Hubo una vez, en la actual Ciudad Real, dos castillos que se miraban pero que no se tragaban. En el lado cristiano del s. XII teníamos a Nuño de Lara, que dio uso al castillo de Calatrava la Nueva con otro nombre por aquel entonces, el castillo de Dueñas, un castillo que terminaría siendo gestionado por la Orden de Calatrava. Enfrente y luciendo la media luna, teníamos la fortaleza musulmana del s. IX, el conocido hoy como castillo de Salvatierra y que ha llegado en peores condiciones a la actualidad. Aquello fue una frontera como la del paralelo 38 entre las dos Coreas. Siempre se miraron a cara de perro.

Los recursos de la zona eran fuente de riqueza y, además, se trataba de unas tierras regadas por los ríos Jabalón y Ojailén. Esta zona del Campo de Calatrava era el acceso natural hacia la Meseta Sur y hacia el vale del Guadalquivir, siendo lugar de tránsito obligado si se quería acceder hacia los recursos que ofrecía Sierra Morena.
El Sacro Convento y Castillo de Calatrava la Nueva se sitúa al sur de Aldea del Rey. En lo alto de este cerro nos encontramos con eso, con un convento, una iglesia cisterciense y un castillo. Su máximo esplendor llegó, naturalmente, con la victoria en Navas de Tolosa en 1212. Este cerro, repleto de cuarcitas, adquiere más belleza si contamos que junto a estas edificaciones tenemos un conjunto de tres murallas que protegían esta “apacible” zona del interior peninsular.

En Calzada de Calatrava se encuentra el castillo de Salvatierra, que fue una importantísima fortaleza musulmana. La frontera se desplazó al sur hasta el valle del Guadiana y este castillo fue la primera línea de choque frente a los cristianos, liderados por la ya mencionada Orden de Calatrava en pleno s. XII. El castillo fue tomado por los calatravos, pero el desastre vino por parte de Alfonso VIII tras la durísima derrota acaecida en la batalla de Alarcos en 1195 a manos de los almohades, liderados por el califa Abu Yaqub Yusuf al-Mansur. Por cierto, este fue el menda que hizo concluir el alminar de la mezquita de Sevilla, es decir, lo que constituye el cuerpo principal de la Giralda…para que nos entendamos.

Tras esta derrota, los musulmanes se hicieron con ambos castillos y frenaron la reconquista unos cuantos años, 17 exactamente. Mientras tanto, Castilla se desestabilizó y los almohades sembraron el terror por Extremadura, la Mancha y sobre todo, por las cercanías de Toledo, que en aquel tiempo era la punta de lanza de los cristianos.
En 1198, en una operación audaz del maestre Martín Pérez, los calatravos, compuestos por 400 caballeros y 700 hombres, se hicieron con el castillo de Salvatierra, siendo una isla rodeada de musulmanes hasta el año 1211. La venganza llegó solo un año más tarde con las Navas de Tolosa y el famoso “ataque de los tres reyes”, Alfonso VIII de Castilla, Sancho VII de Navarra y Pedro II de Aragón.
Dos castillos separados por apenas dos kilómetros de distancia y que produjeron tal cantidad de enfrentamientos durante tantos años que, hasta el contrato de Jordi Hurtado se queda corto. Dos castillos que quedarían en el olvido para entrar en un estado ruinoso tras la famosa desamortización del dictador Juan Álvarez Mendizábal en 1836.

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He vuelto a leerlo, pues tengo una memoria desastrosa, y me he enseñado mucho. GRACIAS, por escribir la historia, así de agradable de leer