¿Sabías que tienes 2.048 decabuelos? A riesgo de que se me tache de estar como una cabra, que lo estoy, voy a desvelar una de mis aficiones: la genealogía.

La gente no es consciente cuán lejos se puede llegar sin apenas coste, aunque eso sí, dedicando mucho tiempo. Tras los tatarabuelos van trastarabuelos, pentabuelos, hexabuelos, etc, y poca gente es consciente de que todos teníamos esos 2.048 decabuelos en época de Felipe V. Es cierto que a nivel pueblo hay ramas que se cruzan, pero las matemáticas nos dicen que en la época de los Reyes Católicos debíamos tener unos 131.072 abuelos, que siendo realistas y debido a esas ramas familiares que se solapan, pueden ser unos 50.000, y eso, dentro de una población total de 6 millones que es lo que había en la “España” de aquel entonces.

Hay datos de nacimiento, matrimonio y defunción en todos los ayuntamientos desde 1871, datos de bautismo, matrimonio y defunción en la Iglesia desde 1563, libros de nobleza desde mucho antes y un archivo digital en la página PARES que conecta con los Archivo Histórico Nacional, Militar, Provincial, Simancas, etc.

¿Hasta dónde he llegado yo? En algunas ramas hasta la época de Juan II en pleno s. XV. En total tengo ubicados entre mi árbol y el de mi esposa, 1.600 antepasados directos, sin contar primos o hermanos, es decir, abuelos directos. ¿Qué he encontrado? Pues que tengo abuelos que han sido caballeros, nobles, generales, tenientes coroneles, capitanes, escribas, abogados, hermanos de frailes y monjas, fundadores de conventos, zapateros, labradores, panaderos, carpinteros, pregoneros, jornaleros. ¡Tengo de todo! Si uno sólo de ellos no hubiera existido, yo no estaría escribiendo este artículo.

En cada documento aparece el origen geográfico de los protagonistas. Yo, que pensaba que era de la Mancha toledana, resulta que tengo ancestros anteriores a 1800 en Cuenca, Ciudad Real, Albacete, Guadalajara, Madrid, Segovia, Ávila, Zaragoza, Teruel, Asturias, Cantabria, Álava, Valencia, Murcia, Almería y Granada…más lo que siga saliendo.

Todos tenemos apellidos compuestos, y lo digo por aquel político que señalaba despectivamente a quienes los tenían. Yo, nuevamente y, por ejemplo, me apellido Lominchar Plaza, pero si hubiera nacido en 1800 me apellidaría Martínez-Lominchar de la Plaza, en 1700 me apellidaría Martínez de Lominchar Martín de la Plaza y si hubiera nacido en 1550 me apellidaría Martínez Martín de la Plaza. Y esto sólo en lo que respecta a mis dos primeros apellidos. Tendría que escribir un nuevo artículo para narrar todo lo que he aprendido.

Otra de las cuestiones que demuestra un estudio así es que un gran porcentaje de apellidos es de origen judío y árabe, más o menos, el 25-30% en cada uno de los casos, y eso tirando por lo bajo, y es que los españoles somos el resultado de una mezcla de culturas prolongada a lo largo de los siglos.

Me hace mucha gracia la película de “Ocho apellidos vascos”, ya que, particularmente, la cifra se me queda corta, pero sobre todo lanzo una idea, y es no criticar la historia de España por el mero hecho de ser muchas veces deporte nacional, ya que lo que he podido aprender de mi investigación es que todos, seguramente, tenemos raíces en cada uno de los rincones de España. La historia de España es la historia de nuestras familias, así, sin anestesia.

Yo sé que en la sociedad actual en la que vivimos, los gobiernos, me da igual de qué color y de qué país, lo que quieren es que miremos hacia otro lado mientras se gastan nuestros impuestos, que nos entretengamos recibiendo paquetes de Amazon y Glovo y que no duremos demasiado una vez rebasada la edad de jubilación. Sé que, en una sociedad inmediata en la que todo es a golpe de click y que olvida a golpe de escándalo, siempre siendo mayor el actual que el anterior, necesitamos consumir para presumir en la red social de turno y crearnos un personaje ficticio que no se corresponde exactamente con la realidad, una realidad tozuda que habita en un ecosistema, en una comunidad, en una sociedad empeñada en condenarse al olvido. Pregunta a tus padres qué llevas de tu abuelo en tus genes, en qué te pareces a tu abuela, o qué tienes en común con ese tío que murió hace años, porque sólo así sabrás mucho mejor quién eres y de dónde vienes. Es muy rancio, lo sé, soy muy friki y, seguramente que, en la campana de Gauss estoy en uno de los extremos, pero toca, haz el favor de tocar por ti mismo tu propia historia, es decir, tu propia existencia. Averigua quién eres. ¿De verdad, no crees que es bonito? Para mí, hacer mi propio árbol genealógico ha sido la mayor bofetada de humildad y una de las cosas más bonitas que he hecho nunca…y lo sigo haciendo.

Video que establece estadística que demuestra lo «únicos» que somos.


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