Gonzalo Fernández de Cordoba y Enriquez de Aguilera era de Montilla (Córdoba), y teniendo un hermano mayor, podríamos decir que era el segundón de una familia de alcurnia. Pasó a las órdenes de Isabel I y pronto destacó, hasta el punto de que en Granada se especializó en asedios y fue el encargado de negociar la rendición con Boabdil, el último rey nazarí.  

Busto de Gonzalo Fernández de Córdoba

Tras la reconquista, Fernando V de Aragón, el Católico, tenía a su familia Trastámara reinando en Nápoles, pero un Anjou, Carlos VIII, el rey de Francia, la lio parda entre españoles y franceses en 1495 debido a que reclamó para sí los santos lugares. Fernando el Católico les debía algún favor previo, pero tras la toma del sur de Italia, el rey aragonés mandó a Gonzalo para ayudar a su primo.

Gonzalo llegó en 1495 y en minoría a un puerto en Calabria, en el sur del país, en el mismo punto que eligieron, siglos después, los aliados en la 2ª Guerra Mundial. Tomó el sur de Italia y perdió estrepitosamente en Mesinara. Allí aprendió rápido y, al igual que en Granada, rectificó para pasarse a emprender asedios. Así, tomó ciudades pequeñas con castillos y fortalezas en el interior del sur de Italia de modo continuado, en plan agile. Ante su avance lento y firme, los italianos y franceses empezaron a llamarle Gran Capitán. Tomó los puertos de Gaeta y Ostia y le dieron los ducados de Santángelo, Terranova, Andría, Montalto y Sessa y el papa le colmó de regalos en 1498.

Monumento en la Plaza de las Tendillas, Córdoba. Primer monumento en España a su figura. Año 1923.

Tras apagar la revuelta de las Alpujarras en 1500, fue enviado a una Venecia tomada por otomanos. Le costó meses recuperar el castillo de San Jorge, pero lo consiguió con el padre de los Pizarro y con el Sansón de Extremadura. En agradecimiento, Venecia le otorgó títulos de la república y mucha pasta, pasta que repartió entre los suyos y esto hizo que su ejército se mantuviera compacto.

En Italia puso el ojo el nuevo rey de Francia, Luis XII, que entró en 1503. Fernando volvió a recurrir a Gonzalo, que llegó con un ejército 3 veces inferior. Nuevamente y a la granadina, se hizo con plazas pequeñas en el interior más montañoso, y es que el tipo era un todoterreno. Tenía más tracción que tú haciendo el amor con calcetines. Regaló sus propias posesiones a señores italianos, con lo que la balanza se fue equilibrando en su favor. Tras tomar Barletta y Ruvo di Puglia, se podría decir que el imperio español se inauguró en 1503 en Cerignola, un imperio que terminó en Trafalgar 3 siglos después si atendemos al tema batallas. Realmente el imperio terminó en 1898.

Batalla de Cerignola

Con algunos hombres más que Luis de Armagnac, el duque de Nemours, pero con mucha menos artillería y caballería, tomó Cerignola y construyó un talud con trincheras, distribuyendo de forma ordenada y repetitiva a 1.000 arcabuceros (se les solía desdeñar por lentos), 2.000 ballestas, infantería,  una caballería escasa en los flancos y con sus solo 17 cañones en lo alto. La temida caballería francesa lo vio todo como pan comido, atacó de una sola vez y en un instante, los arcabuceros españoles los destrozaron. Lejos de huir, buscaron otra entrada, pero las ballestas y arcabuceros les rompieron nuevamente. La infantería francesa atacó de repente y sin descanso y los españoles aguantaron el tirón. El golpe final lo dio la escasa caballería hispana. Una hora duraron los franceses. El alucine fue tal que, todos los italianos profranceses se hicieron prohispanos más rápido que un soltero limpiando el baño.

Luis XII no se acható y mandó a su ejército al rio Garellano. Allí los españoles habían tomado el castillo Nuevo y el del Huevo. En minoría, Gonzalo resistió y nadie se atrevía a cruzar el río. En la navidad de 1503 Gonzalo pidió una tregua de dos días para celebrar el 25 y 26 de diciembre, pensando los franceses que los españoles estaban ya en las últimas, pero en la madrugada del 27 al 28, Gonzalo mandó construir un puente a toda prisa, de modo que, al amanecer, los franceses fueron sorprendidos sin anestesia. Tuvieron 8.000 bajas en un santiamén. El temor fue tal que, Gaeta se rindió y Gonzalo entró en Nápoles siendo aclamado. Fue virrey de Nápoles. Será recordado siempre por el manejo combinado de infantería, caballería, artillería y fuerza naval, y fue el embrión de los tercios… ahí es nada.

Fallecida Isabel la Católica, el rey Fernando se casó en segundas nupcias con Germana de Foix, sobrina del rey francés, y tras no se sabe si por celos de Gonzalo, lo devolvió a España, y aunque le prometió ser el maestre de la orden de Santiago, al final no lo hizo. Además, las posesiones de los caballeros de Gonzalo se regalaron a los franceses y con ello, Gonzalo fue igual de ninguneado que Messi por Bartomeu. Hasta le pidieron cuentas de su virreinato de Nápoles y aunque esto entra dentro de la leyenda, se dice que el Gran Capitán facilitó el Excel adjunto.

Ambos, rey y general, murieron con un mes de diferencia, es decir, el rey Fernando y el Gran Capitán tuvieron vidas muy paralelas. Sus restos, los de Gonzalo, fueron llevados a San Jerónimo de Granada por expreso deseo suyo 37 años después de su muerte, y allí dicen las crónicas que había muchos de sus soldados en Italia. Los franceses expoliaron su tumba a comienzos del s. XIX, llevándose el general Horace Sebastiani su espada (una copia, la auténtica se robó en 1671, y se cree que esta en la Real Armería de Madrid) y su calavera, y en su lápida, ahora, se cree que ya no están sus restos sino otros.

Hubo que esperar 400 años para tener un monumento suyo. El olvido de este héroe fue brutal en toda Europa y vergonzante en España, pero con una excepción brillante, Cervantes lo menciona en el Quijote. ¡Menos mal que estas cosas ya no pasan!

Tumba de el Gran Capitán en San Jerónimo de Granada

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