Hay quien, al hablar de la Guerra Civil, se centra en lo acaecido en 1936, pero la verdad, el clima de guerra se coció a fuego lento desde unos años antes y las consecuencias fueron horribles, con una población enfrentada a partes iguales, con ajustes de cuentas por doquier y con hermanos disparándose desde ambos bandos en aras de unas ideologías que jamás se preocuparon por las poblaciones a las que se supone querían defender.

En 1923, con un norte de África que desangraba a España en vidas humanas y en pasta, llegó el golpe de estado de Miguel Primo de Rivera. No deja de haber sospechas sobre que, el cerebro de aquel golpe de estado, fue el propio Alfonso XIII, un rey interesado en aplacar a una población que, como reciente fondo histórico, tenía a la revolución rusa y a la huelga de Barcelona.  Además, y por añadir leña al fuego, estaba también el famoso desastre de Annual, en plena guerra del Rif, ocurrido un par de años antes, y que había aumentado la presión sobre la monarquía borbónica, de forma que, el golpe de estado, no se hizo esperar en modo de manotazo en la mesa.

Miguel Primo de Rivera

Tras aquella dictadura, llegó en 1930 la denominada “dictablanda” del general Berenguer, ya con un norte de África algo más relajado tras la victoria en Alhucemas en 1925. Aun así, la tensión social se partía con un cuchillo.

Mano dura o mano blanda, la izquierda estaba que trinaba y así llegamos a 1930, un año que casi terminando nos trajo el golpe de Jaca. Se proclamó la república en aquella fría ciudad y días más tarde se abolió la sublevación fusilando a los golpistas Fermín Galán y Ángel García. Meses más tarde, se les reconocerá como mártires y a los sublevados de 1930 se les dedicarían calles, colegios, etc, pero lo cierto es que, su sublevación costó algunas vidas humanas en aquel diciembre de 1930.

Fermín Galán y Ángel García

Con este clima se llegó al año 1931. Era año de elecciones, y el inútil del Conde de Romanones decidió que, era buena idea hacer unas elecciones municipales antes que unas generales. Esto se lo echará en cara la derecha de por vida. Si entendemos como golpe de estado un cambio de sistema que no se produce por medio de las urnas, en 1931 se produjo eso, un cambio de gobierno a través de unas elecciones municipales, cuyo fin no era ese precisamente. Muchos aseguran que no, que no fue un golpe de estado porque hubo urnas de por medio, pero lo cierto es que jamás se votó un cambio de régimen. Y esto, no significa que yo, particularmente, defienda o no un régimen u otro.

En febrero de 1931 los resultados fueron muy ajustados, pero básicamente, en las capitales de provincia ganaron las candidaturas de partidos republicanos. Concretamente ganaron en 41 de 50 capitales de provincia, si bien, de esas 41 capitales, en 3 de ellas ganaron partidos nacionalistas. En el medio rural el resultado fue diferente y en el global, los resultados fueron muy ajustados. La realidad inapelable es que ganaron más concejales los republicanos que los monárquicos. Y se encendió la mecha.

Con este resultado, la izquierda se vino arriba, y por parte de la derecha, la presión hacia el rey aumentó, de modo que Alfonso XIII abandonó el Palacio Real por una ventana con nocturnidad y alevosía. La presión en la capital fue muy grande y a ello colaboraron la desidia de la Guardia Civil, y la de tipos como Sanjurjo y el propio Conde de Romanones. ¿Habría sido lo mismo si las primeras elecciones convocadas hubiesen sido generales? Pues hay quien tiene sus dudas. Eso no lo sabremos nunca, pero el caso es que el resultado fue que, primero en Eibar, luego en Vigo y finalmente en Madrid, concretamente el 14 de abril de 1931, se proclamó la 2ª República.

Proclamación de la 2ª República en la Plaza Sant Jaume de Barcelona

En junio de 1931 se trató de dar legitimidad al cambio de régimen y se convocaron elecciones generales que terminaron con una victoria de la izquierda. Esta victoria debería paliar las dudas antes mencionadas, pero insisto, hay quienes creen que el orden de los factores habría alterado el producto.

El 10 de agosto de 1932 tuvo lugar la “Sanjurjada”, y es que el general Sanjurjo dio un golpe de estado que tuvo las horas contadas desde el principio. Al tipo se le detuvo y se le condenó a muerte para a continuación perdonarle la vida y condenarle a cadena perpetua. Fue liberado al inicio de la guerra civil y murió un día más tarde, en accidente de avión, por lo que el tipo no tuvo mucha suerte que digamos.

General Sanjurjo

Con una gestión difícil y una población enfrentada, España no salía de unas crisis económica e institucional y se vio abocada a nuevas elecciones en 1933. Largo Caballero ya avisaba desde agosto que habría golpe de estado si ganaba la derecha, y es que por primera vez en España votaban las mujeres. El mayor temor de la izquierda era que las mujeres pasaban mucho tiempo en misa y temían que el voto femenino declinara la balanza en favor de la derecha. Así, las primeras diputadas en entrar en la cámara fueron Clara Campoamor y Victoria Kent, ambas de partidos de izquierdas, pero si bien Clara Campoamor apostaba por el voto femenino desde un principio, Victoria Kent tuvo sus recelos junto a una gran parte de la izquierda, llegándose a afirmar que, las mujeres probablemente podrían estar “secuestradas” por los curas a través del confesionario, la misa y el púlpito. De hecho, no muy lejos, y en la memoria colectiva, estaban los días 11, 12 y 13 de mayo de 1931, con quema masiva de conventos, iglesias, violaciones a religiosas y asesinatos a religiosos. Pues sí, la sospecha no iba mal tirada porque finalmente ganó la derecha y el golpe de estado no se hizo esperar.

