A muchos les va a dar un soponcio ver en el mismo capítulo estos cuatros casos, pero si tienen algo en común es que son vergüenza nacional, así que sin complejos, vamos a por ello.

Apenas comenzada la Guerra Civil española, entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936, en Paracuellos del Jarama y Torejón de Ardoz, el bando republicano mato en masa a prisioneros nacionales mientras se enfrentaban a las tropas sublevadas.

Entre los asesinados había militares, aristócratas, religiosos, burgueses, militantes de la derecha, en definitiva, población civil y militar sospechosa de comulgar con los sublevados. Todo fue orquestado y aprobado por la Junta de Defensa de Madrid con un papel importante del general José Miaja y una Consejería de Orden público encabezada por un tal Santiago Carillo. Dentro de la órbita de posibles responsables, los nacionales también han acusado tradicionalmente a la diputada socialista Margarita Nelken y a los ministros Largo Caballero, Ángel Galarza (Gobernación) y García Oliver (Justicia).

Exhumación cuerpos de la matanza de Paracuellos

Las ejecuciones se desarrollaron aprovechando el traslado de prisioneros entre varias cárceles madrileñas en lo que los republicanos denominaban “sacas”. El historiador británico Paul Preston aseguró que estos casos denominados como “Paracuellos”, fueron la mayor atrocidad acaecida en territorio republicano a lo largo de la guerra. La cifra de asesinados esta en torno a 2.500, si bien el debate numérico siempre ha estado abierto y ha sido motivo de controversia. El historiador irlandés, Ian Gibson, habla de 2.400 muertes y tradicionalmente es la cifra que se ha dado por buena.

Tras la toma de Madrid el 28 de marzo de 1939, se celebró una misa por los cifrados en 7.000 muertos de Paracuellos.

Otro episodio trágico fue el del 8 de febrero de 1937, el de la Masacre de la carretera Málaga-Almería conocido como “la desbandada”.

Muchos protagonistas de aquella huida ya venían desde Cádiz, pero el comienzo de la verdadera pesadilla tuvo lugar en la entrada de la carretera de Málaga mientras los que huían querían dirigirse a Almería. Esa carretera conocida actualmente como N-340, fue testigo de la masacre de entre 3.000 y 5.000 civiles, que se dice pronto. Hubo quien habló de “los doscientos kilómetros de miseria”. Esta considerado como uno de los episodios más cruentos del conflicto.

Refugiados regresan a Málaga tras no poder llegar a Almería

Tras la quema de conventos de 1936, a Málaga se la consideraba “Málaga la Roja” por tener un importante movimiento obrero con la CNT y haber conseguido el primer diputado del Partido Comunista de España. Además, era una isla republicana aislada por el frente nacional. Una posible salida era la huida a la no lejana Almería.

Los bombardeos de Queipo de Llano en enero de 1937 habían logrado el objetivo y con ayuda de la aviación italiana, el ya citado 8 de febrero, la capital andaluza cayó en manos nacionales, provocando la huida de los partidarios republicanos en medio del pánico generalizado. Se habla de 40.000 desplazados que fueron defendidos desde la Escuadrilla España, para ser más tarde evacuados a las ciudades de Alicante, Valencia y Barcelona.

A las 4 de la tarde del 26 de abril de 1937 Guernica bullía de actividad cuando las campanas de la iglesia de San Juan comenzaron a sonar para avisar de la proximidad de aviones enemigos. Hubo varias oleadas de aviones, pero no solo la población fue amenazada por bombas, sino que los aviones también ametrallaron sin piedad a los civiles. El bombardeo duró casi tres horas y las consecuencias fueron funestas.

Guernica tras el bombardeo

Los aviones pertenecían a la Lufwaffe nazi y fueron la Legión Cóndor alemana y también la Aviación Legionaria italiana. El centro de la villa quedó arrasado y 271 edificios fueron borrados del mapa. El destrozo fue tal que el número de fallecidos fue de entre 120 y 300 según la fuente que se consulte, si bien la Universidad de Nevada eleva el número a 2.000 y el gobierno vasco a 1.645.

