En el último tercio del s. XV hubo un prior dominico en el monasterio de Santa Cruz la Real de Segovia que alineó a toda la población española en torno a dos mensajes. Un mensaje era la corona, y el otro la palabra de Dios. Para materializar mejor dicha alineación, decidió pedir una bula papal a un papa de nombre muy ordinal, Sixto IV, y con esta bula creó el Tribunal del Santo Oficio y de la Inquisición, más conocido como Inquisición Española o Santa Inquisición. Este tipo no era otro que Tomás de Torquemada.

De Torquemada sabemos poco. Que lo educó su tío Juan en Valladolid, ya dentro de la orden de los dominicos, y que sus abuelos eran judíos. En dos palabras, “Im”, “presionante”.

Tomás de Torquemada

Como lugartenientes tenía a dos tipos que habían sido judíos y que, quizás por ello, debían demostrar que estaban fuera de toda sospecha y que eran más católicos que nadie, Alonso Espina, obispo de Burgos y Alonso de Cartagena, obispo de Ourense. Estos dos mendas tenían más peligro que Willy Fog con abono transportes, y la gente apenas les conoce a día de hoy, ya que estos sí que nominaban a quienes podían ser herejes. Al fin y al cabo, Torquemada no estaba para menudencias como los autos de fe. Antes de explicar qué eran los autos de fe, decir que estos tres personajes, Torquemada, Alonso Espina y Alonso de Cartagena, eran dominicos, y en el s. XV no se les llamaba “dominicos” sino que se les llamaba en latín, “dominicanus”. Hay quien dice que la palabra “dominicanus” viene de dos términos latinos: “dominus”, es decir, “señor” y “canis”, perros. Así pues, estamos ante los perros del señor que persiguen con celo al hereje. Es más, en los edificios dominicos suelen aparecer los perros apresando zorros, es decir, los dominicanus atrapando herejes, y también aparecen muchas hogueras en donde se quemaban a los herejes en autos de fe. Y esto, además, concuerda con el fundador de los dominicos, Santo Domingo de Guzmán, un tipo de finales del s. XII y que fue un icono hasta bien adentrado el s. XVI. Para más señas, decir que, la primera ciudad importante fundada por Colón en América con catedral, castillo, muralla, etc, fue Santo Domingo, capital de la República Dominicana, ya que se fundó en honor al padre de Colón, que se llamaba Doménico Colombo. Pocos saben que el verdadero nombre de esa capital a día de hoy es Santo Domingo de Guzmán y no Santo Domingo a secas. Es para que nos hagamos una idea de la importancia que tenían los dominicos en el s. XV. Pues bien, Santo Domingo de Guzmán, la persona, se llamó así porque su madre tuvo un sueño en el cual, de su vientre salía un perro con una antorcha encendida en las fauces. Intrigada por tan surrealista sueño, peregrinó a un monasterio cercano a su Caleruega natal, en la actual provincia de Burgos, Santo Domingo de Silos. Allí fue consciente de que estaba embarazada y mira por donde, en honor a aquel monasterio, le llamó a la criatura Domingo, que nació unos meses más tarde. Así pues, la importancia de los perros en esta orden es muy importante.

El símbolo de los dominicos, para explicar mejor esta orden creadora de la Inquisición, era una Santa Cruz. A un lado de la cruz había una rama de olivo y al otro lado había una espada. Si te arrepentías eras un penitente y se te perdonaba todo, y por tanto, te esperaba la rama de olivo. Si no te arrepentías eras un impenitente y te esperaba la espada, mejor dicho, la hoguera, es decir, la muerte.

En contra de lo que se dice, Torquemada era un tipo que caía muy bien en la época, puesto que era un tipo humilde, no gastaba, era un hombre de palabra y, además, ofrecía los Madrid-Barca de la época, por lo que a día de hoy sorprende la cosa, pero es que es verdad, caía muy bien a los “españoles” de finales del s. XV. No hay nada peor que juzgar a los personajes históricos con patrones de la actualidad. Todos salen mal parados, pero Torquemada, más todavía. Normal, por otra parte.

¿Qué eran los Madrid-Barca de la época? Pues los autos de fe. Las plazas se preparaban para ese espectáculo y la gente iba en masa a verlos. A veces acudían hasta los reyes. Un auto de fe era un juicio a los candidatos a herejes, que, o bien se libraban o bien eran declarados herejes e iban directos a la hoguera.

Al hereje se le colocaba un capirote en la cabeza para que se le viera bien, y se le ponía el saco bendito, de modo que se les paseaba por la ciudad para someterles a escarnio público. El saco bendito era un saco literal, al que se le hacía una abertura y se dejaba caer en el cuerpo de los juzgados a modo de chaleco o túnica. Yo no sé si las palabras “saco bendito” se decían muy deprisa, pero al final se quedó el término en “sambenito”. Por cierto, el sambenito no se quemaba, sino que se llevaba a la iglesia del pueblo de origen del hereje para mayor vergüenza de la familia, de ahí, la expresión de “le han colgado el sambenito”.

