Me apuesto lo que sea a que si te vas a una esquina de la C/ María de Molina de Madrid y le preguntas al primer viandante que pase por ella, que quien era aquella mujer que da nombre a la famosa vía pública, el porcentaje de que haga aguas en la respuesta es más bien elevado.
María de Molina es una de las mejores reinas que jamás tuvo Castilla con el permiso de Isabel la Católica. María Alfonso de Meneses, conocida como María de Molina (hija de Alfonso de Molina), era prima y nuera de Alfonso X el Sabio, quien no vio bien el matrimonio con su hijo Sancho IV. Claro, a nadie le gusta que tu hijo se case con tu prima, ¿no?

Murió pronto su marido y fue regente de su hijo Fernando IV, al cual protegió de los intereses de Alfonso IV de Portugal, Jaime II de Aragón y otros nobles castellanos pese a no tener dispensa papal en su matrimonio. Murió su hijo y fue regente de su nieto Alfonso XI. La llamaban la reina prudente y obstinada. Emparentó a sus hijos con las coronas de Portugal y Aragón y fue una gran negociadora dentro de un mundo de hombres.
Tanto es así, que fue musa para una las grandes obras de un tal Tirso de Molina (el apellido seguro que no tuvo nada que ver) y para un poeta romántico, Mariano Roca de Togores, Marqués de Molíns…¡y dale, que el marquesado tampoco tuvo nada que ver!
Una gran mujer, empoderada como dicen ahora, y muy adelantada a su tiempo.

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