Colón parece ser que llegó de chiripa a América y además no se enteró lo que descubrió. Si a eso le añades que la corona le ninguneó los dos últimos años de su vida y que ahora pintarrajean, destruyen y retiran sus monumentos, pues, ¿para qué queremos más?
Pero mira por donde, yo voy a reivindicar su figura. Me apasiona su historia, por lo que adelante, ya pueden criticarme sin piedad y con furia, con mucha furia.
Cristóforo Colombo era genovés. Esta sí que es buena. Se le odia mucho en la actualidad por genocida, pero el caso es que medio planeta reivindica su nacimiento dentro de sus fronteras. ¡Por algo será! El tipo, en un contrato de mayorazgo en 1498, dijo que era genovés, su hijo Diego decía que su padre era genovés, y en su testamento dejó buenas cantidades de dinero a amigos genoveses, por lo que desconozco por qué hay países, regiones, ciudades, que reclaman su nacimiento. En fin, cosas inexplicables. Preguntes a quien preguntes, todo el mundo da por hecho que hay dudas sobre la procedencia de Colón.
Colón había visto el mapa de Toscanelli de 1474 en el que aparecía un océano entre las Indias Orientales y Europa, y además, había leído la obra de “Il Milione” de Rustichelo, un tipo que la escribió a partir de las memorias de Marco Polo y que hablaba de las riquezas, especias, metales preciosos, etc, que había en aquella parte del globo. Colón quería hacerse rico y comenzó a pensar en buscar una ruta alternativa, ya que los otomanos tenían colapsada la ruta habitual por el este.

Colón estuvo investigando y estudiando su viaje durante 14 años, desde 1470 a 1484, por lo que eso de chiripa, nada de nada. Viajó desde Sierra Leona (a esas latitudes ya había llegado Enrique el Navegante) hasta el norte de Europa, e intuyó cómo funcionaban los vientos en función de la latitud. De hecho, llegó a América a la primera, y lo más difícil, volvió a la primera. En el s.XVI, los españoles viajaron por el océano Pacífico, llamado entonces Lago Español, como pollo sin cabeza, hasta que en 1564-65, Andrés de Urdaneta probó a hacer lo mismo que Colón 73 años antes, y oye, que se dio inicio al Tornaviaje, al Galeón de Manila y a la primera globalización de la historia. Insisto, los españoles del XVI tardaron en percatarse 73 años y sin embargo, Colón completó el viaje a la primera en el Atlántico. Sí, Andrés de Urdaneta descubrió la corriente de Kuro-Shivo, pero lo que hizo fue copiar a Colón, el que llegó a América de chiripa. Colón no había oído hablar de la Fuerza de Coriolis, pero sabía e intuía como debía ir y volver, que hablando del s.XV, es decir mucho… es decir demasiado.
De 1484 a 1492 trató de vender su proyecto y siempre daba en hueso. ¡No hubo manera de venderlo! Menos mal que esas cosas ya no pasan. A todo aquel que tiene una buena idea, se la compran a la primera y sin rechistar. Al tipo le costó Dios y ayuda el convencer a alguien de comprar aquella descabellada idea de ir por el oeste a por las especias y a por el oro de China y Japón (Catay y Cipango).
Italia como tal no existía como la conocemos actualmente y todos los ducados estaban medio en guerra o en guerra entera, por lo que la descartó. Su primera bala fue para convencer a los portugueses. Alfonso V el Africano, el tipo más rico del planeta, una suma de Bill Gates, Aristóteles Onasis y Amancio Ortega, le dijo que hablara con la escuela de Sagres, y ahí los matemáticos y cartógrafos le dijeron que tenía mal calculada la distancia. Claro, Colón calculaba el viaje con millas italianas, y los portugueses le hablaban de millas árabes, midiendo unas, 1,5 km y las otras casi 2 km. Lo que los portugueses le decían era que ese error del 25% de diferencia, trasladado al perímetro de la Tierra, suponía aumentar la singladura en dos tercios, es decir, si Colón calculaba una distancia de 6.500 km, los portugueses elevaban la distancia a 21.000 km, y por supuesto, del tirón, una distancia así no podría soportarla barco alguno.

Tras darle calabazas, se fue a España, a Castilla concretamente, y ahí lo que le dijeron es que en el mindset hispano sólo había ojitos para la Reconquista de Granada. Eso sí, la reina Isabel I de Castilla le dijo que su idea era muy atractiva y le dejó su número de teléfono para volver a hablar en un futuro. Ojo, que aquí entra en juego un tipo de Toro que la historia ha olvidado completamente y no es otro que Fray Diego de Deza y Tavera, un tipo que había sido nada más y nada menos que obispo de Zamora, obispo de Salamanca, obispo de Jaén, obispo de Palencia, inquisidor general de España y arzobispo de Sevilla. Antes de ostentar ninguno de estos cargos y estando en la escuela de Salamanca, fue el único que vio en Colón a un disruptor. Deza puso en nómina a Colón y éste siempre encontró cobijo en el convento de San Esteban de Salamanca. Tanto es así que, en 1504 y estando ya en horas bajas, Colón escribió varias cartas en las que agradeció la labor de este buen hombre y llegó a afirmar que las Indias pertenecían a los Reyes Católicos gracias a Diego de Deza.

Lo intentó también con Inglaterra, pero estaban con la Guerra de las Dos Rosas entre las casas de York y Lancaster, y en Francia tres cuartos de lo mismo, estaban con la Guerra Loca Francesa en una pelea por regentar al rey jovenzuelo de Carlos VIII, es decir, en ambos casos, disputas de poder.
Así pues, desesperado, se volvió a Portugal. Allí, debieron decir ¡menudo tío pesado! ¡Qué te hemos dicho que tienes mal calculada la distancia! ¡Cierra al salir! Es más, es que encima acababa de llegar al Cabo de Buena Esperanza un tal Bartolomé Díaz, por lo que ellos ya tenían su ruta casi cerrada, sin arriesgar por un oeste totalmente inexplorado. No sería hasta 1497 cuando llegara a la India Vasco da Gama, y lo peor, no sabían que la costa oriental de África era el patio trasero del Islam y que se estaban metiendo en la boca del lobo. Los portugueses también dieron por sentado que entre Portugal y Cipango no había nada, y eso era suponer mucho tratándose de 21.000 km ¡Lo que debió reírse Colón a partir de 1493!
Total, que el 2 de enero de 1492 se reconquista Granada por parte de los Reyes Católicos y allá que se fue el pesado de Colón a vender su proyecto. Y justo ahí comenzaron cien días de negociaciones muy duras. El tipo pedía el 10% de todo, ser virrey, gobernador, la octava parte de futuros negocios, ser juez. Vamos, que le sobró un regate y los reyes le dijeron que no. Llegó a pillarse una pataleta y a marcharse de Granada, pero ahí apareció la figura de Luis de Santángel, digamos que un business angel de los de ahora (le acompañaba hasta el nombre), y finalmente la reina dio el ok con la firma de las Capitulaciones de Santa Fe el 17 de abril de 1492. Total, si no llegaba a las Indias Orientales, la recompensa sería cero patatero y no habría nada que perder.

La leyenda dice que la reina se hipotecó y que se quedó hasta sin joyas, pero la realidad es que Isabel no puso ni una sola moneda de su bolsillo. Entre Santangel y Fray Juan Pérez, le ayudaron a encontrar fondos y a encontrar barcos.
Las dos carabelas y la nao se llamaban la Pinta (que era de un tal Quintero) y que fue comandada por Alonso Pinzón, el Messi de los navegantes de la época en España, un crack. Esta nave siempre fue la primera durante la navegación. La segunda carabela era la Santa Clara, propiedad de los Hermanos Niño, y se rebautizó como la Niña. Y la nao La Gallega era de un cántabro de Santoña, Juan de la Cosa. La nave se construyó en Galicia, pero como Juan vivía en Puerto de Santa María, se rebautizó como eso, la Santa María, y sería comandada por Colón.
