Muchos se preguntan por qué España no ha tenido una gran relación con sus vecinos, y más cuando hemos tenido reyes tanto de Francia como de Portugal. En 1807 España firmó el Tratado de Fontainebleau, por el cual, las tropas napoleónicas pasarían por España para deponer al gobierno portugués y ofrecer el norte del país vecino al antiguo rey de Etruria (centro de Italia), el sur portugués a España y todo el centro de Lusitania a Napoleón. El problema fue que esta sandez se la vendieron a los españoles sin ánimo de cumplirla. ¿Quién se supone que era el imbécil o los imbéciles? Pues unos tales Carlos IV y Manuel Godoy. Una vez los franceses se hicieron con Portugal, decidieron hacerse también con España y quien vino a salvarnos el cuello fue nada más y nada menos que nuestra enemiga de siglos anteriores. Sí, nos ayudaron los ingleses con el Duque de Wellington a la cabeza. ¿Pa qué queremos más?

Carlos IV

La llamada guerra de la Independencia tuvo sus consecuencias irreparables, y es que el deterioro de España en la guerra sirvió para que América se fuera independizando poco a poco, conociéndose ese proceso como guerra de Independencia Hispanoamericana. Bueno, ¡no sé yo si en ausencia de Napoleón España hubiera conservado sus posesiones en América muchas más décadas!

Al frente de la diplomacia y como hombre fuerte de Carlos IV estaba el ya mencionado Manuel Godoy, que entre 1801 y 1808 era considerado el generalísimo. ¡Qué mala suerte ha tenido España cada vez que alguien ha ostentado este “título”! Amosnomej…

Bueno, el caso es que el menda consiguió más o menos mantener a Napoleón lejos mientras otros países fueron anexionados por la vía rápida, tipo Austria, Prusia o la entonces llamada Holanda. Así pues, antes de juzgar a este personaje histórico, quizás debamos ponernos sus zapatos para ver que piedra le dolía y le hacía daño en los pies y, sobre todo, qué decisiones podía tomar teniendo de vecino a un tal Bonaparte. Parece ser que Godoy se ligó a la primera esposa de Carlos IV, la reina María Luisa de Parma, aunque este “rollete” hay quien a día de hoy lo sigue negando. ¿Nos podemos creer esta relación sabiendo que sus grandes difusores fueron los franceses republicanos de guillotina en ristre?

Jose I, conocido como Pepe Botella

El caso es que, ante el temor de la entrada del emperador francés por el norte, y de un golpe de estado por parte del hijo del rey, el Príncipe de Asturias, un tal Fernando VII que por aquel entonces era llamado “el deseado” (manda coj…), Godoy decidió mandar a los reyes a Cádiz por si debían salir hacia América igual que les había pasado ya a los monarcas portugueses. Pues eso, que todo medio reventó el 19 de marzo de 1808 con el famoso Motín de Aranjuez y reventó del todo el 2 de mayo con el levantamiento de Móstoles y Madrid. El gran perdedor fue Godoy, el enemigo público número uno, el “indeseado” en aquella época.

La responsabilidad de Godoy ante el desastre de 1808 es tan grande e indiscutible que estamos hablando del último gran valido, un tipo que tuvo más poder que validos conocidos de épocas anteriores como el Conde Duque de Olivares o el famoso Duque de Lerma.

