Fue amante de las novelas de Julio Verne, amigo de la infancia de un tal Alfonso XIII y descendiente de Juan de Herrera, el arquitecto renacentista que dio nombre al estilo herreriano y que levantó nada más y nada menos que el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial y la catedral de Valladolid. Se trata de otro de los grandes desconocidos de la historia de España pese a tener una historia muy original. Diseñó el primer traje espacial.

En la época de Juan de la Cierva y de los dirigibles, fue un fan de la aerostática y de la aviación. En 1909 vio un eclipse solar desde un globo en Burgos y con su esposa, Irene Aguilera, voló en un biplano. Ojo que, fue la primera española en volar. Ambos, penetraron en el aire mejor que los abanicos de Locomía.

Fue capitán y jefe de la Sección de Globos Aerostáticos de Melilla en la guerra del Rif, es decir, la primera fuerza aérea de combate organizada que hubo en España. Fue, también, el primero en establecer un vuelo entre África y Europa en 1914, concretamente desde Tetuán a Sevilla, cruzando así el Estrecho de Gibraltar por aire.

El menda quería subir hasta la estratosfera para medir su radiación y para ello inventó el primer traje espacial. Sí, sí, como lo estas leyendo. Lo hizo con capas de lana, caucho y tejido forradas con una cubierta de plata y, además, tenía un paracaídas para descender. Lo tenía todo pensado. Su escafandra estratonáutica disponía de un sistema de ventilación y, por si fuera poco, estaba acondicionada para comunicarse por radio. ¡Con un par!

Prototipo de traje espacial

Ayudó a de la Cierva con su autogiro y diseño el laboratorio aerodinámico de Cuatro Vientos en Madrid. Se hizo amigo de un tal Albert Einstein, al que trajo de gira por España. Einstein no debió quedar muy descontento con nuestro paisano porque le propuso como consultor de Física Nuclear para la UNESCO.

Uno de sus deseos fue crear la “Transaérea Colón”, una compañía que comunicaría Europa con América a través de dirigibles, pero el Graf Zeppelin alemán se le adelantó por los pelos.

Ya con el rango de teniente coronel, estalló la Guerra Civil en 1936. Monárquico y católico, permaneció fiel al gobierno de la república por respeto al resultado electoral, lo que le enemistó con el general Kindelán, su amigo de siempre y que dirigiría contra él la aviación nacional. La guerra, por supuesto, paró su proyecto de ascender a la estratosfera.

En 1939 se fue a Chile para, posteriormente, terminar en Francia malviviendo. El Tercer Reich le ofreció trabajó y declinó la oferta por querer ejercer de presidente del gobierno republicano en el exilio. También le ofreció curro la NASA, pero finalmente no pudo trabajar con ellos porque los gringos se negaron a ondear la bandera española en el caso de llegar a pisar la Luna.

Murió en 1967 y dos años más tarde, Armstrong, no el del dopaje y los tours fallidos, sino el que dio un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad, le entregó una roca lunar a un colaborador suyo como guiño a la aportación de nuestro protagonista en la carrera espacial. Por supuesto, tampoco hay peli de Emilio Herrera Linares. No la busques en Netflix, no te canses.

Monumento en honor a Emilio Herrera Linares en su Granada natal

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