No habría que olvidar derrotas que tuvimos en el pasado, pero que tuvieron como protagonistas a auténticos héroes nacionales que se dejaron la vida luchando hasta el último instante.
En un lugar muy sexy y con unas playas maravillosas, Los Caños de Meca, en Barbate (Cádiz), la Tercera Coalición (Reino Unido, Austria, Rusia, Nápoles y Suecia), intentaban hacer frente a Napoleón un 21 de octubre de 1805. Hay que decirlo porque de modo acomplejado, se considera que aquello, por tener lugar en aguas hispanas, debió ser una guerra entre solamente España e Inglaterra, pero no fue así, la guerra, y aquella batalla en particular, fue una disputa multinacional que sencillamente pasaba por aquí. Bueno, tampoco querría reducirlo tanto, y es que un bando era el compuesto por solo España y Francia.

Importante es señalar que al frente ni siquiera estaba un español, sino el inútil de Villeneuve. Previamente, los franceses habían intentado invadir las islas Británicas, pero lejos de conseguirlo, terminaron huyendo hacia el sur, es decir, hacia España. Napoleón, erre que erre, animó a Villeneuve a limpiar el Mediterráneo de barcos ingleses, pero el alimirante francés, con menos futuro que un submarino debajo de un grifo, le desobedeció y siguió atracado en el puerto. Además de tonto, resentido, y es que al enterarse de que Napoleón le quería sustituir por otro almirante, François Étienne de Rosily-Mesros, decidió partir de Cádiz con una flota combinada con barcos españoles que, pobres ellos, iban al matadero.
Tres días más tarde el encontronazo entre ambas escuadras fue de órdago, y a las órdenes de aquel inútil, los españoles perecieron en una gran mayoría y el almirante Horatio Nelson pasó a la gloria imprimiendo su nombre con letras de oro en la historia británica. Pero para ser honestos, la verdad, Horatio no pudo ser más pardillo, y es que el tipo subió al puente en medio de la batalla vestido con su uniforme de gala, con medallas y dorados deslumbrantes, ¡antes muerto que sencillo!, vamos, como una mosca en la leche y, claro, duró menos que el parpadeo de un chino. Le atravesaron la columna. Me imagino al tipo que le disparó diciendo eso de “a tomar por…”. Bueno, para ser sinceros, el disparo vino de un barco francés.

Por parte española y a las órdenes del teniente general Gravina, hay que destacar al brigadier Cosme Damián Churruca y Elorza, un tipo que al mando del San Juan Nepomuceno ya había dejado escrito que les debían 4 sueldos y que les hacían trabajar sin descanso. ¡España, que siempre paga mal! El tipo murió en la batalla perdiendo una pierna de un cañonazo y, sobre todo, murió ante la admiración inglesa tras luchar contra 6 navíos ingleses a la vez. Un día antes de la batalla le escribió a su hermano que “si llegas a saber que mi navío ha sido hecho prisionero, di que he muerto”, es decir, era o todo o nada para él. Y mira lo perversa que es la historia a veces que, su navío fue capturado y remolcado hasta Gibraltar, en donde fue expuesto, conservando, en la cámara del comandante y con letras de oro, el nombre de “Churruca”. Fue nombrado almirante a título póstumo y recordado por Galdós en los “Episodios Nacionales”.
La victoria inglesa no frenó a los ingleses que, además, se vinieron arriba en casi todos los mares, sobre todo en el Mediterráneo, pero tampoco supuso, como muchas veces se ha afirmado, la destrucción de la flota española. Ya se sabe, la historia la escriben los que ganan.

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Muy interesantes los relatos de Historia de este profe.