Theodore Roosevelt era secretario adjunto de la Marina en 1897, pero ya desde 1886 y tras su paso por la Asamblea de Nueva York, fue cuando le sugirió a John Davis Long, ministro de la US Navy, ascender a primera división echando a aquellos europeos que aun ocuparan suelo en América. Y ya en 1897 sugirió liberar Cuba de una España atroz y malvada. Cuatro años antes de ser presidente de EEUU, el New York Journal envió a reporteros que pudieran narrar la revolución cubana, pero mira por donde, todo estaba en calma en el país caribeño. A las órdenes de William Randolph Hearst Apperson, los periodistas Richard Hearding Davis y Frederick Remington cobraron 3.000 $ semanales de la época para mostrar el conflicto sí o sí.

Presidente de EEUU Theodore Roosevelt

En enero de 1898 Washington anunciaba el envío en son de paz de un buque acorazado dirigido por el comandante Charles Dwight Sigsbee, el Maine, pero el embajador español en EEUU, Enrique Dupuy de Lôme, dijo que de amistoso aquello no tenía nada. A su llegada, el barco fue amarrado en la boya 4 por el práctico Julián García López, mientras la rata de Hearst tomaba sus instantáneas. Una semana antes, Roosevelt había sugerido a Long un ataque sobre Barcelona, por lo que Dupuy no iba del todo desencaminado.

Charles Dwight Sigsbee

Y de repente, el 15 de febrero, el barco explotó a las 21:40 h. Sigsbee, sin demora, informó de la catástrofe, de los heridos, de los fallecidos y de la colaboración rápida de los españoles y del gobernador y capitán general Ramón Blanco y Erenas. Sigsbee se comunicaba en tiempo real con el comandante de la base naval de Key West (Florida), el capitán de navío James A. Forsythe, y éste, a su vez, con el entonces presidente William McKinley. Tanto Forsythe como Sigsbee desaconsejaron enviar refuerzos dada la ayuda española, pero Hearst publicaba el 17 de febrero una noticia con un titular demoledor: “La destrucción del buque de guerra Maine había sido provocada por el enemigo”, señalando que Roosevelt estaba convencido de que no había sido un accidente. Llegó a ofrecer 50.000 $ para quien diera pistas de los culpables de las 266 muertes provocadas por la deflagración. Tres años más tarde, Hearst sería congresista y Roosevelt presidente.

Gobernador y capitán general Ramón Blanco y Erenas

Sin Hearst no habría habido ni guerra, ni desastre del 98. Seguro. Hearst vendió 1,25 millones de periódicos, mientras que su competencia, el New York World de un tal Joseph Pulitzer, vendió 40 ediciones en un solo día. Su titular fue “La explosión del Maine fue causada por una bomba o un torpedo”. Entre otras noticias, el gañán de Pulitzer aseguraba que los oficiales españoles habían brindado tras el hundimiento, cuando la realidad fue que estuvieron ayudando durante toda la madrugada del 16 de febrero.

Ya tarde, como casi siempre, España reaccionó impidiendo a Hearst acceder al telégrafo, lo cual le sirvió para vender el hecho como represión de un país beligerante. Hearst animó a comenzar una guerra y Pulitzer publicó que 30.000 indios dirigidos por Bufalo Bill ganarían a los malvados españoles. Hoy todos los periodistas del planeta se pelean por llevarse el premio que lleva su nombre., ¡manda h…! Antes de llevarme un Pulitzer preferiría que practicaran una colonoscopia. Dicho desde el cariño.

Joseph Pulitzer

España comprobó que la explosión provino de la combustión espontánea de un carbón del habitáculo contiguo al de la munición. ¡De traca, nunca mejor dicho! Y es que ni hubo columna de agua, ni hubo peces muertos, y la munición no podía explotar al hundirse un barco. Es más, es que la chapa del barco estaba doblada hacia afuera y no hacia adentro, pero ni por esas.

