Hay partes de la historia que siempre han interesado que no se sepan, pero lo cierto es que, aunque tapadas, no dejan de ser menos ciertas.
En lo peor de la guerra civil y con un bando nacional apretando más que nunca, los republicanos tuvieron una de esas ideas que a día de hoy desconoce la mayoría de la gente, el intento de vender las islas Baleares a cambio de beneficio militar, o mejor dicho, del no apoyo militar al bando contrario. Cuidado, no solo las Baleares, ya que entre las opciones también estaban las Canarias y el norte de África, pero en aras de decir la verdad, ninguno de estos proyectos llegó a materializarse.
En marzo de 1937, en Mónaco, el republicano José Chapiro se sentó a negociar la retirada italiana del conflicto con un espía fascista de Mussolini. De fondo, 100 millones de $ a pagar como compensación de guerra y la entrega de las Baleares para ser colonizadas por 100.000 italianos.

Ante el lavado de manos de Francia e Inglaterra con el tema guerracivilista español, la República lo intentó en negativo, es decir, conseguir que los apoyos de Franco se dieran media vuelta. Otros historiadores apuntan a que este no fue el único caso, y es que en consejo de ministros se llegó a ofrecer Canarias al propio Hitler con el mismo fin, es decir, que se retiraran. Estos historiadores son la anarquista y ministra de Sanidad de la 2ª República, Federica Montseny, y el británico Burnett Bollotten. En el colmo de la desesperación, se llegó a ofrecer tanto Baleares a italianos como Canarias a alemanes. Lo que no sabían entonces los republicanos es que los alemanes iban a colonizar Canarias de todas maneras y más por lo civil que por lo criminal.

Alemania se llegó a reunir hasta en tres ocasiones a través del director del Reichsbank, un tal Hjalmar Schacht. Al destituir a Largo Caballero en mayo de 1937, la propuesta no tuvo mayor recorrido. ¡Menos mal!
Italia, con la mosca detrás de la oreja, comenzó a hacer lo que ya había hecho en Túnez, que fue comprar fincas en Baleares para pretender una penetración social y cultural que no tuvo mayores consecuencias. Las fincas compradas no eran cualquier cosa, midiendo una de ellas 18 km2 y teniendo 5 km de costa, figurando como comprador el espía italiano Carlo de Re. Para salvar la propia ley republicana, que obligaba a una autorización en este tipo de compras, al día siguiente de la compra italiana y para camuflar el movimiento, apareció como propietaria oficial la empresa Celulosa Hispánica S.A..
En fin, que en estas guerras no siempre podemos hablar de blanco y negro, sino que normalmente hay grises y a veces, esos grises son muy oscuros.

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