Se llamaba Fernando de Avís y Lancaster, y sin él, hoy Ceuta, seguramente, no sería española. Le llamaron el “Infante santo”. Era hijo del rey Joao I de Portugal y hermano de Enrique el Navegante, es decir, del menda que intentó bordear África para sortear el tapón que los otomanos ejercían al este de Europa. Ojo, el tipo llegó hasta Sierra Leona y encabeza el monumento de grandes marinos y descubridores que hay en Lisboa.
Su padre fue quien tomó Ceuta en 1415. Fernando no estuvo en aquella ocasión, pero sí que acompañó a Enrique, su hermano, el héroe nacional, en 1437. Ese año el objetivo portugués fue Tánger, pero se masticó la tragedia desde el inicio.

Para salvar el pellejo, la maniobra del listo de Enrique fue prometerle al gobernador de Tánger, Salah ben Salah, que le entregaría Ceuta. A cambio le dejó a su hermano de rehén junto a unos cuantos portugueses más. ¡Pobrecillo! Le exprimieron más que a un becario en prácticas. Cuando se despidieron, Fernando ya mencionó que sería la última vez que se verían.
El problema fue que Enrique tenía más interés por Ceuta que por su hermano. El tipo llegó a unir a España e Inglaterra de su parte, no en vano, su madre era inglesa, pero no consiguió demasiado. Nunca quiso entregar Ceuta a cambio de Fernando. Sabía que Ceuta era muy importante. Era tan importante que, siglos más tarde, los ingleses hicieron lo propio con Gibraltar. Al mismo tiempo y ante el giro inesperado de los acontecimientos, Fernando se retorció entre terribles sufrimientos en Fez. Con él, tuvieron menos detalles que el padrino de tu hijo.
Ceuta era un lugar estratégico y su potencial para la marina portuguesa era indiscutible y, de hecho, Portugal fue grande poco más tarde. Ceuta fue el inicio del éxito de Enrique. Tras seis años de cautiverio, a Fernando le desagarraron el corazón, los órganos y los intestinos para dárselos a los presos y el resto del cuerpo lo colgaron de una de las almenas de la muralla.

Enrique no quiso regresar a Lisboa para no tener que dar parte a la familia, pero el tema de su hermano le fue carcomiendo poco a poco. A Fernando se le canonizó en 1470 y en él se inspiró Calderón de la Barca para escribir “El príncipe constante”.
Si Enrique hubiera rescatado a su hermano, probablemente Ceuta sería hoy marroquí. Y con una Ceuta musulmana, el reino de Granada habría tenido más fácil pedir refuerzos dese el sur, por lo que, quien sabe si habría aguantado más años o incluso décadas el embiste cristiano.
Tras una crisis sucesoria, Portugal se incorporó a la Monarquía Hispánica en 1578, pero en 1640, cuando se separó de España, Ceuta no siguió a Portugal y permaneció en España. Y hasta hoy.
Por cierto, la OTAN no se hace cargo de las posesiones españoles en el norte de África y sólo, para estos territorios, no tenemos reciprocidad de defensa, como así se acordó en el Tratado de Washington de 1949 que, en su artículo 5 señala lo siguiente: “al territorio de las partes en Europa o América del Norte, o las islas bajo jurisdicción de cualquiera de las partes en el área del Atlántico Norte, al norte del Trópico de Cáncer”. Así pues, eso, ¡a por uvas con Ceuta y Melilla!

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Gracias, como cada semana. No conocía esta parte de nuestra historia
Muchas gracias a ti José María. ¡Un afectuoso saludo!