¿Conocen los españoles la historia de Benjamina? Posiblemente no, aunque sea de una de esas preciosas historias de las que sacar pecho.

Muchas veces, cuando analizamos cuestiones de rabiosa actualidad, no somos muy conscientes de que eso mismo ya se ha vivido anteriormente en nuestro pasado y que, además, forma parte de nuestra condición humana. A mí, irónicamente, me gusta decir eso de “menos mal que esas cosas ya no pasan”. Lo fastidiado del tema es que casi siempre recurro a estas palabras para poner en valor algo negativo, pero también podemos hablar de cuestiones tremendamente bonitas y humanas, muy humanas. Vamos con Benjamina.

Benjamina nació hace 530.000 años en lo que hoy conocemos como Sierra de Atapuerca y su naturaleza era preneandertal, concretamente, homo heidelbergensis. Su cráneo, el número 14, se halló en la famosa Sima de los Huesos en 2001 y a quienes les tocó su estudio, rápidamente pensaron algo así como, “vaya, nos ha tocado el rarito”. Hemos de tener en cuenta que en este lugar se han descubierto un total de 6.500 restos fósiles de, al menos, 28 individuos.

Perfiles del cráneo de Benjamina

¿Qué tenía de raro este cráneo? Pues que estaba deformado. Tras la reconstrucción total del cráneo y después de un sinfín de análisis, los investigadores concluyeron que se trataba de una niña de unos 10 ó 12 años de edad a la que, por añadidura, le diagnosticaron una patología llamada “craneosinostosis”. ¿Qué suponía esta deformación tan notoria en su cabeza? Pues que la joven tuvo problemas serios de psicomotricidad. ¿Y qué supone tener problemas de psicomotricidad y haber vivido hasta esa edad hace más de medio millón de años? Pues supone que su familia, su tribu, su comunidad, la cuidó con muchísimo cariño hasta el último de sus días. Es el primer caso conocido de integración en la humanidad. Los arqueólogos la llamaron Benjamina, que en hebreo significa la más querida. ¿Mola la historia o no mola?

Estamos hablando de que nuestros ancestros de hace quinientos mil años se procuraron un estado del bienestar que, pese a que suponía sacrificios y trabajo adicional, les reportaba la satisfacción de la recompensa del amor, del cariño y de la empatía hacia los más vulnerables. Y todo esto en el pleistoceno medio.

Hoy, en España, tenemos un caso como el de Benjamina cada 200.000 habitantes. Benjamina sobrevivió más tiempo del que cabía esperar. Hablamos de solidaridad y apoyo comunitario. ¿Me equivoco al afirmar que la resiliencia y adaptabilidad de Benjamina tuvo que estar fuera de toda duda? Este fue, seguramente, su esfuerzo ante una sociedad que la aceptó sin condiciones. Estamos hablando de una sociedad que, además de tener ética, practicó la inclusión y el respeto a la diversidad humana, adaptándose a una vida diferente para incluir sin reparos a Benjamina. Benjamina es el amor hecho fósil.

Sima de los Huesos, Atapuerca (Burgos)

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