Tras la muerte de un Fernando VII que había tenido cuatro esposas, la heredera al trono era finalmente una niña de 3 años, Isabel II, pero su tío, Carlos María de Isidro, se agarró a la ley sálica y dijo que, para rey, él mismo. Así, España se dividió en dos. Menos mal que esas cosas ya no pasan. ¿Por qué no tuvo descendencia hasta su último matrimonio el peor rey de la historia de España? Técnicamente se denomina macrosomía genital, mientras que popularmente hablando, la cosa, para entendernos, medía unos 30 cm. En fin. Si hubiera existido whatsapp en aquel entonces, ya sabemos a quien habría sustituido el rey felón a la hora de hacer memes. Se dice que su tercera esposa, la alemana María Josefa Amalia de Sajonia, al verlo en cueros en la noche de bodas salió corriendo porque se asustó más que el compañero de celda de Nacho Vidal. Tras escribir el rey al papa, el sumo pontífice le dijo a la de Dresde que tenía que acostarse con su marido, pero para quitarle las ganas a Fernando VII, la alemana siempre le pedía rezar un rosario antes de ponerse a buscar churumbeles ¡De traca!

Una vez accedió al trono Isabel II, España se dividió entre los carlistas por un lado y por el otro los realistas o isabelinos o cristinos, que se sacaron de la manga la “Pragmática Sanción”, por la cual, se abrían a la posibilidad de que reinara una mujer, siempre que no tuviera hermanos, y de este modo se cargaban la ley vigente que provenía de 1713.

El gran líder isabelino en el campo de batalla fue un tal Baldomero Espartero, mientras que por el bando carlista estaba el general Zumalacárregui, un guipuzcoano conocedor del terreno que se lo puso difícil a Espartero, pero tras dos años de guerra, una bala perdida le alcanzó en 1835. Para curarse, mejor que los médicos, un curandero, ¡donde va a parar! El curandero era un amigo suyo, un tal Petriquillo. La herida no era grave, pero el curandero le hizo un trabajito tan bueno que el general vasco duró 3 semanas, dejando el camino expedito a Espartero, que en 1840 zanjaba la guerra civil en la batalla de Luchana, dando fin a la primera de las guerras carlistas con el famoso abrazo de Vergara entre él y el general carlista Maroto. Este abrazo se hizo a espaldas de Carlos María de Isidro. A los vencedores isabelinos se les pagó con unas pesetas acuñadas para la ocasión y desde entonces se les llamó “peseteros”, un término que se incrustó para siempre en nuestro idioma.

Abrazo de Vergara

Como no pudo ser por las malas, se intentó por la buenas, es decir, casando a la niña, Isabel II, con el hijo de Carlos María de Isidro, es decir, con Carlos Luis de Borbón y Braganza. Como el menda también se llamaba Carlos, pues segunda guerra carlista al canto entre en 1846 y 1849. Más que una guerra fue un levantamiento en distintos puntos de Cataluña. Subyacía el tema por el cual el presidente Narváez apostaba por el sistema de propiedad liberal, mientras que los catalanes eran más de usos comunales de la tierra. Finalmente, al pretendiente Carlos se le apresó en Francia cuando intentaba entrar en España, mientras el general Pavía fue ganando todas las contiendas.

Ya entre 1872 y 1876 tuvo lugar la tercera guerra carlista, teniendo por un lado a los carlistas del duque de Madrid, otro Carlos (el nieto del primero), y por otro no se sabe muy bien a quienes, puesto que había a partes iguales partidarios de la 1ª República, de Amadeo I y de Alfonso XII. La guerra se desarrolló en Vascongadas (se la denominaba así), Navarra y Cataluña. Al término de la guerra se perdieron los fueros, pero los vascos decidieron negociar un acuerdo económico vasco para ellos solos. ¿Nos suena de algo? Clave fue el Pronunciamiento de Sagunto de 1874 promulgado por el general Martínez Campos, que apostó por Alfonso XII, es decir, la restauración borbónica.

General Baldomero Espartero

Por los servicios prestados, Amadeo I concedió en 1872 al general Espartero el título de Príncipe de Vergara (por aquel abrazo de Vergara en 1840). Volviendo a la primera guerra carlista, digno de mencionar fue el papel de “la primera lanza del reino”, un tal Diego de León, que con 72 jinetes se bastó para aplacar a 14 batallones carlistas con 500 caballos. Diego de León, cordobés de nacimiento, protegió al manchego Espartero por media España y siempre en minoría, que conste. Extremadura, Albacete, centro peninsular, Pamplona, nada se le resistía a Diego de León. La regente María Cristina delegó en Espartero y nombró capitán General de Castilla La Nueva a Diego de León, partiendo al exilio para así evitar una guerra que por otra parte llegaría 6 años más tarde. En 1841 el general O´Donnell se sublevó contra Espartero y Diego de León se sumó a dicha sublevación, pero fue apresado, juzgado y condenado a muerte por un tribunal militar repleto de irregularidades. El general Espartero no tuvo piedad con él.

Fusilamiento de Diego de León

Fusilado en la madrileña Puerta de Toledo, su última voluntad fue ordenar su propia ejecución. Aunque el general Espartero se ha hecho famoso por los atributos que su caballo tiene en el monumento del Paseo del Espolón de Logroño, Diego de León, la verdad, no se quedaba atrás y se vino arriba ordenando aquello de “preparen, apunten, fuego”, y eso que el objetivo de los disparos era él mismo. Se dice que a sus soldados les dijo “no tembléis, al corazón”. Hoy, las calles Príncipe de Vergara y Diego de León se cruzan en pleno distrito Salamanca de Madrid. ¿Quién las puso juntitas?

Esquina en la confluencia de las calles de Diego de León y Príncipe de Vergara de Madrid

Descubre más desde Relatos de la Historia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.