Aprovechando que España debe pedir perdón sin discusión, sí o sí, por su pasado histórico, me voy a tomar la licencia de hablar sobre una mujer que ni los más puristas conocen.
Catalina de Bustamante fue una española de ese s. XVI tan horrendo por el que todo español debe avergonzarse y que, oh sorpresa, fue la primera maestra de América. Sí, una malvada española de la terrible Extremadura, tierra de conquistadores, nacida en el año 1490 y que anduvo por la tierra de la mexicana Texoco.
El 5 de mayo de 1514 partió con sus dos hijas y con su marido, Pedro Tinoco, desde Sanlúcar de Barrameda destino Santo Domingo. Una vez falleció su marido, decidió ayudar como maestra de hijas de hidalgos y caciques de la zona, pero sintió especial compasión por las niñas indígenas, las grandes olvidadas de la película para aquellos menesteres de la formación y buscó la colaboración de otro gran malvado de nuestra historia, un fraile franciscano llamado Fray Toribio de Benavente. Este menda la ayudó a cumplir su sueño de ser maestra de niñas indígenas. Ella, malvada católica, les enseñó a escribir y a leer aprovechando que quería enseñarles religión, pero no cualquier religión, sino la fe cristiana. Con esta formación, las elevó ante abusos de poder (menos mal que esas cosas ya no pasan) y las enseñó a defender su dignidad y las empoderó, un verbo, por cierto, que parece haber sido inventado en el s. XXI.
Un regidor se encaprichó de dos niñas indígenas y ante tal injusticia, Catalina, gracias al obispo Zumárraga, le hizo llegar una carta al mismísimo emperador Carlos I. Su esposa, Isabel de Portugal, una reina malvada, se interesó por el tema y ayudó para que, a partir de ese momento, esos excesos fueran perseguidos oficialmente. Es por ello que, le envió maestras a la propia Catalina para que la ayudaran con la formación de este sector poblacional un tanto discriminado.
Esta tipa de la que nadie se acuerda actualmente, ni siquiera en un 8 de marzo, sentó las bases de la educación en América cuando a Harvard ni se la conocía ni se la esperaba. Esta señora desafió las desigualdades de género a comienzos del s. XVI para ampliar las oportunidades de niñas y también de niños y trató de minimizar las diferencias en aquel entonces. Formó a 4.000 mujeres. Según un ejercicio hecho con IA a través de Chat GPT de mi gran amigo Bernardo Crespo (Director del Programa de Dirección de Transformación Digital del IE), si tomásemos como supuesto que esta señora impactó positivamente en una horquilla de entre 20 y 100 personas, y si realizáramos una proyección demográfica desde el año 1520 al año 2020 manteniendo un impacto positivo en cada una de las generaciones a modo de cadena de favores, nos daremos cuenta de que esta extremeña ha impactado en una población que oscila entre los 8 y los 39 millones de personas.
Esta dirección que tomo el sector educativo en pleno s. XVI desembocó en una ristra de universidades por toda América, de norte a sur, que impartieron enseñanza tanto en español como en las lenguas indígenas. Ojo que, esto no lo hicieron ni ingleses, ni franceses, ni holandeses, ni nadie, solo los malvados españoles. Y sí, la primera impresora no llegó en el s. XVII a la América anglosajona, sino en el s. XVI a Nueva España, es decir, al actual México. Que no se te olvide su nombre, Catalina de Bustamante, de Llerena, provincia de Badajoz.

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Me ha encantado como cuentas está parte de nuestra historia y, efectivamente, no sabía nada de ella, y es una pena no se publiquen en la prensa.
Gracias por ilustrarme. Cómo siempre
Hola! Justo he leido lo que dice wikipedia sobre esta mujer antes de leer tu post. Directamente la llaman proxeneta. ¿Qué hay de cierto en ese asunto? Dejo el enlace al articulo en wikipedia, por si alguien sabe más y quiere añadir o corregir algo:
https://es.wikipedia.org/wiki/Catalina_Bustamante#:~:text=Catalina%20Bustamante%20(Llerena%2C%20siglo%20XV,la%20conquista%20del%20Imperio%20Azteca.
Hola Eva. Aunque hay posiciones encontradas, esta mujer se hizo cargo de niñas y mujeres que quedaron embarazadas antes, incluso, de conocer su escuela, lo cual resultó incómodo para determinados roles demasiado encorsetados como lo eran la Iglesia de aquel entonces y la posición de españoles que vieron en América un escenario en el cual campar a sus anchas, lejos de la lupa con la que se vivía en la península. Un saludo.