Salieron el 3 de agosto de Palos de la Frontera y los navegantes, que se veían yendo por primera vez hacia lo desconocido, debieron decir algo así como “ahí va a ir tu prima”. Tiene pinta que sabotearon la Pinta y se cargaron un mástil, de modo que perdieron casi un mes en canarias para repararlo. Lo mejor que les pudo pasar, ya que evitaron llegar a América en plena época de huracanes. De hecho, el primer huracán que vio Colón fue en el cuarto viaje. Sí, algo de chiripa tuvo. La suerte fue mayor de lo que se piensa y es que, adelantándonos un poco a los hechos, Colón llegó el 21 de octubre de 1492. Sí, no es dislexia, no es que confunda el 12 con el 21 de octubre. La fecha fue el 12 de octubre de 1492 del calendario juliano. Al cambiar al calendario gregoriano en 1582, se mantuvo la celebración el día 12, ya que, si no, habría que reescribir todas las efemérides conocidas, siendo una de ellas el descubrimiento de América, que debería celebrarse el 21 de octubre tras los reajustes de calendarios. Esta avería en el mástil les salvó de llegar a principios de octubre, y siempre nos quedará la duda de qué habría sucedido, pero no es descabellado pensar que hubieran tenido más posibilidades de haberse enfrentado a un huracán, fenómeno que es particularmente peligroso entre finales de septiembre y principios de octubre.
Los navegantes de aquel primer viaje no debían ser ni monjes, ni soldados, ni mujeres, ni traductores. ¿Para qué, se dijeron? Era solo una cata para ver qué se encontraban. El viaje costó 2 millones de maravedíes, es decir, 1,2 millones de euros de los de ahora. Los capitanes cobrarían 35.000 maravedíes, es decir, unos 21.000 €, y los grumetes 8.000 maravedíes, o sea, unos 4.000 €. Como vemos, las cifras eran más de andar por casa. ¡Qué mal ha pagado España siempre, por Dios!
Colón hizo un Excel con las millas que se recorrían cada día y se lo mostraba a la tripulación, pero en paralelo, tenía un Power BI en el que ponía la distancia real, que era bastante superior a la del Excel.
Tuvo varios motines y, de hecho, en octubre se topó con el Mar de los Sargazos, es decir, con el Triángulo de las Bermudas, y apenas se movían por ausencia de vientos. Ahí el crack fue Pinzón, que tras discutir con Colón, consiguió cambiar el rumbo a una latitud diferente y lo clavó. Lo que digo, ¡un crack!

Un último motín sucedido el 10 de octubre hizo que Pinzón le diera un ultimátum a Colón, 24 horas más, y Colón le dijo que sin problemas, que llegarían a tierra. Aquí, hay gente que dice que Colón sabía más de la cuenta, que poseía información privilegiada. Su suegro, Perestrello, fue gobernador en las Azores y hay quien dice que sabía de algunos navegantes que vinieron del oeste. ¿Quizás por eso supo regresar a la primera? De hecho, Bartolomé de las Casas y Mártir de Anglería hablan en 1475 de un tal Alonso Sánchez de Huelva, el prenauta, un tipo que tiene un monumento en Huelva y que dicen que vino de América 17 años antes que Colón.
En fin, que por lo que sea, continuaron y a las 2 de la mañana del 12 de octubre Rodrigo de Triana gritó “¡lumbreeee!”, y es que lo que vio fue fuego de los nativos, nada de tierra. Jamás gritó la palabra ¡tierra! Sí que es cierto que el día antes habían visto pájaros, por lo que la proximidad a la tierra ya la presuponían tras el ultimátum de Pinzón. Habían llegado a Bahammas y la llamaron o bautizaron como San Salvador, vamos, ¡que les vino Dios a ver!