El 19 de abril de 1898 EEUU reconocía la independencia de Cuba instando a España a abandonar el país, y el 25 de abril EEUU le declaró la guerra a España. Pronto, el 4 de mayo, Cuba, oficialmente, y por primera vez en su historia, era una colonia, en este caso, de EEUU, y dejaba de ser una provincia de ultramar. Parece que no, pero no es lo mismo. Habría que esperar décadas para que un tal Fidel Castro trajera la independencia a los cubanos… o no, viendo cómo les ha ido. El final de la guerra fue de chiste, con 376 españoles muertos, uno por parte de EEUU, 150 heridos españoles, 2 estadounidenses, 6 barcos españoles hundidos y unas pequeñas reparaciones en dos de los 10 barcos norteamericanos. Mucho cuidado porque la historia podría haber sido diferente si España hubiese enviado a la zona a sus destructores de la “Clase Furor”, con el “Audaz”, “Osado” y “Proserpina” y escoltados por los cruceros “Patriota”, “Meteoro” y “Carlos V”, y sin olvidar al mejor de los acorazados de la época que era el “Pelayo”, un buque de guerra del que no disponían los americanos y que consumía más que el cantante de la orquesta de tu pueblo. Se habló de “el contragolpe español”, pero Londres se opuso a una guerra en el Atlántico y a pesar de tener buenos barcos en la península, la logística se tornaba difícil. Finalmente, se optó por enviar al Pelayo a Filipinas, pero en Suez se quedó taponado ante una administración egipcia al servicio, nuevamente, de Londres. Vamos, que le hicieron la “trece, catorce” y para cuando le dieron los permisos de acceso se tuvo que volver a España porque ya era demasiado tarde. Aquel barco recibió el apodo de “El Solitario”.

William Randolph Hearst

Ya siendo presidente Roosevelt (lo fue de 1901 a 1909), el propio Long diría que el presidente entró en Cuba como un elefante en una cacharrería, pero para entonces ya poco importaban sus declaraciones.

El PNV, con Sabino Arana a la cabeza, habló de un EEUU como “defensor de los pueblos oprimidos” y felicitaron como auténticos pelotas y advenedizos a Roosevelt. España, por su parte, encarceló a Sabino. ¡Si levantara hoy la cabeza!

Décadas después, en 1976, el almirante Hyman G. Rickover, con dos medallas del Congreso de los EEUU, dictaminó lo que ya adelantó España en febrero y marzo de 1898, es decir, que la explosión tuvo lugar desde el interior del Maine. Esto se afirmó en lo que se conoce como Informe Rickover. El menda no era cualquiera, puesto que estaba al mando del armamento nuclear de los EEUU. De todo lo que se arrebató a España, a día de hoy, siguen medio perteneciendo a EEUU Puerto Rico y la isla de Guam como territorios no incorporados. Y como curiosidad, añadir que la estelada, sin ir más lejos, está inspirada en las banderas de Cuba y, sobre todo, Puerto Rico, es decir, está diseñada para tocar los huevos.

Llamativo es el término de “prensa amarilla” que empleamos actualmente para referirnos a líneas editoriales o noticias poco contrastadas y/o sensacionalistas. Se debe a que el color del papel del New York Journal era de color amarillo en la época del episodio del Maine. Tampoco se fue coherente con el discurso para expulsar a todos los europeos de América, ya que franceses, ingleses y holandeses siguieron conservando sus pequeñas islas en la zona. Y para rematar y como curiosidad, el director cinematográfico Orson Welles se inspiró en Hearst para crear el personaje de “Ciudadano Kane”, Charles Foster Kane (acaudalado y megalómano magnate de la prensa sensacionalista), y es por ello que el periódico de Hearst no dejó de boicotear la película.

EEUU, pese a estas grandes y brutales fake news, jamás ha pedido perdón a España, el país que le ayudó a independizarse de Inglaterra. Ni se le espera. Si había armas de destrucción masiva en Irak, ¿no iban a ser los españoles los que hundieran aquel barco? ¡Amonomj…!

Imagen del acorazado Maine tras su destrucción

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