Hubo un granadino nacido en 1526 que jamás perdió una batalla. Sí desde los 8 años ya deambulaba por los barcos pilotados por su padre, don Alvaro de Bazán ya podía presumir con 28 años de ser capitán general de la armada española. Por proteger a los barcos que venían de las indias cogió fama combatiendo ante todo quisque, es decir, contra corsarios ingleses, franceses y piratas berberiscos. El menda cosechó victorias en Orán, Gibraltar, Vélez de la Gomera y Malta. Era más duro que un Nokia y con 40 años se le nombró capitán general de las galeras de Nápoles y Felipe II le dio el título de Marqués de Santa Cruz.

En 1571 estuvo en una contienda que cambió el rumbo de la historia de Europa, la batalla de Lepanto, que sirvió para detener el avance otomano en el viejo continente. La Santa Liga concentró 200 barcos, 30 de los cuales eran la escuadra de Nápoles liderada por este andaluz, el hombre fuerte de don Juan de Austria, el tipo que ostentó el mando absoluto de la Liga en aquel entonces. Se hizo cargo de la retaguardia, lo cual podría haber sido tomado como un insulto hacia su persona, pero la realidad es que tuvo visibilidad sobre todos los flancos y les pudo prestar su ayuda más rápido y veloz que el Dragon Khan de PortAventura. Fue el principal artífice de la victoria.

Batalla de Lepanto

En 1573 estuvo en la batalla de Túnez y en 1576 en Trípoli, consolidando el poder hispano en el mediterráneo occidental. Estuvo en más fiestas que la visa de Froilán. Fue él y no otro, quien perfeccionó las operaciones anfibias hasta el punto de ser estudiado en West Point. En 1576, por fin, fue nombrado capitán general de la Escuadra de Galeras de España.

En 1580 murió sin descendencia Enrique I de Portugal y fue Felipe II el que le sustituyó como Felipe I de Portugal, ya que era hijo de Isabel de Portugal. Antonio, prior de Crato, con la ayuda de Francia e Inglaterra, se postuló para quitarle la corona. Para evitarlo, Felipe II tomó Lisboa en 1581, pero una pequeña isla de las Azores, la isla de Terceira, se resistió. Esta era una isla estratégica por ser la más cercana a América desde el sur de Europa. En 1582 se produjo la batalla de la isla de Terceira ante unos franceses liderados por el italiano Felipe Strozzi. Se trató de la primera batalla librada en medio de un océano. Un total de 25 naves y 4500 hispanos se enfrentaron a otras 60 naves francesas y 7000 hombres que tuvieron el viento a favor, lo cual era decir demasiado. Bazán, en inferioridad y con viento en contra, les dio hasta en el carné de identidad. Si Francia hubiera ganado, esa isla habría sido la escala hacia América y habría estrangulado la economía española, pero contra todo pronóstico, la isla fue tomada definitivamente en 1583 frente a ingleses y franceses.

Desembarco de los Tercios en la isla Terceira (Azores)

En Viso del Marqués (Ciudad Real), a medio camino de Madrid, Sevilla y de las costas del mediterráneo occidental y del atlántico, Bazán decidió construir un palacio en el que instalar su cuartel general. Es el Palacio de los Marqueses de Santa Cruz. Casi destruido por los austracistas a comienzos del s. XVIII, fue arrasado en la guerra de la Independencia para ser establo y hospital y finalmente cárcel en la Guerra Civil. En 1948 se destinó para ser el Archivo General de la Marina. Vamos, lo último que te esperas en tierras castellanas es toparte con un edificio para fines marítimos. Es un edificio renacentista con 8000 m2 en frescos. Felipe II flipó tanto que, a los pintores, César de Bellis y los hermanos Giovanni Battista y Esteban Perolli, todos ellos de origen italiano, les encomendó el Escorial y el Alcázar de Toledo. Dice la frase que el marqués de santa Cruz se hizo un palacio en el Viso, porque pudo y porque quiso.

Palacio de los Marqueses de Santa Cruz en Viso del Marqués, (Ciudad Real)

Lope de Vega escribió sobre este héroe: “El fiero turco en Lepanto, en la tercera el francés y en todo mar el inglés, tuvieron de verme espanto. Rey servido y patria honrada, dirán mejor quien he sido por la cruz de mi apellido y con la cruz de mi espada.”

Asimismo, en el capítulo XXXIX de las «Aventuras del Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha», (la primera parte del Quijote) en el capítulo en «Donde el cautivo cuenta su vida y sucesos», Cervantes se acuerda de la captura de La Presa, una galera cuyo capitán era el hijo de un tal Barbarroja. Quien la capturó fue, según nos cuenta literalmente don Miguel, «la capitana de Nápoles, llamada La Loba, regida por aquel rayo de la guerra, por el padre de los soldados, por aquel venturoso y jamás vencido capitán don Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz”.

Monumento a don Álvaro de Bazán (Mariano Benlliure, 1891). Plaza de la Villa (Madrid)
CV de don Álvaro de Bazán

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