Guernica era símbolo de los fueros vascos y muchos soldados se encontraban allí refugiados para la defensa de Bilbao.

El teniente coronel al mando era el primo del famoso Barón Rojo de la 1ª Guerra Mundial, un tal Wolfram von Richthofen. En su diario de guerra admitió que se había comportado “muy maleducadamente” ¡Menudo angelito! ¡La madre que lo trajo!

Se debate si la orden vino del propio Franco o si vino de los generales Mola o Vigón, pero de lo que no cabe duda es que la orden del ataque vino por petición expresa de las tropas franquistas. Asimismo, los nazis utilizaron este episodio en su guerra fría contra Inglaterra.

Como consecuencia, el genio Pablo Picasso se inspiró en este bombardeo para inmortalizar el horror de la guerra en su gigantesco cuadro el “Guernica”, que pintó para que fuera expuesto en el pabellón de España en la Exposición Internacional de París de 1937. Hoy se encuentra en el Museo Reina Sofía de Madrid.

El 7 de noviembre de 1938 tres aviones republicanos Tupolev SB-2 arrojaban en el municipio cordobés de Cabra una veintena de bombas que terminaron con un balance de 73 muertos, siendo Cabra, un pueblo que no era, a priori, un objetivo militar, ni estratégico, puesto que no tenía interés industrial y puesto que el frente no andaba en esos momentos por allí, sino más bien en el Ebro. El número de fallecidos ascendió finalmente a 109 y las víctimas no lo vieron ni venir. Se dijo que aquello fue una maniobra de distracción ante una guerra que tenía visos ya de ser ganada por los nacionales.

Parece ser que la operación no fue al azar debido a que ya habían sobrevolado la zona unos días antes.

Seis toneladas de bombas cayeron en el mercado de abastos el día del mercado semanal, por lo que el destrozo fue enorme. Parte de las bombas cayeron en la cercana Plaza Vieja donde los jornaleros esperaban a ser contratados, por lo que las víctimas en su gran mayoría fueron trabajadores que trataban de buscarse la vida en una época particularmente dura.

Bombardeo de Cabra

Aunque de este episodio se hizo eco el NO-DO como propaganda nacional y en contraposición a la propaganda republicana, la noticia tuvo poca o escasa repercusión en la prensa internacional, una prensa que después de más de dos años de guerra veía las noticias venidas desde España como episodios naturales de una guerra.

Hay muchos más episodios trágicos en esta guerra, pero estos cuatro episodios son los que los “hooligans” de uno y otro bando, tradicionalmente se han echado más a la cara. De hecho, en la memoria republicana están también la “masacre de Badajoz” de agosto de 1936 con entre 1.200 y 4.000 víctimas, o las “13 Rosas”, mujeres de las Juventudes Socialistas Unificadas fusiladas en agosto de 1939 al finalizar la guerra. Igualmente, en la memoria de los nacionales siempre estuvieron las 14 “mártires concepcionistas”, que fueron expulsadas del madrileño Convento de San José para pasar a hospedarse en la calle Francisco Silvela 19, en donde fueron delatadas por la portera del edificio vecino de modo que fueron llevadas a un camión para ser fusiladas, o los famosas checas, esos centros de interrogación, tortura y ejecución en donde se maltrataba a los sublevados y religiosos, como macabros fueron los “chorizos de monja” de la checa barcelonesa de la calle San Juan, en donde cortaron literalmente a la madre Apolonia mientras ella rezaba por quienes la estaban ejecutando, para a continuación arrojar los restos humanos a los cerdos y con ellos producir los famosos chorizos, de hecho, la religiosa fue solo una de las muchas arrojadas a los cerdos por un tal “el Jorobado”, máximo dirigente de dicha checa.  ¡Menos mal que la sociedad actual ya no está polarizada, ni politizada, y estamos todos a salvo, sobre todo nuestros hijos, porque seguro que estas cosas ya no se van a repetir y las hemos expulsado de nuestros genes!

Bombardeo del bando nacional sobre la ciudad de Valencia

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