Corría el 31 de mayo de 1906 cuando un anarquista decidió darle matarile a Alfonso XIII, un tipo que acababa de casarse en los Jerónimos con Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de nada más y nada menos que la reina Victoria de Reino Unido, la considerada como reina de Europa por haber casado a todos sus nietos con futuros reyes y reinas.

Pues bien, este anarquista de Sabadell, Mateo Morral, se hospedó el día antes en el hostal que estaba encima del famoso Casa Ciriaco de la C/ Mayor, un restaurante castizo que tiene la mejor gallina en pepitoria de España y que es famoso por sus bodegas en el sótano y sus excelentes vinos. Este local, en aquel entonces, era lugar de encuentro para escritores, gente de la farándula, toreros y entre sus paredes se desarrollaron tertulias de literatura y política. Por allí pasaron, Zuloaga, Azorín, Ortega y Gasset, Mingote, Pastora Imperio y por supuesto, el perejil de todas las salsas, Valle-Inclán. Tanto es así que, en la obra que da origen al esperpento, “Luces de Bohemia”, Ramón María sitúa el comienzo de la acción de sus protagonistas, Max Estrella y Latino de Híspalis, en Casa Ciriaco, solo que el autor lo rebautizó en su inmortal obra como la librería llamada Cueva de Zaratustra.

Ese día previo a la boda real, Mateo Morral debatió junto a Valle-Inclán en el ya mencionado Casa Ciriaco y seguro que arreglaron el mundo. Un arreglo que seguramente pasó por abolir la monarquía por parte de Morral y de hablar de figuras que influyeron enormemente en la Europa de comienzos del XX como la deL ya fallecido Karl Heinrich Marx, un tipo emparentado con la aristocracia prusiana que dejó embarazada a la criada y cuyo hijo bastardo se lo encasquetó a su colega Friedrich Engels. No olvidemos que Valle-Inclán evolucionó desde el conservadurismo y el carlismo hasta terminar en la izquierda más radical, no tanto como comunista sino más bien como antifascista.
El cortejo nupcial estaba llegando a Casa Ciriaco cuando desde la penúltima ventana de la izquierda del último piso asomó un Mateo que arrojó un ramo de flores que en su interior ocultaba una bomba. El tendido del tranvía evitó que el ramo cayera encima de los recién casados, pero el resultado de la acción anarquista dejó un reguero de sangre, concretamente, 23 fallecidos, niños incluidos (ahora se llaman daños colaterales), cientos de heridos y un montón de caballos del cortejo agonizando.
Tras la escabechina, los reyes huyeron a su banquete en el Palacio Real para iniciar en España la hortera tradición británica de cortar una tarta con una espada mientras Mateo Morral escapaba como una rata de cloaca.
La presión fue enorme y dos días más tarde dieron con él en Torrejón de Ardoz, en donde fue detenido. En un momento de distracción, el menda se suicidó con su pistola si bien, autopsias posteriores, confirmaron que la bala provino de un arma de mayor tamaño. Parecido a lo que le pasó al asesino del presidente José Canalejas en 1912, que se suicidó de dos disparos en la cabeza. Sí, antes la gente estaba hecha de otra pasta y era necesaria más de una bala.

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Gracias, como siempre, por escribir de una forma tan amena y precisa