Guernica, Paracuellos, la Desbandada o Cabra son episodios vergonzantes de una guerra entre hermanos y que, hoy día, se siguen tirando a la cara rojos y azules. Las dos Españas, que lo son desde que pompeyanos y julianos se dieran de tortas en Munda. Ahora bien, uno de estos episodios se hizo mundialmente conocido en la exposición de París de 1937 gracias a un tal Pablo Picasso. El Guernica. ¡Pedazo de obra! Me voy a meter en un “fregao”, pero que sea lo que Dios quiera, porque me parece, históricamente, que tiene sentido. ¿Y si el Guernica tuviera otro origen?

Picasso tuvo una producción espectacular con miles de cuadros a lo largo de su vida. La exposición Internacional de París fue del 25 de mayo al 25 de noviembre de 1937 y el bombardeo de la legión Cóndor fue un mes antes, el 26 de abril de 1937. La República pagó a Picasso 200.000 francos por la obra para ser expuesta a los ojos de todo el mundo en la exposición parisina. Picasso pintó en apenas un mes un cuadro de 27,12 m2.

Fotografía de la artista Dora Maar del inicio de la obra

¿Y si se hubiera comenzado a pintar con otro objetivo y mucho antes? ¿Conoce la gente a Ignacio Sánchez Mejías? Este señor, casado con una folclórica de éxito, fue presidente de la Cruz Roja, escritor y uno de los precursores de la Generación del 27, amigo personal de Picasso y una larga lista de poetas como Lorca, Miguel Hernández o Alberti, fue presidente del Betis y, además, fue torero, y de los de éxito. Llegó a incluir una vez y, excepcionalmente, a Alberti como miembro de su cuadrilla. Padrino de su cuñado Joselito (otro torero de éxito), le sujetó la cabeza a éste mientras moría en 1920 de una cornada en la plaza de toros de Talavera de la Reina.

El 11 de agosto de 1934 un matador sufrió un percance y desde Huesca, este señor fue a sustituirle para completar el cartel de una corrida en Manzanares (Ciudad Real). Ese día, una cornada del toro Granadino le dejó más que tocado. La enfermería manchega no daba las prestaciones y fue trasladado a Madrid mientras la gangrena le iba comiendo en su traslado por carreteras polvorientas. Murió dos días más tarde en Madrid. La conmoción fue brutal en la generación del 27 y Lorca le dedicó “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías”, y es que este señor no fue el típico torero paleto.

Hay quien dice que, antes de que el delegado de Cultura de la Generalitat bautizase al cuadro como “Guernica”, el cuadro se iba a titular “Recuerdo a mi amigo Sánchez Mejías”. En 1947 Picasso dijo “…que el público vea aquello que quiere ver”. Como él mismo decía, el toro es un toro, el caballo un caballo etc. Escritores como Aquilino Duque o Francisco Aguado e investigadores como José Morente afirmaron que el cuadro es una adaptación con ánimo de lucro con la que el artista se sumó a un luto nacional. Así, no vemos aviones, no hay bombardeo, el toro es un toro, el caballo es el del picador, la madre se apena por la pérdida del hijo, la mujer dolida de la derecha es la amante, la bombilla es la bombilla de la enfermería y el torero es el diestro fallecido tras la corrida en Manzanares. ¿Es esta pieza una obra taurina comenzada a pintarse a las 5 de la tarde? No lo sé, la verdad, pero me parece acertado, al menos, escribir sobre ello para que cada cual saque sus conclusiones.

Ignacio Sánchez Mejías

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