Un borgoña, Alfonso VIII de Castilla, y una princesa inglesa, Leonor de Plantagenet, su esposa, fueron quienes fundaron en 1187 un monasterio burgalés que sirviera para dar mando a las mujeres dentro de la vida monástica. En 1199 ya era la casa madre de todos los monasterios de Castilla y León.

Su nombre se debe a un terreno de cultivo no trabajado y dedicado a pastos, es decir, las huelgas. ¡Curioso origen del término! Pues sí, estamos hablando de Santa María la Real de las Huelgas, un monasterio de la orden de monjas cistercienses de San Bernardo. Cómo lo verían los republicanos que en junio de 1931 lo declararon bien de interés cultural y, desde entonces, es monumento histórico-artístico.

Fue un centro importante para la realeza castellana. Así, las damas nobles que se metían a monjas iban de cabeza a este edificio y de veras que tuvieron influencia política, tanta que las abadesas eran nombradas por el rey de Castilla. Es más, una de las primeras abadesas fue la hija de los reyes fundadores, Constanza de Castilla. Estas monjitas pilotaron tanto que estuvieron por encima de la curia episcopal y solo reportaban al papa. La abadesa daba licencias a sacerdotes para que estos pudieran hacer su trabajo y nombraban hasta los alcaldes de las 54 villas que estaban bajo su señorío. Por llevar, las abadesas llevaban hasta báculo y mitra (el sombrero de los obispos), símbolos de poder dentro de la Iglesia. Estos privilegios de las Huelgas se mantuvieron hasta que en el s. XIX aguó la fiesta el papa Pío IX, un papa conservador que, aprovechando la inestabilidad de un siglo de chiste para España, decidió centralizar su autoridad y meter en cintura a las monjitas.

Entre sus muros se enterraron y se proclamaron reyes y se armaron caballeros antes de ser monarcas, como los casos de Fernando III, Alfonso XI o incluso Eduardo I de Inglaterra. También se diseñó este edificio para ser panteón real y allí se enterraron algunos reyes medievales, si bien la invasión napoleónica expolió el lugar infligiendo un daño económico y cultural incalculable.
El edificio, mezcla de estilos románico, gótico y mudéjar, fue la repera y en él podemos ver algunas de las vidrieras más antiguas de España, pero lo que realmente mola del edificio es su códice musical. Se trata de una de las fuentes europeas más importantes de la polifonía del Ars Antiqua (el periodo de la escuela de Notre Dame de polifonía entre 1170 y 1310) y sí, esta en nuestra provincia de Burgos.

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Como siempre, un relato entretenido e ilustrativo.