Felipe II fue un rey que a su muerte nos dejó a su hijo, un regalito con lazo incluido, Felipe III, un tipo más tonto que un submarino descapotable y que tiene el honor de presidir la Plaza Mayor de Madrid. Felipe III era un menda que rezaba 9 rosarios diarios y que ha pasado a la historia por ser el primer tipo en morir de protocolo. Un buen día, en el antiguo alcázar de Madrid, se encontraba cerca del fuego y le comenzó el sofoco. Pidió que apagaran el fuego, pero el protocolo dictaba que la persona que le acompañaba, el Marques de Tovar, no era quien debía apagarlo. El tipo, con menos luces que una patera, no se levantó, y para cuando encontraron al encargado, el Duque de Uceda, el rey ya estaba más pallá que pacá. No lo contó.

Felipe III, monumento en la Plaza Mayor de Madrid

En el reinado de Felipe III, el realmente listo fue su valido, el Duque de Lerma, Francisco de Sandoval y Rojas. Este tipo, al morir Felipe II en 1598, comenzó a ser el hombre de confianza de Felipe III y emprendió la compra de casas y terrenos en Valladolid. Así, en 1601, nadie sabe cómo, pero convenció al rey para cambiar la capitalidad de España a Valladolid. Con el rey se desplazaba toda la corte, parte del clero, nobles, funcionarios, etc. Toda esta gente necesitaba encontrar donde vivir, y ¿quién estaba allí para vender? Lerma compró por 80.000 maravedíes y vendió por 55 millones. Al propio Felipe III le vendió un palacio por 30 kilos ¡El p… amo!

Duque de Lerma

No contento con ello, con el cash flow obtenido comenzó a comprar barato en Madrid y se hizo con todo Recoletos, el Pº del Prado, Bailén y medio Madrid de las Letras en un momento en el que los carteles de “for sale” abundaban. Madrid pidió retornar la capitalidad y pagó 250.000 ducados sin esperar nada a cambio. De aquella pasta, la tercera parte fue a parar al bolsillo del Duque de Lerma, unos 93 millones de maravedíes. Y así, el duque comenzó a comerle la oreja al papanatas del rey nuevamente, y no se sabe qué carajo le dijo, pero en 1606, Madrid volvía a ser la capital. ¿Quién estaba en Madrid para vender caro? Exacto, el tal Lerma. Con lo ganado, se hizo una choza más grande que el alcázar de su jefe. Ese casoplón en cuestión es el Palacio de Uceda, esquina de las calles Mayor con Bailén.

Total, que por un caso parecido a las tarjetas black, la esposa del rey, Margarita de Austria, le cogió la matrícula y estuvo a punto de llevarle a la horca. A la horca de la Plaza Mayor fue el ayudante del Duque de Lerma, Rodrigo Calderón de Aranda, pero el duque la evitó porque gracias a su networking, consiguió entrar en el clero como cardenal. Así, el pueblo comenzó a cantar una coplilla que decía “para evitar ser ahorcado, el mayor ladrón de España, ahora viste de colorado”.

Este fue el primer caso de corrupción urbanística de la historia. ¡Menos mal que estas cosas ya no pasan!

El Duque de Lerma como cardenal

El tema fue a más cuando el sexto hijo de los reyes, Fernando de Austria, fue nombrado cardenal cuando solo tenía 10 años de edad. El “cardenal infante” se le llamó. Sí, sólo 10 años, ¡record Guinness! Su madre, Margarita, lo animó a meterse a cardenal para postularse como arzobispo de Toledo, el mayor cargo de la cristiandad después del papa. Las razón que se defendió fue que nunca un miembro de la casa real había sido arzobispo de Toledo y ya iba siendo hora, pero la verdadera razón era competir contra el Duque de Lerma, que le había puesto el ojo a esa mitra, pues otorgaba la gestión de 250.000 ducados, nada más y nada menos. ¡No era listo el Lerma ni ná! Lo curioso de Fernando de Austria, es que al contrario de su padre, fue un tipo bastante avispado, aparte de cardenal, termino siendo Virrey de Cataluña y gobernador y general de los Países Bajos…sí sí, un cardenal general, y como todos los borbones, un loco por las faldas, ¡con un par!

Fernando de Austria, el cardenal infante

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