Elisabeth I de Inglaterra, tras perder estrepitosamente en Coruña en 1589, envió a su favorito, al conde de Essex, a vengar dicha derrota junto a barcos neerlandeses a aguas del Mediterráneo. Una armada de 35 barcos, nada más y nada menos, zarpó en 1591 con el objetivo de saquear un Levante español algo desprotegido desde la victoria en Lepanto.

Los ingleses, venidos arriba, se las prometían muy felices cuando por el horizonte asomó un soriano de Calatañazor (allí no hay mar), Martín de Padilla y Manrique, que venía desde la costa veneciana. Este menda, el adelantado, ya había estado en Lepanto y en Lisboa para repeler a Francis Drake y hundirle cuatro barcos, por lo que el tipo no era desconocido para la Royal Navy.

Padilla, con menos hombres y navíos, ordenó dar caza a los intrusos y la dureza con la que arremetió hizo que los ingleses corrieran más rápido que un abuelo poniendo la sombrilla en Benidorm. Capturó 20 barcos holandeses y 3 ingleses y al resto los dejó para el arrastre. Su entrada en Almería fue triunfal y reafirmó el poderío de los barcos españoles en sus propias aguas.

Robert Devereux, II Conde Essex

Años más tarde, en el verano de 1597, tuvo lugar la expedición Essex-Raleigh, conocida en inglés como Islands Voyage y cuyo objetivo era destruir la flota de Ferrol del entonces capitán general del mar Océano, es decir, de Padilla. De paso, deseaban hacerse con unas Azores pertenecientes a Felipe II e interceptar desde ese punto a los barcos que regresaban desde América. Al mando estaban el II conde Essex, el conde de Suffolk, el tal Walter Raleigh, el conde de Southampton, el barón Astley el holandés Jacob van Wassenaer. Por su parte, Padilla, junto a Alonso de Bazán, Diego Brochero, Pedro de Zubiaur y Juan Gutiérrez de Garibay hizo que esta expedición fuese la última intentona de Elisabeth I de hacer daño en aguas españolas. Se le quitaron las ganas. Mientras, Essex y Raleigh, tras la derrota, no pararon de echarse la culpa “each other”.

En 1601 los holandeses volvieron a saber de Padilla. En esta ocasión, los neerlandeses iban apoyados de piratas escoceses y franceses. Los 6 barcos de Padilla se enfrentaron a los 12 navíos de los nórdicos y Martín de Padilla hundió dos barcos enemigos y capturó al resto, entrando así, definitivamente, en el olimpo de los grandes marinos hispanos. Murió en 1602 en Puerto de Santa María de un ataque de hemiplejia. Por cierto, no tiene peli, ni tampoco calle, ni siquiera en Calatañazor, en donde Almanzor perdió su tambor.

Walter Raleigh

Descubre más desde Relatos de la Historia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Categorizado en: