Francisco Jiménez de Cisneros, cuyo nombre de pila era Gonzalo, fue el primer estadista del renacimiento, sin duda. Impulsado por el cardenal Mendoza, este franciscano madrileño de Torrelaguna saltó a la vida pública en 1492, ya cuando tenía 56 años, y es que fue entonces cuando le nombraron confesor de nada más y nada menos que de Isabel la Católica. A la muerte de Mendoza en 1495, la reina no dudó en hacerle arzobispo primado de Toledo, es decir, este menda comenzó a hacerse famoso una vez era ya sexagenario. Aceptó el cargo a cambio de dos condiciones, no dejar sus hábitos conventuales y no residir jamás en la corte.
En 1501 fundó lo que hoy conocemos como Universidad Complutense, ubicada en la ciudad de Alcalá de Henares. Esta universidad será el modelo de las universidades que más tarde se abrirían en América. La actual Universidad de Alcalá, con su paraninfo a la cabeza, fue declarada patrimonio de la humanidad por la UNESCO y en ella se entrega el premio Cervantes. En esta institución fundada por Cisneros se han formado tipos como Antonio de Nebrija, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Tirso de Molina, María de Guzmán, Ignacio de Loyola, San Juan de la Cruz, Domingo de Soto o Calderón de la Barca. El estilo de la edificación aúna lo mejor de los estilos renacentista y mudéjar y es conocido como estilo Cisneros. Curioso es que haya políticos a día de hoy que, protesten y se desnuden en el interior de la capilla de la Complutense reclamando la eliminación de los espacios católicos en una universidad fundada por católicos.
Pero si Cisneros es recordado por algo, es por ser un gran estadista. Fue uno de los ministros principales de los Reyes Católicos, hasta el punto de ser quien convertiría al cristianismo a los mudéjares del reino de Granada y por ser el que cogería el mando de la evangelización del Nuevo Mundo. Visto con la mirada de hoy parece fácil, pero nada más lejano de la realidad. Muerto el príncipe Miguel, muerta la reina Isabel y muerto el egoísta de Felipe el Hermoso, un menda que quería entablar relaciones con Francia para desmantelar el reino de Aragón, la figura de Cisneros adquirió una relevancia sobresaliente.

Los franceses, ante el giro que experimentó la política gracias a él, denominan a día de hoy a su cardenal Richelieu como el «Cisneros francés». No encontramos una figura como la suya en aquel comienzo del renacimiento en toda la cristiandad.
Cisneros fue el que le amargó la vida de verdad a la reina Juana I, ya que le ofreció la regencia al rey Fernando y estableció una línea de continuidad en un momento en el que, tras tanta muerte acaecida en la corona, parecía que todo iba a romperse y a saltar por los aires. No es casualidad, por tanto, que Cisneros llegara a ser regente de Castilla hasta en dos ocasiones. Fue el precursor de que el rey Carlos I acaparara coronas para ser lo que finalmente fue, rey de casi todo.
Cisneros fue quien pensó en lo público representado por la corona frente a lo privado representado por la nobleza. Seguramente, de haber tenido que elegir, habría pensado en el reino antes que en el rey, y quizás por ello y aunque muchos le culpen del cautiverio de Juana, él consideró que el futuro de una “España” bajo el reinado de Carlos era mejor que el de una Castilla bajo el gobierno de Juana. Como estadista, antepuso la unidad antes que la fragmentación.
Aunque fue el inquisidor general en su época, esta inquisición franciscana nada tuvo que ver con la inquisición dominica de, por ejemplo, Tomás de Torquemada. Este tipo reformó el clero para proporcionarles una mayor formación, y Alejandro VI, nuestro papa Borgia, es quien le apoyó en esta reforma eclesiástica. Su reforma se adelantó a la de Lutero, que más que una reforma fue un auténtico cisma. Amigo de la ciencia, y admirador de Erasmo de Rotterdam, creó universidades porque consideraba que la ciencia y la religión no tenían por qué estar reñidas. Incluso, publicó la Biblia Políglota Complutense, que se elaboró entre 1514 y 1517, recurriendo a judíos para traducir la Biblia al hebreo. Esta obra es considerada la mejor obra del renacimiento español.
Murió en 1517 en Roa (Burgos), a los 81 años de edad, justo cuando acudía a recibir a un joven Carlos I de España y V de Alemania, el menda al que le había hecho la cobertura antes de su llegada a la regencia de Castilla, mientras la pobre Juana permanecía encerrada en Tordesillas. Fue enterrado en el Colegio de San Ildefonso de la Universidad de Alcalá de Henares.
Cisneros, bachiller en leyes, fue un fuera de serie en un momento en el que España dispuso de muchos fuera de serie a todos los niveles, como lo fueron la reina Isabel, Cristóbal Colón o el Gran Capitán. España siempre le obedeció como a un rey.

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Tus relatos, me están haciendo interesarme por las historia a mis 75 años.
Gracias
Un placer José María. Muchísimas gracias a ti!!!! Un abrazo!!