Una vez declarado el alzamiento del bando nacional para unos y el golpe de estado para otros (fue un golpe de estado en toda regla), la República no supo medir acertadamente el alcance de aquella sublevación desde un principio y tras verle las orejas al lobo días más tarde, el gobierno decidió buscar unos apoyos que no iban a salir baratos.
El llamado “Oro de Moscú” u “Oro de la República”, fue nada más y nada menos que 510 toneladas de oro que fueron rumbo a la URSS y que suponían el 72% de las reservas de oro del Banco de España. El gobierno presidido por el socialista Largo Caballero autorizó una operación a iniciativa de su ministro de Hacienda, Juan Negrín. El 28% restante de la reserva, 193 toneladas más, se dirigió a París en lo que se conoció como “Oro de París”, pero el conjunto entero ha pasado a la historia como el conocidísimo “Oro de Moscú”.
El valor actual de toda esta reserva de oro ascendería a 12.200 millones de euros, y su valor numismático rondaría los 20.000 millones de euros, es decir, peccata minuta.
El acuerdo de no intervención suscrito por las potencias internacionales y el rápido apoyo de Roma y Berlín al bando nacional, desembocaron en que los republicanos hicieran cuentas y buscaran la internacionalización del conflicto y el apoyo soviético.
Pocos meses antes se había verificado que la reserva de oro del Banco de España era la cuarta mayor del mundo. En contra de lo que muchos piensan, la reserva aumentó considerablemente mientras España fue neutral en la 1ª Guerra Mundial.
En términos secretos se hablaba de la Madre (España) y del Niño (el oro), de modo que la operación no era una simple compra de armas, sino un depósito a partir del cual y de forma segura, comprar armamento y apoyo militar.

El oro fue depositado en cajas de madera gracias a milicias y carabineros, fue llevado a la Estación de Mediodía (Atocha) y desde allí se trasladó hasta Cartagena siendo escoltado por la Brigada Motorizada del PSOE. El destino no estaba claro en aquellas fechas, pues querían mantener el oro a buen recaudo, pero Largo Caballero y Negrín decidieron en octubre de 1936 enviar el oro a Moscú. El destino final fue el Gosbank con el consentimiento del mismísimo Stalin, de modo que tres barcos cargados hasta las trancas llegaron a las costas de Odesa el 2 de noviembre de 1936. En total, 5.779 cajas, que se dice pronto. El cargamento fue recibido en calidad de depósito mientras los nacionales acusaron de expolio al gobierno de la república. En ese concepto de depósito se cree que los soviéticos no se aprovecharon de la operación, si bien tampoco ofrecieron concesión alguna, pero otra versión habla de que Stalin estafó a la república inflando el precio de las armas y manipulando el cambio entre las diferentes monedas.
Una de las consecuencias de estas operaciones fueron la devaluación de la propia peseta, de modo que se comenzó a imprimir una ingente cantidad de billetes sin una reserva de oro que respaldara dicha puesta en circulación.
Además, entre 1938 y 1939 y con similares mecanismos, la reserva de plata, unos 656 millones de las pesetas de entonces, fue vendida a Francia y EEUU por una cifra suprior a los 20 millones de dólares.
En 1956, tras la muerte de Juan Negrín, su hijo, y siguiendo instrucciones de su propio padre, entregó al gobierno de España el denominado “Dossier Negrín” puesto que para entonces, al difunto Negrín le preocupaba la posición de España frente al interés de la URSS, por lo que cabe interpretar que la URSS más bien estafó al gobierno de la república 20 años antes. Negrín quiso que España, gobernara quien gobernara, tuviera documentación justificativa. La sorpresa franquista ante tal acto fue mayúscula, ya que el propio Negrín había negado aquella documentación a los republicanos unas décadas antes.
La gran pregunta es ¿qué pasó con el oro de Moscú? Pues que desde 1956 se especulaba con el hecho de que las dos terceras partes aun debían existir, pero tras varios estudios, en 1970 se dio todo por perdido.
La otra gran pregunta es, ¿cómo lo hizo Franco? ¿Cómo se financió si no tenía reserva de oro? Pues parece ser que los responsables económicos de los nacionales, José Larraz y Blas Huete, pagaron a los alemanes e italianos con exportaciones de materias primas a través de una empresa llamada Hisma-Rowak y acumulando deuda con el Tercer Reich de un tal Hermann Goering. A diferencia de Negrín, el general Franco logró negociar créditos a largo plazo, y que se renegociaron a partir de la victoria bélica en 1939. Así, en 1941 la negociación rebajó la deuda de 225 a 140 millones de dólares con una Alemania nazi ya inmersa en la 2ª Guerra Mundial.

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