El último Austria, Carlos II, un tipo fruto de la endogamia practicada por su estirpe durante generaciones, padeció de problemas físicos, enfermedades y esterilidad, y murió sin descendencia después de haber tenido dos esposas, María Luisa de Orleans y Mariana de Neoburgo. Dicen que fue un mal rey, pero lo cierto es que su valido, el Conde de Oropesa, dejó un imperio con superávit.

En su testamento señaló que quien debía sucederle era Felipe de Anjou, nieto de María Teresa de Austria, hija de Felipe IV. Un rey francés uniría a dos potencias, España y Francia. Al enterarse, Carlos de Habsburgo se postuló como pretendiente. Era hijo de Leopoldo, el rey del Sacro Imperio Romano Germánico, y nieto de Ana María de Austria, hija de Felipe III y hermana de Felipe IV.

Carlos II

Este enfrentamiento supuso una guerra de sucesión de España y Francia contra la Gran Alianza formada por el Sacro Imperio Romano Germánico, Gran Bretaña, la República Holandesa, Pro-Habsburgo España, Prusia, Saboya y Portugal.

Felipe fue proclamado rey en el Palacio de Versalles de Paris dos semanas después de morir Carlos II, y fue reconocido por Castilla, Aragón, Nápoles y Flandes pese a padecer neurosis maniaco-depresiva. El menda, medio zumbado, tenía trastorno bipolar, pesadillas, astenias e hipocondría. Tenía alucinaciones y llegó hasta creer ser una rana. No quiso ser rey desde un inicio y se comió 45 años en el trono, el reinado más largo de la historia de España.

Pero ante la juventud del nuevo rey, quien realmente tomaba las decisiones era el rey Sol, su abuelo, un tal Luis XIV muy interesado en los virreinatos españoles. Lo tenía todo más planificado que la canción de Shakira.

Más tarde, el Parlamento de París ratificó los derechos de Felipe de Anjou para, también, ser rey de Francia, es decir, España y Francia podrían ser un solo país, o sea, la repera. Ante ese temor, Inglaterra, Flandes y Austria ayudaron a coronarse al archiduque Carlos como Carlos III, pero sin el apoyo de España o, mejor dicho, Castilla no le apoyó, pero sí Aragón, que se puso de parte de Carlos, el cual desembarcó en Barcelona para que le proclamaran rey en las cortes de Barcelona y Valencia. También pasó por Madrid, pero sin recibir un gran entusiasmo.

Felipe V

No muy lejos se repetía la película, y es que José I, el hermano de Carlos, murió sin descendencia en 1711. Así, Carlos heredó su trono y si, además, ganaba en España, se uniría nuevamente al sacro imperio y sería toda una potencia.

Pasase lo que pasase, el resultado sería la formación de una gran potencia.

Con la firma del Tratado de Utrecht en 1713 gracias a las negociaciones de Luis XIV con Ana de Inglaterra, España cedió Gibraltar y Menorca a Inglaterra, debiendo Felipe V poner fin a su derecho a la corona francesa. Inglaterra, además, obtuvo derechos comerciales en América que no tenía antes. Austria se quedó con Nápoles, Flandes, Cerdeña y el Milanesado y el duque de Saboya se quedó con Sicilia.

Con los decretos de nueva planta, Felipe V reorganizó el territorio al modo francés y se abolieron los fueros, a lo cual se opuso Aragón, Barcelona y Mallorca, y así, Felipe V ordenó el asedio a la ciudad y más tarde hizo lo mismo en Mallorca en 1714, dando fin así a la guerra. De este modo, España ganó la paz, pero lo cierto es que la firma de aquella paz le trajo pérdidas se mirara por donde se mirara y es que, España perdió por todas partes a cambio de tener a un Borbón como rey. La gran pregunta es: ¿qué habría pasado si el vencedor hubiera sido el archiduque Carlos? Siendo los negociadores quienes eran, me temo que el resultado habría sido similar, pero eso nunca lo sabremos.

Archiduque Carlos

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