SAGUNTO Y EL ORIGEN DE LA 2ª GUERRA PÚNICA
Cartago y la incipiente Roma eran las potencias en el Mediterráneo y dirimieron sus diferencias en tres guerras conocidas como las Tres Guerras Púnicas. Salió victoriosa Roma, pero en un lugar de playas casi caribeñas comenzó un tremendo lio que a la postre sería conocido como la segunda guerra púnica.
Tras la primera de las guerras, Cartago estaba pagando un alto precio que la estaba medio arruinando, pero Roma sabía que si podía tener un enemigo en el Mediterráneos esa continuaba siendo Cartago. Para protegerse de Cartago, Roma hizo firmar un tratado entre ambas potencias para que Cartago siempre se mantuviera dentro de la península Ibérica, al sur del rio Ebro.

Amílcar Barca fue el suegro de Asdrúbal el Bello y fue padre de Aníbal, Asdrúbal y Magón. Este tal Amílcar vio imposible la expansión hacia un Mediterráneo oriental, área en poder de los romanos, por lo que vio en la península Ibérica una zona en la que ejercer de contrapeso. Tras pegarse con los oretanos, vacceos, turdetanos, carpetanos y olcades, Amílcar Barca fue expandiendo las posesiones de Cartago a través de una gran extensión de la península, gracias a que siempre que luchaban contra alguien, era contra un grupo reducido de ciudades que poco o nada tenían que ver con lo que hoy consideramos un reino. Quienes más resistencia les mostraron fueron los oretanos, cuya capital se encontraba en Cástulo, actual provincia de Jaén. En una escaramuza con unos rebeldes de Oretania que huían, se descabalgó de su caballo y parece ser que cayó al rio Segura, río en el que murió ahogado en el 228 a.C.

Su sucesor, su yerno Asdrúbal el Bello, fue quien cogió el relevo y a él debemos la fundación de Cartago Nova, la actual Cartagena, posiblemente uno de los mejores puertos naturales de Europa. Tuvo buen olfato a la hora de ubicar la ciudad. No lo tuvo a la hora de protegerse de un esclavo del rey celta Tagus, que con este homicidio vengó la muerte de su señor en aquel mismo año, el 221 a.C. En España, que siempre nos ha ido la marcha.
Así llegamos a Aníbal Barca, un tipo que se casó con una bella oretana, Himilice. Aníbal, si es conocido por algo, es por ser el famoso menda de los elefantes. Aníbal era el hijo de Amílcar y el cuñado de Asdrúbal el Bello. Pues bien, su padre le había educado en el odio a todo lo que oliese a romano. Así, cuando le tocó a él ser el líder, no lo dudó, y se fue derechito a tocar las narices a Roma. Su objetivo fue Sagunto, entonces conocida como Arse-Saguntum. Sagunto era una ciudad costera muy al sur del Ebro, en la actual provincia de Valencia, a medio camino entre Tarragona y Cartagena. Era una ciudad importante controlada por Roma. Arse era la ciudadela fortificada en su interior, en lo alto de un cerro, mientras que Sagunto era la zona portuaria. Hoy, de hecho, tenemos Sagunto en el interior y Puerto de Sagunto en el mar. Los romanos no buscaban malas localizaciones, y es que el azul de estas aguas hipnotiza.

El ataque de la ciudad de Arse fue repelido en un primer momento, pero tras unos primeros intercambios de golpes, comenzó un sitio de ocho meses, que se dice pronto. La altura de las murallas era enorme. Viéndose el final de aquel episodio tras la construcción de altísimas torres de asalto de madera por parte del bando cartaginés, la ciudad trató de negociar su rendición, pero Aníbal fue cruel con sus condiciones. Roma abandonó a su suerte a Sagunto. Así, antes de ser tomados, los saguntinos se quemaron en una gran pira, la misma en la que antes de suicidarse quemaron todos los objetos de oro y plata que poseían.
Tras la toma de Sagunto, el senado de Roma votó para entrar en guerra contra Cartago. Aquí, lo curioso fue la forma de pensar de Aníbal. Él sabía que Roma era casi invencible fuera de la península Itálica, por lo que decidió combatirles en su propio país. Cruzó el Ebro pasándose el tratado por el forro, bordeó el sur francés y atravesó los Alpes con un ejército enorme lleno de elefantes. Hay quien considera que esto ya, por sí sólo, fue toda una proeza en aquellos tiempos. De hecho, en aquel viaje perdió muchos efectivos y muchos elefantes. Atravesó la península Itálica de norte a sur ganando todas las batallas, pero sin llegar a entrar en Roma. Parecía que estaba más perdido que un GPS en los túneles de la M-30.
El revés le vino de Escipión, que mientras Aníbal hacía de las suyas por Italia, éste atacó la propia Cartago. Esto provocó que Aníbal marchara hacia su capital para defenderla y allí, la derrota no se hizo esperar. Tenía razón, Roma siempre era fuerte fuera de Roma. Esta segunda guerra púnica terminó en el 202 a.C. con un daño económico brutal para Cartago. Aun quedaría una tercera guerra púnica, la que terminaría con Cartago como gran rival de Roma en el ya, para entonces, s. II a.C.
Sin relación con este tema, ¡ojo!, que el edicto de Caracalla de mucho más tarde, del año 212, no se ha abolido aún, es decir, todos los ciudadanos libres de Hispania seguimos siendo ciudadanos romanos.

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Me ha encantado como lo escribes y lo que sprendo