que encierran otra historia de Alejandro Magno.

Divisas del yugo y las flechas del s. XV

Dice la leyenda que, en una isla del Mediterráneo, un viejo sabio le pidió a Alejandro Magno extraer una flecha de un haz para quebrarla. Alejandro la extrajo y la partió. Luego le pidió que cogiera todo el haz de flechas y tratara de quebrarlo de una sola vez. Alejandro no pudo. El sabio le dijo que esta enseñanza era para mostrarle lo importante que era permanecer unido, que no dejara a ninguna de sus provincias, conquistas, etc, a su libre albedrío y que las protegiera si quería mantener unido un imperio. Esta historia le encantaba a la reina Isabel en un momento en el que se estaban uniendo los reinos de Castilla y Aragón.

Ambas divisas se unieron y se pronunció la famosa frase de “tanto monta, monta tanto, Isabel y Fernando”, que procede de donde procede, y que viene a significar que, tienen el mismo peso los ciudadanos de Castilla, León, Aragón, Granada y Sicilia (Navarra no se uniría hasta 1512). Las flechas siempre estarían en horizontal, inclinadas hacia abajo o apuntando totalmente hacia abajo, y es que nunca se guardaban hacia arriba porque si no, el arquero, al coger una flecha podía lastimarse.

Lema en fachada del exterior del Aula Magna de IE Unuversity en Santa Cruz la Real, Segovia

En 1931, con la llegada de la Segunda República, se arrasó con cualquier simbología sospechosa de pertenecer a la corona, y se suprimieron la bandera roja y gualda, el himno de granaderos, el águila de San Juan y por supuesto, el yugo y las flechas. En 1936 se produce el alzamiento por parte del bando nacional y recuperaron todos estos símbolos reales. Los nacionales lo que decían era que España estaba por los suelos y que había que levantarla. De hecho, no hablaban de golpe de estado sino de alzamiento. Es más, su claim era “arriba España”, y arriba debían apuntar las flechas siempre, las cuales se superponían en una misma divisa al yugo de Gordias. Esa es la diferencia entre un símbolo real del s. XV y un símbolo franquista del s. XX.

Símbolo franquista del yugo y las flechas asumido por FE de las JONS

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