Decir Toledo es decir “tres culturas”. Es así, la expresión sale como un resorte, y con ello, se sobreentiende que lo que hubo fue tolerancia y buen rollito.

Sabemos de Toledo que fue un asentamiento carpetano en época prerromana, que por ella pasaron los alanos y que los romanos llegaron en el 192 a.C. para llamarla Toletum, que significaba “tierra en lo alto”, y es que el peñón sobre el que emerge la ciudad nos recuerdo al típico paisaje del este norteamericano, de ahí que los geólogos, se refieran a esta ciudad como los “Apalaches Toledanos”, a caballo entre en un macizo ibérico con un marcado carácter de meseta cristalina y una cuenca sedimentaria que entra en contacto a través de sistema de fallas que nos proporcionan un paisaje inigualable. Tito Livio dijo de ella que, “Toletum ibi parva urbs erat, sed loco munita”, es decir, “ciudad pequeña, aunque bien defendida”.

Muralla de Toledo

Leovigildo la declaró capital de una España visigoda en el s. VI, siglo en el que adquirió un acento cristiano hasta la llegada de los musulmanes, que la denominaron Tulaytulah, que se traduce como “alegre” o alegría”. Un tal Al-Idrisi, un famoso geógrafo, cartógrafo y viajero del s. XII, llegó a decir de la ciudad que “Toledo esta por encima de cuanto se dice de ella. Dios la ha adornado como a una novia, ciñendo su cintura con un rio parejo a la Vía Láctea y coronando su cabeza”. Esa frase no habría superado los cánones actuales de las buenas maneras vistas desde el punto de vista fem…bueno, que no me quiero meter en un jardín vegano, ecosostenible y resiliente. Llevo las de perder, fijo.

El 25 de mayo de 1085 la reconquistó un tal Alfonso VI junto al resto del centro peninsular, proporcionando unos siglos de equilibrio entre el bando cristiano y el musulmán en lo que a la expansión geográfica de unos y otros se refiere.

Cabe destacar que entre los musulmanes había otro tipo de “fauna” diversa que aunque muchos meten en el mismo saco, no son exactamente lo mismo. Así, los mudéjares fueron los musulmanes que se quedaron a vivir tras la reconquista cristiana. Los mozárabes fueron aquellos cristianos que se habían quedado en territorio musulmán hasta la ansiada llegada de Alfonso VI. Es más, si avanzamos unos siglos más y llegamos a finales del s. XV con la pragmática conversión forzosa de los Reyes Católicos, nos encontramos con otros seres llamados moriscos, que fueron los musulmanes que pasaron a convertirse al cristianismo. ¡Menos mal que en aquellos tiempos aun no estaba el ISIS!

Alfonso VI de Castilla

Y además, y por supuesto, los expertos en finanzas y en comercio eran unos judíos que surfeaban las olas entre musulmanes y cristianos.

El 2 de enero de 1492 se reconquistó Granada y se expulsó al último rey nazarí, un tal Boabdil, un tipo que lloró como un niño lo que no supo defender como un hombre, y el 31 de marzo de 1492 se expulsó a los judíos ante las conversiones judaizantes encubiertas y sobre todo, por el escándalo del bochornoso caso acontecido en 1489 sobre el libelo de sangre denominado “el Santo Niño de la Guardia” y narrado por el experto en fake news de aquel entonces, un obispo de Burgos llamado Alonso Espina, autor de un best seller titulado “El infierno”. ¡Vaya título más sexy! No en vano, en diciembre de 1496, nuestro último papa, el papa valenciano, el papa Borgia, Alejandro VI, mediante bula papal les concedió el apelativo de “Católicos”.

Pues bien, tras la llegada de Alfonso VI a finales del s. XI se comenzó a hablar de una Toledo como capital de la España reconquistada y que fue ejemplo a seguir de convivencia y tolerancia, pero la realidad no fue tan idílica como la expresión “tres culturas” nos arroja. De hecho, en 1086, solo un añito más tarde, la Gran Mezquita pasó a ser catedral por orden del arzobispo de Toledo y en aras de esa consabida tolerancia, y seguro que todo ello con el beneplácito y aquiescencia de los malogrados musulmanes que 400 años antes habían entrado en la península como elefante en cacharrería.

