Poco se sabe acerca de que el primer blanco en identificar y ver las Fuentes del Nilo fue un tal Pedro Páez, madrileño, de Olmeda de las Fuentes, el 21 de abril de 1618, y no James Bruce de Kinnaird, que llegó 150 años más tarde adjudicándose todos los honores.

Estas fuentes eran las que quisieron conocer Alejandro Magno, Julio César o Herodoto cuando pasaron por Egipto. Desde Jartum, el Nilo se divide en Blanco (sus fuentes las descubrió en el s.XIX John H. Speke) y Azul, descubiertas por un español.

Pedro Páez

Pedro Páez estudió en las universidades de Belmonte, Alcalá y Coimbra, y sabía hablar varios idiomas. Era la época en la que Portugal y España estaban bajo el poder de Felipe III, y por lo tanto, las colonias portuguesas lo eran también de España. Pedro fue un jesuita que fue destino a Goa (India). Al saber de la necesidad de un reemplazo en Etiopía, se embarcó junto a Antonio de Montserrat y 3 jesuitas más camino de Omán en 1588. Pero fueron primero secuestrados por piratas y luego vendidos a un comerciante de esclavos turco con el que padecieron malaria. Tras una tormenta perdieron sus turbantes y al descubrir que eran cristianos les acusaron de espías. Les llevaron ante el jeque de Yemen y es por ello que también fue el primer europeo en atravesar en las peores condiciones y a pie los desiertos de Hadramaut (su nombre significa recinto mortal) y Rub al-Jali de la península Arábiga. Ningún occidental volvería aquí hasta 1931. Estuvo como galeote, es decir, en galeras, hasta que su ausencia llegó a oídos de la Corona y Felipe II pagó su rescate en 1595.

En 1603 decidió insistir y esta vez zarpó solo, llegando por fin a Etiopía. Allí convirtió al cristianismo al emperador Da Zengel, y posteriormente a su sucesor Suisinos Segued III. Este le dio a probar una extraña bebida, siendo así el primer europeo en probar el café. En cierta visita que Pedro Páez hizo a uno de los territorios bajo el mando de Suisinos es cuando descubrió las Fuentes del Nilo Azul, cerca del Lago Tana. Él no era explorador, pero su formación le permitió reconocer un hecho tan importante que así lo dejó reflejado en su obra de 1.100 páginas «Historia de Etiopia». Se hicieron 2 copias, una conservada en Portugal, y editada sin mucho éxito durante la 2ª Guerra Mundial y otra en el Vaticano. Es alucinante, pero su obra se ha publicado y dado a conocer en España en 2014, es decir, antes de ayer.

Río Nilo

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