A partir de ahí se dividieron porque Pinzón y Colón no se podían ni ver, y mientras tanto, Alonso Pinzón cogió la sífilis, enfermedad desconocida en Europa. ¡Criatura! ¿Qué haría? El caso es que el 24 de diciembre llegó Colón a la Española (actual Haití) y encalló la Santa María justo cuando volvieron a coincidir con Pinzón. A éste se le debió quedar una cara de risa que le tuvieron que hacer la cirugía estética. Total, que con el barco decidieron hacer un fuerte llamado Navidad y dejaron a unos cuantos hombres que ya no se encontraron allí cuando regresaron en el segundo viaje. ¡Vaya! que los nativos se los cargaron, o se los comieron o vete tú a saber.

La vuelta no fue fácil, ya que en lugar de pillar el omnipresente anticiclón de las Azores, lo que pillaron nada más salir fue una borrasca o una DANA o como se diga ahora. Así, ambos barcos se separaron. El primero en llegar, una vez más, fue Pinzón, y envió un mensajero a los reyes desde Galicia con las buenas nuevas. Algunos creen que los reyes ya no les esperaban, y Alonso Pinzón comenzó a hacer de dircom (director de comunicación) y a apuntarse todos los tantos. Esto enfadó muchísimo a Colón cuando se enteró de todo al llegar a España. ¡Buen rollito!
Días más tarde, Colón llegó a Lisboa. ¡Qué raro! ¿No? ¡Con lo buen navegante que era, va y en lugar de llegar a Cádiz, ¿vas y te presentas en Portugal? Pues sí, debió decirle a Joao II, ¡toma, te lo dije, eso te pasa por no hacerme caso! Colón probablemente desconocía el Tratado de Alcacovas, que básicamente decía que Castilla era para Isabel I y no para su supuesta sobrina, Juana la Beltraneja, y que el eje norte-sur del Atlántico, salvo Canarias, era para Portugal, y claro, Joao II le dijo a Colón que eso que había descubierto era de Portugal y no de Castilla. Total, que se tuvo que meter Roma de por medio con el papa valenciano, Borgia, para que se firmara el Tratado de Tordesillas. Los españoles no querían dar muchas leguas a Portugal, pero finalmente y tras poner 370 leguas sobre el mapa, la reina dijo “sea”, y claro, ¡cagada!, ya que en el año 1500, un tipo llamado Pedro Álvares Cabral descubrió tierra antes de cubrir esas 370 leguas y hoy en día ese algo se llama Brasil, vamos, que por error se les dio la mano y Portugal se tomó el brazo. El rey Fernando le dijo a Colón que para qué narices tuvo que ir a Lisboa a pavonearse. O sea, descubres algo que es la repera y te cae una bronca de tu jefe. ¡Menos mal que esas cosas ya no pasan! ¡Le cayó un buena bronca y con razón!
Y a partir de ahí, Isabel la Católica fue la arquitecta de un imperio, y se podría afirmar que fue el mejor monarca que hemos tenido jamás. España fue la envidia de toda Europa, de todo el mundo.
Y ahora viene lo más raro. Un tipo como Colón, altivo, cabezón, introvertido, va y descubre el Orinoco en el tercer viaje de los cuatro que protagonizó. Colón forzaba en las cartografías una isla como Cuba, que trataba de asemejar al Japón del mapa de Toscanelli, pero un rio como el Orinoco, tan al sur, no podía ser. Claramente era un río de un enorme continente, no de una islita pequeña.
