El sevillano Luis de Córdova y Córdova fue un almirante de 73 años al que los aliados franceses no querían por viejo, pero al que defendió el conde de Floridablanca, el primer ministro del aburridísimo Carlos III.

Corría el año 1780 cuando la Royal Navy fue enviada a cubrir dos conflictos abiertos de la Pérfida Albión, esto es, la guerra contra las 13 colonias en América y la guerra colonial en la India. Lo de siempre, que Inglaterra era el perejil de todas las salsas. El doble convoy partió desde Portsmouth al mando del comodoro John Moutray.

Comodoro John Moutray

Los espías españoles hicieron bien su trabajo e informaron de la operación a Floridablanca y éste, a su vez, le dio el soplo a Luis de Córdova. Nuestro almirante partió desde el Estrecho de Gibraltar en dirección al Atlántico con unas pocas fragatas y 27 navíos en línea para encontrarse con la Royal Navy. Junto a él, le acompañaron una fragata y 9 navíos franceses. Córdoba, además, navegaba en un barco conocido como “el Escorial de los Mares”. Era el Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, un barco de la Habana de 140 cañones que ostentaba el honor de ser el único buque de la época con cuatro puentes. Además de grande, el buque era más aerodinámico que la nariz de Rossy de Palma.

Santísima Trinidad

En la madrugada del 9 de agosto, al oeste del cabo de San Vicente, una fragata española hizo una señal después de haber avistado las velas británicas. Con esta información, el Santísima Trinidad dejó un farol encendido en lo alto del trinquete del palo de proa, lo cual fue un excelente cebo puesto que los ingleses creyeron que esa era la señal de su propio comandante. Se metieron en la boca del lobo. Una vez se acercaron a la flota española fueron conscientes de su error, pero para entonces, ya era demasiado tarde. Trataron de huir, pero las órdenes hispanas eran cañonear como si no hubiera un mañana y capturar, sobre todo eso, hacer presas.

Y así, la sorpresa española fue mayúscula al comprobar que lo que habían capturado era un doble convoy antes de separarse. El botín fueron 57 buques entre fragatas, bergantines y paquebotes y 294 cañones valorados en 600.000 libras esterlinas, 80.000 mosquetes, 30.000 barriles de pólvora, equipamiento para doce regimientos de infantería y un millón de libras esterlinas en lingotes de oro. Este hecho es conocido como el mayor desastre de la historia de la armada inglesa. El bofetón fue tal que, el rey Jorge II, un menda que invirtió en tres valores de la bolsa de Londres, sufrió una lipotimia al recibir la noticia. La bolsa de Londres bajó 18 puntos porcentuales una semana más tarde y la compañía aseguradora Lloys’s perdió el 60% de su valor de forma instantánea, como el Nesquik. Este hecho derivaría en la recuperación de Menorca por parte de España y en la derrota británica en EEUU, es decir, ayudó a la independencia de EEUU.

No contento con todo esto, este tipo, un año más tarde y ya con 74 años, apresó otro convoy de 24 barcos ingleses en el Canal de la Mancha. A Carlos III no le quedó otra que nombrarle director general de la Armada Española en 1783 para después nombrarle capitán general.

Por su parte, el Santísima Trinidad fue derrotado 22 años más tarde en la Batalla de Trafalgar. Este barco, botado en 1769, quiso ser remolcado por los ingleses en 1805, pero el destrozo que le provocaron hizo que se hundiera al sur de Cádiz. El Santísima Trinidad es considerado como el símbolo del fin del poderío español, pero jamás estuvo al servicio inglés, que quede claro.

¡Ah!, por cierto, este tipo, Luis de Córdova, ni siquiera tiene una calle. No la busques.

Luis de Córdova

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