Sambenito

Y a los sodomitas, homosexuales, etc, se les hacía un auto de fe 2.0. que, eran los emplumados. Se les desnudaba y aplicaba una pátina de aceite sobre el cuerpo. A los pájaros se les desplumaba y las plumas, de diferentes colores, se pegaban en el cuerpo del hereje o emplumado. Alguien habrá oído hablar de la expresión “este tío tiene pluma” al referirse a un homosexual. O quizás cuando la policía detiene a alguien decimos “le han cogido y le han emplumado”. Pues sí, son expresiones que vienen de los emplumados de la época de los Reyes Católicos. ¿Cómo se te queda el cuerpo?

Pues bien, lo mejor de todo es que si en Google escribimos, en español o en inglés, la palabra “inquisición”, lo que obtenemos son resultados de la Inquisición de Torquemada de 1478. Si nos fiamos de Google, parece que no hubo más inquisiciones en la historia, pero claro, anterior a la de Torquemada ya hubo en España una inquisición en 1191, creada por Fray Raimond de Penyafort, un tipo del Alto Penedés que, desarrolló una inquisición que se empleó muy levemente en la actual Cataluña. El tipo, que terminó siendo santo, fue uno de los hombres de confianza, precisamente, de Santo Domingo de Guzmán. Fue el encargado de todo el ordenamiento jurídico de los dominicos que, curiosamente son conocidos en el resto de Europa como “Predicadores”, ya que Santo Domingo de Guzmán creó la orden para predicar la palabra de Dios. Fray Raimond de Penyafort es, por tanto, y gracias a su labor en los dominicos del s. XIII, el patrón del derecho canónico, de los colegios de abogados, de los abogados y de los juristas.

Auto de fe

Aun así, la primera inquisición fue la francesa, que se creó para perseguir a los cátaros en el Languedoc francés. Curioso es que Santo Domingo de Guzmán creó la orden de los predicadores, precisamente, para combatir a los cátaros, que habían crecido mucho en el sur de Francia y en la Corona de Aragón.

Pero hubo más inquisiciones, como la romana, que persiguió a Galileo, o las inquisiciones de Lutero y Calvino que, en las actuales Alemania y Suiza respectivamente (en aquella época no existían como tales países), tenían números de película gore. O la inquisición portuguesa, que quemó a miles de personas.

Y también hubo tribunales que no era inquisiciones pero que también eran juez y parte, como el tribunal de Flandes o el Tribunal de Cromwell en Inglaterra que, sobre todo, se pasó mucho en Escocia. Dicho de otro modo, que se ensañaron a base de bien, ¡vaya!

¿Podemos dar números? Sí. Lo “bueno” de las inquisiciones es que dejaron todo registrado gracias a su monumental aparato burocrático. El hispanista británico, Henry Kamen, dice que el número de ejecuciones por parte de la Inquisición Española está entre 2.000 y 3.000 personas en casi cuatro siglos y medio de historia. Eso sí, la de Torquemada, fue la inquisición más longeva. Pues bien, la cifra se sitúa en torno a los 2.800 herejes ejecutados. En la época más sangrienta de la Inquisición Española, es decir, entre 1480 y 1530, se quemaron 59 brujas. Para tener una imagen real de la época, se calcula que, en el resto de Europa, en esos mismo 50 años, se quemaron entre 25.000 y 50.000 brujas. Es más, el tema brujas se exportó a EEUU y de ahí que, en Massachusetts, sean famosas las Brujas de Salem que dieron lugar al archiconocido Halloween. El número de brujas quemadas por Calvino y Lutero fue de miles. Hoy, Calvino tiene un monumento enorme en Ginebra. Eso es impensable con Torquemada en España, y con esta afirmación no digo que haya que hacerle un monumento a Torquemada, ni muchísimo menos.

Fijaos hasta donde llega el tema que, había dos tipos de cárceles, las civiles y las de la inquisición. Parece ser que los presos de las cárceles civiles blasfemaban para ser trasladados a las cárceles de la inquisición española. Este último dato ya nos dice bastante.

Es en el s. XVI es cuando Guillermo de Orange, la corona británica y la imprenta comienzan a fabricar un relato, en el cual, se sustenta la Leyenda Negra de España. Una leyenda que, a día de hoy, se manifiesta claramente al hacer una simple búsqueda en Google. Es más, en aquella época se publicó un libro por parte del británico John Foxe que tenía muchos dibujos en un momento en el que la mayoría de la gente no sabía leer y escribir. Imaginemos que no sabes leer, abres un libro y eres capaz de comprender gracias a las representaciones gráficas. Sería flipante, casi una evolución como un internet de las cosas actual. Digamos que fue un avance brutal el poder imprimir dibujos. Pues bien, aquellos dibujos de John Foxe no eran otra cosa que, dibujos de torturas de la Inquisición Española. ¡Pa habernos matao!

Así pues, no es de extrañar que, en el mundo entero, sea conocido a día de hoy como malo, malísimo, Tomás de Torquemada, y sin embargo, tengan un perfil más bajo en términos negativos, pero por encima con connotaciones reformistas un tanto “cool”, los sanguinarios Calvino, Lutero, Knox, etc. ¡Injusto, muy injusto!


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