La primera cirujana de Europa fue el primer trans conocido y famoso de nuestra historia. Se llamaba Elena o Eleno de Céspedes. Nació en 1545 en Alhama de Granada fruto de una violación de su madre, Francisca, una mujer negra esclavizada por portugueses, y su amo, Benito de Medina. Así pues, nació mulata.
Su vida en sus primeros años se desarrolló sirviendo a su padre y hermanastros. Una vez falleció la esposa de su padre, se le concedió la libertad, pero se mantuvo sirviendo a su familia cual Cenicienta.
Su padre, el cual llegó a violarla, la casó a los 16 años con un albañil de Jaén llamado Cristóbal Lombardo. De esta relación tuvo un hijo al que abandonó en Sevilla con una familia pudiente.
Viajando por toda Andalucía y ejerciendo de tejedora y sastra, llegó a Jerez, en donde conoció al primer amor de su vida, una mujer. Fue el momento en el que, en plena guerra contra los moriscos en las Alpujarras, Elena fue y se disfrazó de hombre para estar a las órdenes del duque de Arcos. Con una piel morena que la delataba, la gente se preguntaba ¿Qué es, un tío, una tía o acaso es un «tíe»?
En Sanlúcar de Barrameda apuñaló a un menda y fue encarcelada. Al salir del presidio, huyó vestido de hombre y se dirigió a Madrid, en donde conoció a un cirujano valenciano que le enseñó el oficio. Con un nuevo amor, el de Isabel Ortiz, trabajó de forma ilegal y llegó a curar a un maestro cantero que estaba en la obra de El Escorial en 1579. Acusado de intrusismo bajo el nombre de Eleno, puesto que las mujeres no podían ser cirujanas, se matriculó y se sacó el título oficial de eso, de cirujano.
A partir de 1581 trabajó como cirujano en Cuenca y en La Guardia, y a partir de 1585 pasó por Pinto, Valdemoro, Yepes, Ocaña, Aranjuez y Ciempozuelos, lugar en el que conoció a la que sería su esposa, María del Caño, con la que se casó a los 40 años de edad. Para poder casarse debió demostrar que era varón y así lo atestiguó un tal Francisco Díaz de Alcalá, un médico de Felipe II al que se debe el primer tratado de urología de nuestra historia. El tema es que en Ocaña “la” reconocieron, dijeron que no era Eleno sino Elena y el tal Francisco tuvo que inventarse un hechizo para evitar un juicio paralelo. Su mujer dijo que, debido a una enfermedad, se le había caído el miembro a cachos y que como era cirujano, se había autocurado y operado. Eleno fue «acusade» de sodomía, bigamia y lesbianismo en tiempos de la Santa Inquisición y fue encerrada en Ocaña. Famoso fue el auto de fe que padeció en la plaza de Zocodover de Toledo el 18 de diciembre de 1588 y en la que salió como penitente, siendo condenada a 100 azotes por Toledo, otros 100 en Ciempozuelos, y a trabajar sin sueldo como enfermera en un hospital de la capital imperial.
Su defensa de basó en el hermafroditismo, demostrando una inteligencia y capacidad de convicción a prueba de bombas. No en vano, Cervantes que, anduvo por Andalucía, se basó en su figura para crear a la maga Cenotia en “Los trabajos de Persiles y Segismunda”.

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Me encanta leer estos relatos tan entretenidos y sobre todo, desconocidos para mi.
Muy bueno Marcelino. Un personaje alucinante. Tuve la ocasión de que me contara esta historia la responsable de la oficina de turismo de Yepes, en el interior de la Colegiata. Una pasada!