En 1934 la izquierda se levantó y curioso fue que, el propio Francisco Franco saliera en defensa de una república que debía ser comandada por la derecha en aquel entonces. Tras la entrada en el gobierno de 3 ministros de la CEDA, se lio parda y tanto PSOE como UGT vieron legítima la Revolución de octubre de 1934.

Prisioneros arrestados por la Guardia Civil en la Revolución de Asturias en 1934

Tras muchos muertos y sangre vertida, se gestionó muy mal un país que durante un año y medio malvivió. Se volvieron a convocar elecciones en febrero de 1936 y la tensión seguía en aumento. El resultado fue muy ajustado, si bien se tiene por buena una diferencia de unos 450.000 votos en favor de los partidos de izquierda. Oficialmente se habló de 700.000 votos de diferencia, pero la derecha siempre habló de “pucherazo”, por lo que el clima no mejoró que digamos. Hay quien en lugar de “pucherazo” habla de “fraude localizado”. La anulación de votos en algunos colegios hizo que los resultados oficiales, para muchos, nunca fueran fiables del todo, hablándose de papeletas con tachones, borrones y raspaduras en ciudades como A Coruña, Ourense, Cáceres, Málaga, Santa Cruz de Tenerife, Granada, Murcia o Cuenca. La campaña electoral en sí tampoco ayudó demasiado, ya que en ella se produjeron 41 muertos y 80 heridos de gravedad. Finalmente, y en medio de aquel caos político, Manuel Azaña llegaba al poder, y sería el último inquilino del Palacio Real de Madrid, sustituyendo a un Niceto Alcalá-Zamora que ocupó el cargo desde 1931. El recuento oficial trajo consigo 263 escaños del Frente Popular, léase izquierda, 156 del Frente Nacional, léase derecha, y 54 del centro y nacionalistas.

Tras nuevas quemas de iglesias, conventos y enfrentamientos directos con muertos de peso de por medio, en un bando y otro, como fue el caso del teniente y guardia de izquierdas, José del Castillo, el 12 de julio, y el caso de José Calvo Sotelo, político de derechas, el 13 de julio (realmente buscaban a Gil Robles) se llegó al levantamiento del bando nacional entre el 17 y el 23 de julio del fatídico año de 1936.

Calle Toldo, Madrid, durante la Guerra Civil

El resultado de la guerra ya lo sabemos, pero lo que no muchos saben es que ya con casi todo perdido, en marzo de 1939 y dentro de la República, hubo un último golpe de estado a través del coronel Segismundo Casado, y es que, este menda derrocó el gobierno del socialista Juan Negrín. Esto se entendió como una guerra civil dentro de otra guerra civil y básicamente fueron los últimos coletazos de la 2ª República.

Lo anecdótico es que los últimos enfrentamientos en las proximidades de la Ciudad Universitaria los ganaron los republicanos, pero la toma de Madrid era ya inminente y el 1 de abril de 1939 terminó la guerra para dar paso a una dictadura de 36 años.

Coronel Segismundo Casado

Un declarado republicano que cambió de parecer y terminó siendo un gran defensor del bando nacional, Gregorio Marañón, llegó a pronunciar: “Si el lema de ‘Arriba España’, que hoy gritan con emoción muchos, muchos que no son ni serán fascistas, lo hubieran adoptado los del bando de enfrente, el tanto por ciento de sus probabilidades de triunfar hubiera sido, por este simple hecho, infinitamente mayor.” Podría tener o no razón este tipo, pero el caso es que los nacionales vencieron y todo apuntaba tres años antes a que lo tenían bastante difícil.

Así pues, y como conclusión mía personal, no creo que el 50% de la población fuera buena, buenísima y la otra mitad mala, malísima. Creo que, más bien, unos dirigentes terribles, en un bando y en otro, gestionaron tan pésimamente la situación que, llevaron al 100% de una población maravillosa a sacar lo peor de sí misma para autodestruirse hasta la muerte. ¡Una pena! Muchas veces obviamos que mucha de aquella gente defendió los colores que no querían por una simple razón geográfica, y es que, quienes mandaban en sus ciudades eran los del bando contrario, de modo que no les quedó más remedio. A día de hoy, creo que no me equivoco si afirmo que, a mucha gente se le ha parado el reloj en 1936 y seguimos en ello, pero bueno, insisto, es una opinión totalmente personal. Es por esto que no dudo en afirmar que el tema de la Guerra Civil sigue estando de rabiosa actualidad, más de 80 años después.

No deja de darme pánico la cosa porque cuando comparo los resultados de las elecciones de 1936 con los actuales, a veces, de verdad, vivo y experimento sentimientos cercanos a lo que podría ser un “déjà vu”, y sí, ya sé que yo no viví en aquellos años, pero en serio, si comparamos resultados, veo que electoralmente el reparto de escaños es muy similar.

Instante en el que un disparo abate a un soldado en la Guerra Civil

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