Nochevieja es sinónimo de uvas y Puerta del Sol. ¿De dónde vienen ambas tradiciones? Vamos por partes.
Primero tenemos la famosa Puerta del Sol, la única puerta que no nos ha llegado a la actualidad de las 7 puertas existentes y relacionadas con las 7 estrellas de la bandera de la Comunidad de Madrid (Alcalá, Toledo, Hierro, San Vicente, Felipe IV y Real…también se relacionan con las 7 estrellas de la osa mayor por aquello del oso y el madroño). Pues eso, que hablar de Nochevieja es ponerse a mirar lo que sucede en dicha plaza.

En el s. XVIII Fernando VI pidió construir una nueva sede para el Cuerpo de Correos y Postas, de ahí que el edificio se llame Real Casa de Correos. Al fallecer el rey, el proyecto no lo ejecutó Ventura Rodríguez sino el francés Jaime Marquet. Hubo, incluso, un episodio en el que se escuchaban fantasmas pedir que la obra se diera al arquitecto español. El edificio carecía de reloj, pero no su vecina Iglesia del Buen Suceso, que poseía un reloj que marcaba las horas. Hoy es la la tienda de Apple.

Al demolerse la iglesia en 1854, se hizo imprescindible poner un reloj en la Real Casa de Correos puesto que era la cabecera de postas y diligencias. Para ello, se construyó una torreta sobre el frontis con un reloj de tres esferas culminado con las campanas de la iglesia demolida. El reloj era tan malo, que cada esfera daba una hora diferente en una época en el que el edificio era la sede del Ministerio de Gobernación (Ministerio de Interior). Se llegó a decir que el reloj era el espejo del gobierno que había debajo.

Así, once años más tarde apareció un relojero afincado en Londres, José Rodríguez Losada. Decidió regalar, de su propio bolsillo, un reloj que pronto adquirió una gran fama por ser puntual. Se inauguró con una torreta más elegante y en presencia de Isabel II el 19 de noviembre de 1866. Hoy, más del 90% de sus piezas siguen siendo las originales.

Ocurría que, paralelamente, la aristocracia del mediados del s. XIX copió la tradición francesa de celebrar las fiestas navideñas tiomando champán y comiendo uvas. Era una época en la que algo así solo estaba reservado para los bolsillos más agraciados. Así, el Imparcial de 1894 contaba como el presidente Cánovas del Castillo había despedido el año con esta tradición adoptada de los franceses.
En España lo que molaba era ir el día 5 de enero a armar alboroto para pedir algo a los Reyes Magos y, de paso, pillarse una cogorza. Así, en 1896, el alcalde de Madrid y originario de Pontones (Cantabria), José Abascal y Carredano, propuso poner una multa de un duro a quien armara ruido. Era una pasta. En señal de protesta, la multitud trasladó el jolgorio a la Nochevieja para tomarse lo que se denominaron como las 12 uvas de la suerte. Y que mejnor sitio que un lugar que era puntual, el reloj de la Puerta del Sol.
Años más tarde, en 1909, se produjo un excedente brutal de uva dominga en el Vinalopó alicantino y como campaña de marketing, se decidieron regalar esas 12 uvas de la suerte, dándose el pistoletazo de salida de una tradición que tiene ya poco más de 100 años. Y como dice Mecano, “En la Puerta del Sol, como el año que fue, otra vez el champán y las uvas y el alquitrán, de alfombra están…Y en el reloj de antaño como de año en año”.

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Me encantan tus relatos.
Feliz 2025 y sigue ilustrandonos con ese estilo de escribir tan bello.
Feliz 2025 amigo!!! Un abrazo fuerte!!