Aquella convivencia y tolerancia mal entendida y que ha llegado a nuestros días no fue más que una coexistencia sin más. Ojo, que tuvo sus cosas buenas, como por ejemplo la Escuela de Traductores, un referente a nivel internacional y claro ejemplo de núcleo en el que la cultura convivía en varios idiomas, esto es, el latín, el hebreo y el árabe. Es más, Toledo fue encuentro y caldo de cultivo de mediación entre Oriente y Occidente, que se dice pronto.

Mezquita del Cristo de la Luz

Gracias a esta convivencia tenemos palabras árabes como “camisa”, “albaricoque”, “tambor”, “acequia”, “noria”, “taza”, “jarra”, “aldea”, “alcoba”, “zanahoria”, “algodón”, y un largo etcétera, pero no pueda terminar sin mencionar “ojalá” que viene de “in sha’a Allah”, es decir, “si Dios quiere”. Por su parte, los judíos nos dejaron palabras como “cábala”, “beca”, “camello”, “gasa”, “jaspe”, “mesías”, “matorral”, “pascua”, “sábana”, “sidra”, “túnica”, “yeso” y curiosamente, también la palabra “sultán”.

Yendo al particular caso toledano, los judíos nos han dejado un barrio en el que destacan la sinagoga del Tránsito y la sinagoga de Santa María la Blanca… e infinidad de casas. ¿Cómo identificarlas? Si entras en una casa de fachada estrecha que da acceso a un pasillo que lleva a su vez a un patio que sale a un lado o a otro del pasillo y que al final del mismo hay una casa, eso es una antigua edificación judía, no falla.

Sinagoga del Transito

Por su parte, de los musulmanes nos han llegado pocas edificaciones como la Mezquita del Cristo de la Luz y la Mezquita de las Tenerías. No te canses, la palabra “tenería” viene del francés y significa “donde se curten las pieles. Pues aunque parece poco, no es así, y es que el plano de Toledo es típicamente árabe, con calles estrechas, cuestas empinadas y calles sin salida. Efectivamente, ese encanto romántico del plano sinuoso y desordenado tiene acento islámico y seguramente lo que hace más bella a la ciudad castellana.

Calle típica de Toledo

Y finalmente están las innumerables edificaciones cristianas. Ese buen rollito de las “tres culturas” se percibe de forma aplastante en el convento de San Juan de los Reyes, el lugar en el que los Reyes Católicos querían haber descansado eternamente hasta que cambiaron de opinión tras la reconquista de Granada. Pues bien, cada vez que los cristianos reconquistaban una nueva ciudad en el sur peninsular, las cadenas de los hasta entonces esclavos cristianos pasaron a formar parte de la fachada de tan espléndido edificio. Así es, tenía que molar ser musulmán o mudéjar y ver como las cadenas de los cristianos de Baeza, Úbeda, Málaga o Almería pasaban a decorar este templo católico.

Cadenas en el Convento de San Juan de los Reyes

Una conclusión que podemos sacar y como expliqué a unos alumnos kuwaitíes hace solo unas semanas, “we are your distant cousins”. Dentro de mi enfermedad por saber de mis ancestros, de mis más o menos 1.600 apellidos identificados en mi árbol genealógico, el 25-30% de ellos son de origen judío y un porcentaje similar lo es de origen árabe. Lo sé, estoy como una chota, pero esta locura me permite afirmar que mucho me temo que mi caso no es aislado, quiero decir, si cualquier lector de estas líneas hiciera lo mismo, seguramente obtendría porcentajes similares. España tiene una visión de su historia desde una perspectiva puramente cristiana, pero en nuestros genes hay una mezcla indudable, de modo que seremos lo que seamos, pero venimos de dónde venimos.

Para terminar, me gustaría recordar que la reina Isabel la católica dijo de Toledo que “si tan grande, no tan fuerte, no tan grande”. Galdós dijo que “el enorme peñón que soporta una ciudad tan gloriosa, está magníficamente proporcionado para servir de montura a tal diamante”. Lope de Vega escribió “Emperatriz de Europa, Roma segunda y corazón de España. Y un tal Cervantes llego a afirmar que “Toledo, solar hispano, crisol de la raza íbera. Dichoso aquel que naciera español y toledano”


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