Nacida en 1535, fue llamada Juana en honor de su abuela presa, Juana la Loca. Fue nieta, hija, hermana y madre de reyes. Casada en Toro con su primo, Juan Manuel de Portugal, el chamo le duró poco porque la palmó de tuberculosis. Finalmente, y tras visitar a su abuela en su encierro en Tordesillas, aceptó ser reina regente cuando a su hermano, un tal Felipe II, le dio por ser Felipe I de Inglaterra gracias a su matrimonio con su tía segunda, una tal María Tudor, nieta de los Reyes Católicos.

Ejerció de reina entre 1554 y 1559, hasta que su tía segunda falleció sin descendencia y fue en esos años cuando España estuvo medio en paz mientras el resto de potencias europeas anduvieron a tortas. Eso sí, en el norte de África intentó de recuperar Bujía y tomar Argel haciendo caso omiso a su hermano.

En las prisiones separó a los morosos de los asesinos y ladrones, y contrató a monjas para pasear a los hijos de las reclusas. Mejoró las fortalezas y aumentó la flota, mientras aumentaba su colección de artículos de lujo y tapices de Flandes.

Para poder gobernar y poder disponer de información de primer orden, puesto que la actividad política le estaba vetada a las mujeres, enmarronó a su primo segundo, san Francisco de Borja, para que convenciera a san Ignacio de Loyola de que ella debía formar parte de los jesuitas. El único problema es que en la orden de los jesuitas solo podían entrar, como miembros, machirulos que fueran más de derechas que el grifo del agua fría. No tenía 20 años cuando en 1555 entró en la Compañía de Jesús con el nombre de Mateo Sánchez. ¡Una crack! La dejaron entrar porque la competencia sobre los votos religiosos estaban en poder de los reyes. Gracias a ella los jesuitas entraron en Flandes y en ciudades en las que antes no habían tenido presencia.

Cuando la tercera esposa de Felipe II, Isabel de Valois, se hartó de Toledo y se estableció la corte en Madrid, Juana decidió hacer un monasterio en el palacio en el que había nacido. Es justo desde donde ves Cortylandia mientras haces recuento de los años que les quedan a tus hijos para dejar de ir a verlo. El monasterio no es otro que el de las Descalzas Reales, un edificio en el que se entrenó Juan Bautista de Toledo antes de acometer El Escorial.

Su deseo al morir era haber sido enterrada en el lado de la epístola de la iglesia de las Descalzas Reales, en una capilla que le encomendó a Juan de Herrera, ancestro directo del menda que inventó el traje espacial, pero finalmente sus restos se trasladaron al Panteón de Infantes de El Escorial.

Juana de Austria o Juana de Habsburgo y Avís, Mateo Sánchez para los amigos, fue una de las mejores monarcas que tuvo España a la par que jesuita en secreto.

Monasterio de las Descalzas Reales, Madrid

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