Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, Velázquez para los amigos, fue un pintor sevillano del barroco que ha sorprendido a todas las generaciones. Tiene que molar poder decir que eres descendiente de Velázquez, ¿verdad? Pues bien, nietos suyos son unos tales Sofía, Felipe VI y Leonor, ¡con un par! Sí, mucha gente no lo sabe, pero resulta que los descendientes de Velázquez comenzaron a escalar socialmente, de modo que emparentaron con la aristocracia germana, más tarde con la reina Victoria I de Inglaterra en parentesco de primos, una princesa de Prusia, el rey Pablo I de Grecia y de ahí a la reina Sofía y nuestros actuales Felipe y Leonor.

Casado con María Pacheco, el tipo tuvo varias amantes, entre las que destaca la modelo italiana Olimpia Triunfi, con la que tuvo un hijo reconocido, Antonio. Curioso es el caso del cuadro “La venus del espejo”, en donde la venus es su amante y el cupido de la pintura es su propio hijo. ¡No se cortaba el menda!

Después de muerto fue demandado y condenado por desfalco y su yerno tuvo que hacerse cargo de la deuda. ¡Menos mal que estas cosas ya no pasan en la familia!

Con 28 años pasó a cobrar 400 ducados anuales, ya como pintor de cámara, y se infló a pintar al Conde Duque de Olivares y al rey Felipe IV. Tuvo a su propio esclavo (algo habitual entonces), Juan de Pareja, un gran pintor al que ayudó a obtener carta de libertad. Viajó a Italia y flipó con Tiziano, Miguel Ángel y Rafael, sin olvidar su amistad con el flamenco Rubens.

«La fábula de Aracne», conocida como «Las Hilanderas»

Se dice también que Felipe IV le habló en la penumbra al retrato del capitán general Adrián Pulido, pensando que era el propio Adrián en persona.

Aunque decir Velázquez es decir “Las Meninas”, el cuadro de “Las Hilanderas” tiene su miga. El nombre oficial es “La fábula de Aracne” y versa sobre unas trabajadoras de la Real Fábrica de Tapices, inspiradas a su vez en la Capilla Sixtina de Miguel Ángel. Se trata del primer cuadro de la historia que representa el movimiento, pero lo curioso es que Velázquez pinta un cuadro de Tiziano que copió su amigo Rubens y que terminó copiando él mismo convirtiéndolo en tapiz.

Acabó siendo aposentador real y uno de sus últimos trabajos tuvo lugar en la isla de los Faisanes, una islita del rio Bidasoa que se alternan cada 6 meses España y Francia…una de esas fronteras raras que aún se mantienen. Allí se firmó el Tratado de Paz de los Pirineos, que incluía la boda de Luis XIV con la Infanta María Teresa, el 10 de junio de 1660. Cada mitad de la isla era decorada por cada país, y parece ser que el encargado francés delegó en el español que, no era otro que Velázquez, y al final, el sevillano se encargó de la isla entera tras el escaqueo del gabacho. ¿Quién pintó aquello? Pues un francés llamado Jacques de Laumosnier, que retrató la labor de Velázquez. Aquel curro de decorador le agotó y vino con peor cara que Marco en el día de la madre. Murió un par de meses más tarde, 6 días antes que su mujer. Pintó unas 130 obras y su reconocimiento universal, ¡como no! llegó tarde, a mediados del s. XIX, si bien los entendidos en el arte de la pintura le conocían desde siempre.

La entrevista de Luis XIV y Felipe IV de España en la Isla de los Faisanes

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