Miope y con cojera por haber nacido con una malformación en los pies, no pudo ser militar, pero sí espía. Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Ceballos, más conocido como Quevedo, además de escritor, fue diplomático en la corte. Trabajó para el III duque de Osuna, Pedro Téllez-Girón y Velasco, conocido como Pedro el Grande, el virrey de Nápoles y caballero del Toisón de Oro. Era cuando la monarquía Hispánica tenía Nápoles, Sicilia, Cerdeña y el Milanesado.

Pedro Téllez-Girón y Velasco, III duque de Osuna, II marqués de Peñafiel, VII conde de Ureña, Señor de Olvera, caballero del Toisón de Oro, virrey y capitán general de los reinos de Sicilia y de Nápoles

La Serenísima República de Venecia rivalizaba con España por acaparar el comercio en el Mediterráneo, pero al estar los turcos de por medio, firmaron la paz con Felipe III. Giovanni Bembo, héroe de Lepanto, subió al poder en 1615 como 92º dux de Venecia, mientras el duque de Osuna, a espaldas de Felipe III, fomentó la piratería en contra de Venecia para tratar de aumentar su influencia en la zona, pero Venecia hizo lo propio pagando a corsarios franceses que actuaban en contra de España.

Giovanni Bembo, 92º dux de Venecia

Poco a poco, Venecia fue perdiendo poder y el 19 de mayo de 1618 sus canales aparecieron llenos de cadáveres y cuerpos colgados en las calles, siendo, muchos de ellos, corsarios franceses. Esa fecha era fiesta para los venecianos, la “Festa della Sensa”. En ella, el dux, a bordo del Bucintoro (el Falcon de los barcos), soltaba un anillo en el mar en aras de la unión de la república con el mar (el papa Alejandro III había regalado un anillo al dux Sebastián Ziani en 1177). Ese día de 1618 se hizo una caza de brujas en contra de los extranjeros, matando a 300 personas. Quevedo, experto en fake news contra Bembo, debía desestabilizarle para que luego entrara España a poner orden, pero ese día huyó con más miedo que Piqué entrando en Spotify. Disfrazado de mendigo, cojo y encorvado, no lo tuvo difícil, la verdad. Esta conjura veneciana tenía como argumento que España pretendía dar un golpe de estado para anexionarse la república. También se conoce como Conjura de Bedmar, el título que tenía el embajador en la ciudad, el marqués de Bedmar, amigo personal del duque de Osuna. Jamás hubo pruebas.

Alonso de la Cueva y Benavides, marqués de Bedmar. Más tarde fue cardenal.

Lo curioso es que todos cayeron en desgracia. Quevedo, caballero de la Orden de Santiago, terminó malviviendo en Madrid después de este episodio, hasta que Felipe IV lo nombró secretario real en 1632. Y el duque de Osuna vino a España a desmentir que quisiera independizarse (ese fue el bulo que lanzaron los napolitanos), pero el tonto de Felipe III se murió de protocolo y su sobrino, el conde-duque de Olivares, el ya valido de Felipe IV, encerró en el castillo de Barajas a este héroe nacional que jamás había perdido una batalla. Murió allí. Así pagaba España a sus héroes. Menos mal que esas cosas ya no pasan. Tras su muerte, su flota entró en decadencia.

Aunque esto alimentó la leyenda negra, se cree que esto fue un autogolpe de Venecia para quitarse de en medio a España.

Bucintoro, Venecia

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