Es bastante desconocida la gota que colmó el vaso y que sirvió para expulsar a los judíos de “España” en 1492.

La verdad es que, si uno escribe en Google “expulsión de los judíos” en español o en inglés, lo que el buscador nos arroja es la expulsión de España el 31 de marzo de 1492. Pero no menos cierto es que, mucho antes, se les expulsó de Inglaterra hasta en tres ocasiones en el s. XIII, y también se les expulsó de Francia y de Italia. Está bien, Italia no existía como tal, pero se les expulsó primero del sur de la península itálica, más tarde de la zona de Roma y finalmente del norte. Y posterior a la expulsión de España fue la expulsión de Portugal y también la expulsión de, por ejemplo, Navarra, que no se anexionó a España hasta 1512. Raro es el país actual del este de Europa en el que los judíos no tuvieran problemas o no fueran expulsados en la edad media.

El caso es que, según la famosa Leyenda Negra, los judíos sólo fueron expulsados de España, pero la realidad nos dice que eran el centro de las iras en toda Europa, sin excepciones.

Los judíos, aparte de profesar una fe diferente, eran buenos comerciantes y eso despertaba bastantes envidias.

No muy conocidos son los casos de libelos de sangre de diferentes niños que se hicieron muy famosos entre los siglos XIII y XV.

Expulsiones de los judíos en Europa entre lo s. XII y XVI

En España teníamos a la Santa Inquisición de Torquemada, la cual tenía inquisidores repartidos por toda España. Los dos ayudantes más directos de Torquemada eran Alonso Espina, obispo de Burgos, y Alonso de Cartagena, obispo de Ourense. Estos tenían mucho peligro, ya que habían sido judíos y parece ser que tenían que demostrar que eran más católicos que nadie. El caso es que, Alonso Espina escribió varios libros, y en uno de ellos, titulado “El Infierno”, hablaba sobre un caso que conmocionó a la sociedad del momento. El caso no era otro que el del Santo Niño de la Guardia. De hecho, se le venera a día de hoy en ese pueblo toledano. Esta historia habla de un niño que estaba pidiendo limosna con su madre en la puerta de la Catedral de Toledo, por lo tanto, estamos hablando de un estrato social muy bajo de la sociedad. Por cierto, a día de hoy, en una de las estancias de la Catedral de Toledo hay un dibujo enorme del “Rapto del Santo Niño de La Guardia”. Al niño lo raptaron unos judíos, concretamente Yusif Franco y sus compinches. Todos, junto al niño raptado, se fueron a un pueblo llamado La Guardia, en plena Mesa de Ocaña, en la actual provincia de Toledo. Allí crucificaron al niño, lo asesinaron, le extirparon el corazón y con él hicieron ritos en contra de la inquisición que con tanto celo les perseguía. Finalmente, cogieron a estos judíos en el año 1489, pero importante es señalar que jamás hubo cuerpo del niño o cuerpo del delito. El juicio tuvo lugar en la Plaza de Ávila en noviembre de 1491. No sé si desde entonces los juzgados españoles llevan ya dos años de retraso. El caso es que el juicio fue un auto de fe en toda regla, delante de Alonso Espina y, sobre todo, delante de Torquemada. Finalmente, se los condenó a la hoguera. Esta historia fue narrada por los juglares de pueblo en pueblo, de mercado en mercado, de ciudad en ciudad, e insisto, conmocionó a la sociedad de la época y la conclusión por parte de Torquemada fue que, había que hacer lo mismo que en otras latitudes, es decir, expulsar a los judíos de España.

Cuidado, la historia escrita por Alonso Espina parece dura, pero lo curioso es que ya había ocurrido dos veces antes, y es que hubo dos historias exactamente iguales en el pasado, calcadas a la del Santo Niño de La Guardia. Una fue la de Santo Dominguito del Val en Zaragoza y la otra fue la del Niño de Sepúlveda en Segovia. Y alguien dirá, ¡jo, es que en España hubo tres casos! Pues no, el caso original fue el de William de Norwich, Inglaterra, s. XIII, y tuvo una secuela que fue la de Hugh de Lincoln, también en Inglaterra, en el s. XIII. De hecho, y como ya hemos indicado anteriormente, en Inglaterra se expulsó a los judíos tres veces en dicho siglo. Pero es que hubo más casos en otros países, como Simón de Trento en Italia, Werner el Niño del Valle del Rhin en la actual Alemania, Richard de Portoise en Francia, el Niño del rio Lauter en Alsacia, Tomás de Cantimpré en Flandes, Rudolph de Suiza, Andreas de Tirol y más casos, innumerables, en países como Hungría, Eslovaquia, Grecia, Polonia y hasta Rusia. Es decir, a los judíos se les tenía manía en toda Europa, y lo más importante, el concepto de las fake news no existía, pero ya se practicaba, y Alonso Espina era el p… amo de las fake news.

Expulsión de los judíos el 31 de marzo de 1492

Así pues, había que echar a los judíos y el marrón le tocaba gestionarlo al rey Fernando. Claro, uno de los mejores amigos del rey era un tal Isaac Abrabanel, un judío que le había financiado todas sus empresas, entre ellas, la Reconquista de Granada. ¿Y ahora vas y me echas? ¿Con mi dinero? ¡Amosnomejodas! Entonces, el rey decidió hacer algo que hacen mucho nuestros políticos actuales que, es moverse sin moverse, es decir, dejar enfriar la cosa para ver si así había suerte y el asunto se olvidaba hasta no tener que ejecutar el lanzamiento. Cuando se percató de la jugada, Torquemada se puso muy furibundo, casi en modo “sujétame el cubata” y se fue a por el rey. Imaginémonos una banda sonora de Hans Zimmer, a Tom Hanks en el papel del rey Fernando y a Russell Crowe en el papel de Torquemada. Éste entró en los aposentos del rey y le arrojó un crucifijo a su cara, y además le gritó literalmente: “Judas vendió y traicionó a Nuestro Señor Jesucristo por treinta monedas de plata y tú lo vas a hacer nuevamente por treinta mil! Se giró, y ahí lo dejó, como diciendo, ¡reflexiona! Como si le dijera ¡tío, no te enteras, obedece! Un tipo del que apenas sabemos nada, bueno sí, que sus abuelos habían sido judíos. Un tipo que se elevó ante Fernando el Católico para cantarle las cuarenta a todo un rey y ordenarle casi lo que debía de hacer. Y así se expulsó a los judíos en España. Al rey no le quedó más remedio, mejor dicho, a los reyes no les quedó más remedio.

Se calcula que había en España entre 200.000 y 300.000 judíos, de modo que, salieron del país el 10%, es decir, entre 20.000 y 30.000, más o menos. El resto se quedó en España a condición de convertirse al cristianismo. Pero muchos seguían practicando el judaísmo. Es por ello que se les empezó a llamar “marras”. La palabra “marra” significa “fallo” en latín. Pero en lugar de llamarles “marras”, ya había cierto humor socarrón y lo que les llamó fue “marranos”. Y para evitar ser llamados “marranos”, los judíos se cambiaron los apellidos que, por otra parte, eran muy característicos, de modo que, como apellidos adoptaron bien, o el nombre del pueblo o ciudad en el que vivían o del que procedían, o bien su profesión. Si alguien tiene un apellido con estas características, no al 100%, pero hay muchas posibilidades de que sea de origen judío. Como información adicional, yo, que he realizado mi propio árbol genealógico, diré que el 25% de los apellidos que he recopilado son de origen judío.

Santo Niño de la Guardia, Toledo

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