Y para colmo, en el cuarto viaje, los nativos de la actual Panamá le dicen que a unos pocos kilómetros, al oeste, hay otro mar enorme que jamás han podido navegar. ¿Es descabellado pensar que si Colón hubiera afirmado que aquello adonde había llegado, no eran las indias orientales y que se trataba de otro continente y que, por lo tanto, las Capitulaciones de Santa Fe habrían sido papel mojado? Ese contrato tan ventajoso para él, ¿seguiría vigente si Colón decía que aquellas tierras eran un nuevo continente? Los reyes católicos, vamos a ver, tontos no eran.
Al final lo que queda es lo que he comentado al principio, Colón llegó de chiripa y no se enteró ni siquiera de adonde había llegado. ¡Vaya tela! Esto a los británicos no les pasa.
Colón muere en 1506 y desde 1505 ya nadie le consulta nada, ya se ha abierto la Casa de Contratación de Sevilla y ya todo pasa por las manos de Juan Rodríguez Fonseca. Pero insisto, Colón murió en 1506, y ya en 1503, un tal Pedro Mártir de Anglería habla del Nuevo Mundo. Este término lo pasa al latín un tal Américo Vespucio en 1504, y él habla de Mundus Novus. Vespucio viajó con la corona española y trabajaba para unos mentores florentinos a los que describía cosas como que la gente iba desnuda, que había selvas vírgenes, animales de colores, que los nativos hacían el amor a la vista de todos, etc. Esos escritos en una Europa gris, de pestes, de guerras, fueron la bomba y se convirtieron en best sellers más vendidos que las obras de Ken Follet. Total, que esto llegó a oídos de un tal Martin Waldseemüller en 1507 y bautizó un mapa con el nombre de América. Era la ley de la doble “A”, es decir, el nombre de un continente debía empezar y terminar por “A”, y así se escribía Aeuropa (la primera letra era la unión de la “A” y la “E”), Asia, África, y luego sería Australia, Antártida, y por supuesto, América cumplía esa ley, y desde el punto de vista de marketing, el nombre fue un bombazo. Más tarde, este tipo fue consciente de su error y trató de rebautizar el nuevo continente con el nombre de “Terra Incognita” pero ya no se podía hacer nada, puesto que todo el mundo había comprado el nombre de “América”. ¡Qué error más grande! Este continente se debía haber llamado “Colombia”.

Tampoco debemos obviar que ha quedado demostrado que los aborígenes entraron por Bering milenios antes, y que incluso los vikingos llegaron entre 4 y 5 siglos antes, pero descubrir significa, según la RAE, “quitar la cubierta y dar a conocer”, y no hay duda de que quien difundió la existencia de esas tierras fue Colón, y su mejor dircom fue el rey Fernando. Recapitulando, Colón estuvo estudiando este viaje de 1470 a 1484, trató de vender su proyecto a Portugal, Castilla y otras potencias europeas de 1484 a 1492 y finalmente, tuvo unas durísimas negociaciones hasta que en abril de aquel año obtuvo el visto bueno de, sobre todo, Isabel I, en las Capitulaciones de Santa Fe.
Colón murió en 1506, más tarde, la caída de Tenochtitlán fue en 1521, los 13 de la Fama con Pizarro se retrasan a 1526, y también sucedieron al genovés personajes como Magallanes, Elcano, Orellana, Inés Suárez, Cabeza de Vaca, Menéndez de Avilés, etc, y la conclusión es que Colón es genocida, y sus monumentos se vandalizan, destruyen o se retiran. A veces pienso que la humanidad debería ser destruida por su ignorancia, pero bueno, es lo que hay, la condición humana, la envidia o vete tú a saber.
Y ya, para más inri, tras el movimiento Black Lives Matter se ha intensificado el vandalismo contra la figura de Colón, pero bueno, tampoco es tan preocupante la cosa porque este movimiento surgido a partir del asesinato de un joven de color en 2020, ha llegado a derribar monumentos a Junípero Serra, un tipo que enseñaba a leer y a escribir a los nativos, y por supuesto, han vandalizado el monumento a un genocida mayor, un tal Cervantes. En fin, sin palabras. ¡Que se mejoren!

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