Trajano, Adriano y Teodosio. Si pronunciamos sus nombres, muchos dirán que son emperadores romanos, pero, ¿sabe la gente que estos tipos eran más hispanos que el menda de Gladiator?

Pues sí, tuvimos 3 emperadores romanos y en mis libros de historia del colegio jamás me lo mencionaron. Marco Ulpio Trajano gobernó del 98 al 117 y Publio Elio Adriano gobernó del 117 al 138, es decir, durante 40 años seguidos, Roma tuvo dos emperadores andaluces, de Santiponce (Sevilla), si bien, la ciudad se llamaba entonces Itálica, la primera ciudad romana fundada en Hispania allá por el año 206 a.C. Y finalmente, Flavius Theodosius, procedente de Coca (Segovia) y conocido como Teodosio I el Grande, algo más tardío, que gobernó del 370 al 395.

Trajano fue el primer emperador no itálico (que sí, que Claudio, digamos que, accidentalmente, nació en la Galia). Fue un excepcional militar que conquistó Dacia (Rumanía y Bulgaria) y anexionó Armenia y Mesopotamia. Además, dio socorro y educación a los niños huérfanos a través de la “pueri alimentari”. Su obsesión fue luchar contra la corrupción. Menos mal que esas cosas ya no pasan. A él, por ejemplo, se deben el acueducto de Segovia y el puente de Alcántara. En la época del imperio Bizantino se solía decir “que seas más afortunado que Augusto y mejor que Trajano”.

Marco Ulpio Trajano

Aunque también fue militar, Adriano, sobrino segundo de Trajano, tiró más por la vía diplomática, sobre todo con el extremo oriental del imperio y es unos de los llamados 5 emperadores buenos. La máxima expansión del Imperio Romano fue con él. Llenó las instituciones de tecnócratas para que fueran más eficientes. Consolidados los límites del imperio, levantó una muralla de 117 km marcando la frontera en Britania.

Publio Elio Adriano

Teodosio fue emperador de Oriente y posteriormente de todo el Imperio Romano. Católico y fiel al concilio de Nicea, fue quien instauró el cristianismo como religión oficial del imperio. Sí, el culpable fue un segoviano. Es más, prohibió el culto a los anteriores dioses paganos y los ortodoxos, gracias a todo esto, le hicieron santo. Tras ordenar la matanza de Tesalónica en el 390, San Ambrosio de Milán le ordenó hacer penitencia, y por primera vez, un emperador reconocía un poder divino superior al suyo. A su muerte dividió el imperio en dos, estando al frente su hijo Arcadio en Oriente y su hijo Honorio en Occidente, y ambos imperios jamás volverían a unirse, es decir, las dos Españas versión Roma. Así pues. sí, Teodosio fue el último emperador de un imperio unido.

Teodosio I el Grande

También, y aunque no fuese emperador, no debemos olvidarnos de un tal Nigrino, concretamente, Marco Cornelio Nigrino Curiacio Materno. Le faltó poco para ser emperador, de hecho, fue candidato al trono imperial. Este valenciano, de Liria, nació en el año 40. Su familia se forró con la minería y con la fabricación de vidrio en Segóbriga (Cuenca). Hizo carrera ecuestre y esto le permitió llegar a la Legio XIV Gemina Martia Victrix en Britania primero y en el Danubio después. Así, llegó a ser senador de Roma y gobernador de la Galia Aquitania. Participó en la Guerra Dacia como jefe de la Legio V Macedónica. Hipercondecorado tras la guerra, se le designó como gobernador de Syria y compitió contra Trajano para ser emperador, por lo que en aquella época, los hispanos lo “petaron”. Lo curioso es que una vez llegó Trajano a lo más alto, a Nigrino lo fulminaron de todas las posiciones que ocupaba y se le pierde el rastro.

Ya lo dijo el galo Pacato: “Esta Hispania produce los durísimos soldados, ésta los expertísimos capitanes, ésta los fecundísimos oradores, ésta los clarísimos vates, ésta es madre de jueces y príncipes, ésta dio para el Imperio a Trajano, a Adriano, a Teodosio”. Nada más que añadir a este francés.


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