
El 2 de mayo de 1808 fue el levantamiento popular contra la invasión napoleónica y que Goya plasmó en los «Fusilamientos del 3 de mayo». Murieron los oficiales Daoiz y Velarde y las heroínas Clara del Rey y Manuela Malasagne (Malasaña en español, ya que su apellido era francés, puesto que su padre fue un tipo que emprendió un negocio de panadería en el centro de Madrid).
El Arco de Cuchilleros es una de las calles más cortas de Madrid, y se llama C/ de la Escalerilla de Piedra. En ella hay un púlpito desde donde fray Antonio, un fraile del desaparecido Real Convento de San Gil de la hoy Plaza de Oriente, animó los madrileños a levantarse y luchar con un gran discurso. Al lado de ese púlpito, Galdós ubicó la vivienda de la pobre y bella Fortunata, lugar que hoy esta muy cotizado y que la haría millonaria.

Cerca había una taberna que frecuentaba el hampa y en la esquina, hoy, están las Cuevas de Luis Candelas, ladrón y culto autodidacta, vecino de Lavapiés, un don Juan, y quien robó a Fernando VII a su favorita, Clara. Fue un artista del disfraz, un Mortadelo. Su error fue asaltar a la costurera de la reina. Antes de morir en el garrote vil que se ubicaba en la Puerta de Toledo gritó, «Adiós patria mía, sé feliz». Tras ello le colgaron de uno de los pinchos de la afamada puerta y el pincho cedió. Lo arregló en la década de los 80´ el alcalde socialista Enrique Tierno Galván, y hay quien no se lo perdonó porque se afirmaba que aquel pincho roto era un símbolo de la lucha del pueblo contra la aristocracia y la burguesía.

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