¿Pero y si decimos que este tipo no era tan imbécil como parece? ¿Y si detrás de todo esto estuvo la propaganda francesa para dividir a los españoles e invadir la península entera? Veamos. Godoy fue quien mantuvo por primera vez a raya a la Inquisición, fue el que recuperó a unos jesuitas expulsados por Carlos III y Campomanes y que se caracterizaban por su gran formación, fue quien quitó privilegios a una nobleza rancia, fue odiado por Fernando VII, lo cual debería bastar para señalarle como un visionario, puesto que, “el deseado” ha sido el peor rey de la historia de España de largo. ¡Ese sí que fue imbécil…imbécil y absolutista! Además, Godoy creó el Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos, el Cuerpo de Ingenieros de Caminos, el Observatorio Astronómico, la Escuela de Sordomudos, el Real Instituto Militar que incorporó la educación física como materia a estudiar y practicar y el Jardín Botánico de Sanlúcar. Este menda fue mecenas de la arqueología española, siendo iniciativas suyas las búsquedas de yacimientos como los de Duratón, Segóbriga, Sagunto o Mérida, restauró la Torre de Hércules, legisló por primera vez la protección de antigüedades, fomentó la instrucción de la Real Academia de la Historia, y fue el primero que promovió la conservación de monumentos hebreos y árabes. Y para colmo, fue el que protegió a Moratín, a Meléndez Valdés y a un tal Goya…¡ostras, que fue él quien le encargó las archiconocidas Majas! Así pues, ¿quién es el imbécil ahora? España es muy de buscar culpables, y Godoy lo ha sido para la opinión pública, casi tanto, como Javier Clemente en Francia 1998 y Luis Enrique en Qatar 2022.

Ojo, que Godoy ya sabía cómo se las gastaban los franceses posrevolución, y es que ya tuvo que ceder parte de la isla de La Española, tierra hoy conocida como Haití, para recuperar territorios conquistados por los franceses en la península, que no eran otros que Cataluña, País Vasco y Navarra y sólo corría el año 1795. ¡Uy! ¡Si levantara la cabeza Godoy ahora, pobrecillo! Esta conocida como Paz de Basilea le valió el título de Príncipe de la Paz. Posiblemente la lectura debiera ser más sencilla, y es que a Godoy le tocó bailar con la más fea. ¡Uy, perdón nuevamente! Esta frase me ha resultado muy poco acertada, más para algunes que para otres.

En España, que somos eso, muy de buscar culpables, quizás no tuvimos a los mejores gobernantes en 1808, seguramente le hicimos la “trece catorce” a los portugueses con el miedo de si los siguientes íbamos a ser nosotros, que lo fuimos, pero lo que está claro es que el malo de la película en todo este sarao fue Napoleón Bonaparte, un tipo que mandó levantar un Arco del Triunfo que a día de hoy sigue conservando las inscripciones de todas aquellas batallas que ganó en su afán por adueñarse de media Europa, entre ellas, batallas españolas como la de Uclés, en donde los franceses, además de facilitar el acceso a Madrid a Jose I (conocido entonces como José Ninguno), violaron a 300 jóvenes en la plaza del pueblo y ajusticiaron a los pocos hombres y curas que quedaron aquella fría mañana de enero de 1809.

Napoleón Bonaparte

Más de 100 batallas tuvieron lugar entre 1808 y 1814, y los franceses salieron por patas, incluido Pepe Botella (su más famoso apodo), un ingenuo borracho que se sorprendía de que los españoles no le quisieran como monarca, y es que además de las muertes por el enfrentamiento bélico, hemos de sumar las víctimas de tifus, cólera y disentería, por no hablar de los afrancesados considerados traidores a partir de 1814. Las dos Españas, que ya existían, ¡joer, que han existido siempre!

Entre unas cosas y otras, en España se habla de 500.000 muertos, pero es que la broma le costó a los franceses 250.000 vidas y a los ingleses otras 50.000. Insisto nuevamente, que quienes nos ayudaron fueron los ingleses, seguramente no por bondad, sino por egoísmo puro y duro. Que sí, que también nos hicieron destrozo y expolio en España, mientras en paralelo nos azuzaban en Hispanoamérica a base de bien, pero quienes vinieron a partirse la cara por nosotros, aquí, en la península, fueron los británicos, de los cuales, muchos no lo contaron. No en vano, la guerra de la Independencia fue la guerra napoleónica más prolongada, durando seis largos años.

Napoleón fue un tipo que en su ejemplar de “El Príncipe” de Maquiavelo, escribió a mano en su última página una frase que no aparece en dicho texto: “el fin justifica los medios”. Ese era Napoleón.

¿Y tú, qué opinas de Godoy?

Duque de Wellington

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