¿Y si te digo que has hablado mil veces de fray Gabriel José López y Téllez y una frase relacionada con él la has dicho otras tantas si saber de su procedencia? Pues sí, así es. Este madrileño de 1579, escritor e historiador, se sintió cautivado cuando hizo turismo por la Siberia Española, es decir, por Molina de Aragón. El tipo era follower en Tik Tok de San Tirso de Amasía y es por ello que se autodenominó Tirso de Molina.

Tirso de Molina

El menda desarrolló el teatro barroco de tal manera que, escribió hasta 80 obras teatrales, siendo uno de los autores más prolíficos del siglo de oro español. Además, escribió poesía, novelas, etc.

Si es recordado por algo es porque llevó al teatro por primera vez la famosa leyenda del famoso Don Juan gracias a su obra “El burlador de Sevilla y el convidado de piedra” y ojo que, este don Juan no es el mismo Tenorio que el de un tal Zorrilla. La leyenda procedía de la edad media en Europa y versaba sobre un playboy, seductor y libertino que era más guapo que un tractor recién pintao. El tal don Juan desafiaba las normas sociales y religiosas, seducía a las féminas, burlaba a la justicia y desafiaba a la muerte y siempre con éxito. Estamos hablando de un menda arrogante que buscaba el placer y satisfacción personal sin importar las consecuencias de sus actos. Lo dicho, esa especie de Leonardo di Caprio llegó a escena por primera vez con nuestro Tirso de Molina.

Además, Tirso fue un fiel cristiano y miembro de la orden Mercedaria. Esta orden construyó un convento de forma triangular en las afueras de Madrid en 1564. Ese convento de Nuestra Señora de la Merced fue destruido por la desamortización del dictador Mendizábal en 1836 y unos años más tarde, en esa plaza se levantó un teatro que quería llevar la cultura a un barrio muy humilde. La gente dijo que llegaba el progreso por fin a esa zona sur de la ciudad y es por ello que, la plaza cambio su nombre de la Merced por el del Progreso. El Teatro del Progreso, levantado en 1853, estrenó la Verbena de la Paloma. En esta plaza con estrecha relación con la cultura, tuvo su estudio un tal Sorolla y su vivienda los hermanos Bécquer (Gustavo y Valeriano). Incluso se hizo una estación de metro en 1920, época en la que se denominó de Tirso de Molina en honor a este mercedario confeso.

Monumento a Tirso de Molina en la plaza que lleva su nombre en Madrid. Es de 1843 y es obra de Rafael Vela del Castillo

Pues bien, cuando se construyó el metro, oh sorpresa, aparecieron las tumbas de 200 monjes del convento y ahí siguen detrás de la paredes de los andenes de una de las estaciones más bonitas de Madrid.

Como anécdota decir que, el antiguo convento estaba encajonado en unas calles muy estrechas. Un buen día y rezando el rosario al amanecer, coincidieron de frente en estas estrechas callejuelas dos hermandades en procesión, siendo una de ellas la del Rosario de la Aurora que salía desde la capilla de la Aurora de la iglesia de San Francisco el Grande. Ambas cofradías acabaron a farolazos por no ceder el paso y de ahí que, ahora, cuando algo termina en desbandada descompuesta y tumultuaria de los asistentes por falta de acuerdo, es decir, a mamporros, decimos que se acaba como el Rosario de la Aurora. En Espera (Cádiz), por cierto, tienen otra teoría parecida.

Plaza de Tirso de Molina en Madrid

Descubre más desde Relatos de la Historia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Categorizado en: