Portugués de nacimiento, pero considerado español, el conde de Villamediana fue un escritor a la altura de los grandes de las letras de nuestro siglo de oro como Lope de Vega o Calderón de la Barca. Nacido en Lisboa en 1582, hoy, muy pocos conocen a Juan de Tassis y Peralta.
Su padre y su abuelo establecieron el servicio de postas con cargos de Correo Mayor del Reino. Vamos, que nunca perdieron el “tassis”.
El tipo era tan guapo que hasta el propio Felipe III le distinguió como gentilhombre. No en vano, el tipo era de los que portaba vestimentas suntuosas de Armani y Dolce&Gabbana.
Sus deudas en el juego y sus poemas satíricos y mordaces en los mentideros le dieron fama entre el pueblo puesto que como humorista, ridiculizó a los grandes personajes de la época. A todo ello, hay que añadir que fue un don Juan dado su éxito entre las mujeres. Acusado de homosexualidad, lo cierto es que tuvo numerosas relaciones heteros, si bien, el ser tachado de “gay” sirvió para hacer mella en su imagen.
Tras un incendio en palacio, se dice que Villamediana fue quien rescató a la reina, la cual, después de verle rejonear en una corrida de toros y tras saborear sus versos en las justas literarias celebradas en la Plaza Mayor de Madrid, parece que quedó prendada de él. Eso y que, Isabel de Borbón estaba harta de los cuernos que le ponía el rey con una actriz apodada la Calderona. Finalmente, se comenta que se enrolló con este escritor galán, apuesto, bien parecido y que, además, era famoso en la corte. Como rejoneador, además, tuvo mucho éxito. Picaba tan bien a los toros que, en cierta ocasión, la reina, al oír abrirse la puerta de su dormitorio y sin girarse, le dijo a su camarera que el conde picaba bien. Pero claro, resultó que eso no se lo había dicho a su camarera sino a la persona que accedió a sus aposentos y que, no era otro que el propio rey, su esposo. Felipe IV le dijo que el conde picaba bien, pero que picaba alto. Él podía ponerle los cuernos a la reina, pero si la cosa era al revés el tema se tornaba embarazoso.

Tiempo después el conde de Villamediana, mientras se desplazaba en su carruaje, recibió un ballestazo en la calle arenal de Madrid, cerca del acceso a la Plaza Mayor. Dicen que se desangró por completo. El sospechoso siempre fue el rey y hubo quien afirmaba que quien se encargó de planearlo todo fue su valido, el Conde-Duque de Olivares, pero de todo esto siempre ha habido dudas y todo tipo de conjeturas. El caso fue que, de forma más que sospechosa, se llegó a afirmar que el rey pidió olvidar todo lo referente a este literato y quizás, por ello, no es seguro, el común de los mortales no ubique a día de hoy a este gran poeta. Vamos, que fue un ataque ad hominem de libro.
Góngora le defendió en todo momento, pero Lope de Vega y Quevedo afirmaron que su final fue más que merecido. 40 años tenía el chamo y la reina, Isabel de Borbón, se quedó sin su amante.

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Me encanta iniciar la mañana leyendo ya relatos.
Este me ha gustado mucho
Conozco la historia a partir de la novela de Néstor Luján, «Decidnos, ¿quién mató al conde?». Muy recomendable.
El poema de Góngora da una posible pista sobre el «presunto» asesino o, al menos, «inductor»:
Mentidero de Madrid
decidme, ¿quién mató al conde?
Ni se sabe, ni se esconde.
Sin discurso, discurrid:
dicen que le mató el Cid,
pues era el conde Lozano,
disparate chabacano.
La verdad del caso ha sido
que el matador fue Bellido
y el impulso soberano.