Nacido en Cartagena en 1851, no inventó el submarino como muchos piensan.
Ya existían submarinos antes de Peral, y se conocían como submarinos de pértiga. Iban a pedales, por lo que se pasó de pedal a Peral. Sí, sí, no es de coña, iban a pedales. En una pértiga delante del submarino llevaban una bomba que depositaban en el barco enemigo. Luego se alejaban del barco con una cuerda unida al artefacto, de modo que cuando se encontraban a distancia, tiraban de la cuerda y se producía la deflagración. Suena a chiste, a Pepe Gotera y Otilio, pero era lo que había.

Hasta que Peral inventó un submarino hecho con las mejores piezas traídas de lo mejor de cada país. Él lo diseño y creó el primer submarino torpedero a propulsión eléctrica.
Al tipo le hicieron pasar todo tipo de pruebas, y el invento pasó todas ellas con éxito. Venían hasta de otros países a verlo, y claro, flipaban con el tal Isaac Peral. El submarino era autónomo, no iba a pedales, lanzaba bombas a larga distancia y se movía como pez en el agua de acuerdo a una exactitud de las coordenadas ya prefijadas, por lo que era la envidia de cualquier armada de la época.
Mientras Sagasta estuvo en el poder el proyecto parecía que iba adelante, pero fue llegar Cánovas del Castillo y se consideró todo su proyecto una fantasía, un engañabobos. ¿Para qué narices iba a servir aquello? Vete tú a saber por qué oscuros intereses se desprestigió un invento que bien valía devolver a la armada española al primer nivel internacional, pero amigos, esto es España.
Peral se fue enfadado, con pataleta incluida y terminó muriendo poco más tarde, en 1895.
En 1905 John Phillip Holland inventó el sumergible Holland siguiendo los pasos de Peral, y con unas baterías que duraban más que las de nuestro ingeniero. La Armada Española se hizo con su primer Holland en 1917 y lo llamó Peral.
El submarino original de Peral fue medio desguazado y a día de hoy se encuentra en su Cartagena natal.
Y lo peor de todo, en la guerra hispano-estadounidense, es decir, en el desastre de 1898, el comandante Nelson A. Miles confirmó que menos mal que en Santiago de Cuba la armada española no tuvo un submarino disponible como el de Peral, ya que habría sido imposible aguantar un ataque superior a 24 horas.

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