El Glorioso fue un barco español al que el cine le debe una película, sin duda. Fue construido en La Habana en 1738 y fue bautizado con el nombre de San Ignacio de Loyola. Comenzó su andadura en una época en la que España e Inglaterra no paraban de darse en alta mar. Un momento en el que la España borbónica y Francia pretendían sumar y hacer sombra a la flota británica.
Se trataba de un barco robusto que llegó a portar 70 cañones. En 1747 El Glorioso volvía de América con cuatro millones y medio de pesos fuertes y siete maravedíes de plata para sufragar la guerra de sucesión en Austria, además de innumerables regalos y especias que el virrey de Filipinas quería hacer llegar al rey fernando VI, cuando dos escuadras inglesas, muy superiores, le esperaban a 200 km al norte de las Azores, una detrás de otra.

El capitán Crookshanks vio en El Glorioso una presa fácil y atacó por la noche con una fragata llamada Lark, un paquebote de nombre Montagu, el barco de guerra Beaufort y un navío, el Warwick, pero no pudieron con él. La fragata se hundió y Crookshanks fue expulsado de la armada. El Glorioso, dañado tras horas de combate, antes de llegar a Finisterre y con 10 cadáveres en su cubierta, se encontró nuevamente con barcos ingleses, concretamente con la balandra Falcon, la fragata Shoreham y el navío Oxford, sumando todos ellos muchos más hombres y cañones que la nave comandada por Pedro Mesía de la Cerda. Otra vez mandaron a la balandra y a la fragata previamente para hacer daños, pero las maniobras y pericia de Pedro Mesía de la Cerda sorprendió a los ingleses y, muy dañados, debieron batirse en retirada. De hecho, el capitán Callis fue sometido a consejo de guerra.
Dos días más tarde El Glorioso llegaba a Corcubión, donde sólo estuvo un día y no pudo ser reparado completamente. Allí dejó su carga que hoy estaría valorada en 4.000 millones de euros. Partió rumbo a Cádiz sin aprovisionarse 100% de munición, su gran error, ya que dicha munición le fue denegada, pero eso sí, ya sin el tesoro a bordo y con un Pedro Mesía de la Cerda recién ascendido a jefe de escuadra por el mismísimo marqués de la Ensenada, el conocido como “secretario de todo”.
Cerca del cabo de San Vicente se topó con 4 fragatas corsarias inglesas, la King George, Prince Frederick, Duke y Princess Amelia. Se las conocía como la Royal Family. Al mando George Walker con 120 cañones y casi mil hombres y, además, tenía patente de corso para hacer guerra a España. Tardaron horas en ver la bandera de la Cruz de Borgoña y para entonces, El Glorioso hundió a la King George, mientras las otras 3 fragatas le perseguían buscando venganza. En esas que, para colmo, aparecieron los navíos Rusell y Darmouth con 130 cañones más. El Prince Frederick duró poco, pero es que el Darmouth saltó por los aires, y Pedro Mesía de la Cerda, para más inri, se giró para plantar batalla a los 3 barcos restantes.

El Glorioso siguió combatiendo toda la noche con mástiles dañados, 33 muertos y 130 heridos sobre la cubierta. Al amanecer se quedaron sin munición y El Glorioso, chorreando sangre por babor y estribor, arrió la bandera para rendirse. No podían hacer más. El mando británico, el capitán Buckle, confesó a Pedro Mesía de la Cerda que, si la contienda hubiera durado 30 minutos más, se habrían quedado también sin munición y habrían tenido que retirarse.
Los ingleses se llevaron al barco a Lisboa para repararlo y quedarse con él, pero los destrozos fueron tan grandes que, finalmente, no lo repararon, de modo que el Glorioso jamás estuvo al servicio de la Royal Navy. Toda la tripulación fue ascendida y Pedro Mesía de la Cerda fue general de la mar y finalmente virrey de Nueva Granada.

Descubre más desde Relatos de la Historia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.