Al morir Fernando IV llegó el turno de un entonces niño Alfonso XI. La reina regente, mientras tanto, fue María de Molina, que antes de ser una calle fue una señora. Muy buena reina, por cierto. Ya con 16 años, el joven chaval accedió al trono. Era cuando la reconquista andaba ya muy avanzada por tierras andalusíes.

Ejerciendo como vasallos de Castilla determinados reyezuelos musulmanes como Muhammed IV, pidieron ayuda a los benimerines que estaban asentados en lo que hoy es Marruecos. Estos tipos eran muy temidos tras la caída de los almohades, y estaban liderados por el sultán Abu Al-Hassan Alí ibn Uthmán. De hecho, tomaron Gibraltar mientras Alfonso trataba de hacerse fuerte en Jerez.
En 1338 Al-Hassam recopiló más fuerzas y, nuevamente, los musulmanes cruzaban el estrecho para volver a tomar la península. Alfonso XI pidió ayuda a Portugal, no en vano nuestro Alfonso estaba casado con María de Portugal. El problema es que tenía una amante, la joven y guapa Leonor de Guzmán, con la que tuvo 10 hijos y de la que estaba enamorado. Claro, su mujer era hija del rey de Portugal, Alfonso IV y sí, Alfonso XI necesitaba la ayuda de su suegro. ¡Con un par! En 1340 los benimerines sitiaron Tarifa.
El enfrentamiento no se hizo esperar y cruzados y musulmanes se encontraron finalmente en el rio Salado. El reto era poder cruzar el rio, ya que 22.000 cristianos estaban enfrente de 60.000 musulmanes. Tras un inicio dubitativo de don Juan Manuel, el rey castellano se enfrentó a los benimerines y el rey de Portugal a los moros de Granada liderados por Yusuf I, que también tenía interés en parar los pies a los cristianos. Tras la victoria en la Batalla del Salado, que antes de ser una calle fue eso, una batalla, el suegro portugués solo pidió como pago una cimitarra enjoyada y un preso que era el sobrino del rey Abul-Hassan. Mientras, el rey castellano le seguiría poniendo los cuernos a su hija. Todo muy raro.
Tras ello, llegó el sitio de Algeciras en 1342, la ciudad llamada entonces Al-Yazira y que Alfonso XI intentó reconquistar, consiguiéndolo en 1344. Alfonso XI recibió mucha ayuda en este episodio. Curioso es que en este sitio estuvieron los Aranda y los Trapera, dos de las doce familias nobles representadas en el escudo de Úbeda con doce leones. No lo sabes, pero les has escuchado cientos de veces. Ambas familias se odiaban y años más tarde, recibieron en su localidad la visita de un obispo. Parece ser que Juan Sánchez de Aranda era un “chupacámara” y ninguneó, y de qué manera, a Juan Sánchez de Trapera en aquella visita clerical, que harto de ser subestimado, termino dándole matarile con una famosa puñalada a Aranda. Sí, de ahí viene lo de la “puñalada trapera”, la misma con la que Alfonso XI engañaba constantemente a su mujer, la hija del monarca portugués.

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Como siempre, un relato muy interesante y muy bien escrito.
GRACIAS