Procedente de Trujillo e hijo ilegítimo de Gonzalo Pizarro y Francisca González, criada de su tía Beatriz, nunca mostró interés por la cultura, nunca supo leer y escribir y le encargaron cuidar una piara de cerdos que, por cierto, terminó perdiendo tras enfermar la totalidad de los puercos. Después de este desafortunado episodio, se enroló en los tercios españoles destinados en Nápoles y Sicilia. En 1502 viajó a América, a la isla de la Española, con fray Nicolás de Ovando. Acompañó a Núñez de Balboa cuando éste descubrió el océano Pacífico, formó parte del grupo que fundó la ciudad de Panamá y fue aquí donde comenzó a acumular riquezas ayudando a someter a los indígenas de Veragua.

Con Pedro Arias Dávila se le encomendó junto a Diego de Almagro ir a conquistar el actual Perú, es decir, el entonces imperio Inca, y es que se hablaba de que poseían una gran riqueza y claro, por eso había dejado su Extremadura natal. Él quería hacer fortuna y para eso había ido a aquellas latitudes, y es que, aunque la frase no era aún esa de “vente pa Alemania Pepe”, esa ya era la idea desde un inicio.

En 1524 lideró su primera expedición, que resultó ser un completo fracaso. Un nuevo viaje protagonizó en 1526 bajo el nombre de “conquista de los reinos de Perú”, sentando las bases de lo que se debería conseguir. En este viaje sucedieron tres episodios importantes: en primer lugar, se enteraron de la muerte del emperador inca Huayna Cápac, en segundo lugar, aconteció la Porfía de Atacames, en la que se enfrentaron a pecho descubierto almagristas y pizarristas, y finalmente, en tercer lugar, se desarrollaron los acontecimientos de la Isla del Gallo, en donde se trazó una línea en la arena de la playa para ver quien le seguía. Lo que dijo fue “Por aquí – señalando al sur – se va al Perú a ser ricos, por allí – señalando al norte – se va a Panamá a ser pobres”. Fueron trece las personas que cruzaron aquella línea marcada en el suelo y seis años más tarde fueron asquerosamente ricos tras hacerse con los tesoros del imperio Inca, también conocido como Tahuantinsuyo. Estos hombres pasaron a la historia como “los 13 de la fama”. Se llamaban Francisco Pizarro, Hernando de Soto, Hernando Pizarro, Juan Pizarro, Gonzalo Pizarro, Juan de Rada, Sebastián de Belalcázar, Francisco de Jerez, Pedro de Candia, Francisco de Chávez, Martín de Jerez, Alonso de Riquelme y Pedro Alconchel.

Los 13 de la fama

Con la autorización de los reyes y ya con casi 60 años, regresó hacia América con familiares, amigos y paisanos. En 1532 fundó la primera ciudad española en Perú, San Miguel de Tangarará, y de ahí partió al encuentro de Atahualpa en Cajamarca para conquistar a unos incas que a su vez tenían sometidos a los quechuas, aymaras, chancas, wankas, chimúes, chachapoyas y cañaris. Atahualpa, previamente, había tenido una guerra civil con su propio hermano, Huáscar, quien le había precedido tras la muerte de lo últimos monarcas legítimos, Huayna Cápac y su padre Túpac Yupanqui (se cree que fallecieron a consecuencia de las armas de destrucción masiva que llevaron los españoles al continente, es decir, infinidad de nuevos virus como la gripe, la viruela, el sarampión, la escarlatina, la varicela, la difteria, el tifus o la peste bubónica).

En Cajamarca, con muy pocos efectivos, Pizarro fue subestimado por un Atahualpa que acudió acompañado de uno 7.000 hombres (en las proximidades tenía hasta 80.000). Los incas, después de un banquete y con más alcohol que Ernesto de Hannover en una fiesta de Pocholo, acudieron a masacrar a un Pizarro en clara minoría, sin embargo, fue Pizarro quien, con solo 168 hombres, planeó una emboscada para terminar secuestrando al rey Atahualpa. El cura Vicente de Valverde trató de cristianizar así, sin anestesia, al inca (la palabra inca significa “jefe” o “señor”) y al decirle éste que verdes las habían segado, salió corriendo de vuelta y dirigiéndose a Pizarro gritó: “¡Qué hace vuestra merced que Atahualpa esta hecho un Lucifer!”. Junto a los 102 hombres y 66 caballeros de Pizarro había cuatro cañones, y al escuchar los estruendos y las explosiones, los incas salieron despavoridos. Se calcula que en la estampida y en el cuello de botella que generó la huida inca en aquella plaza de Cajamarca perecieron unos 2.000 hombres asfixiados y pisoteados. Sí, aparte de armas de destrucción masiva, los españoles jugaban con armas de última generación (tampoco iban con metralletas) y con el factor sorpresa.

Atahualpa

En medio del caos, un español trató de asesinar a Atahualpa y esto lo impidió Francisco Pizarro anteponiendo su mano, en la que fue herido. Dijo algo así como “nadie hiera al indio so pena de vida”. Vamos, que se cargaba a quien lo matase.

¿Por qué? Pues porque por el rey inca pidió mucho oro a cambio de ser liberado. Es famoso el Cuarto del Rescate, y es que allí, Atahualpa, viendo que los españoles se volvían locos por encontrar determinados minerales, ofreció llenar aquel cuarto de oro hasta una altura en la que él alzase la mano y otros dos cuartos más llenos de plata. A los españoles les hicieron los ojos chiribitas. Incluso ayudaron a los incas a transportar todo aquel cargamento de oro y plata. ¡Faltaría más! En aquella espera, Atahualpa ofreció como esposa de Pizarro a su propia hermana. En aquella espera, Atahualpa se hizo amigo de un hermano de Pizarro, de Hernando, y éste llegó a afirmar que el indio, pese a haberles subestimado, era un tipo inteligente que pronunciaba frases que hacían que subiera el pan. Incluso llegaron a entablar tal amistad que hasta jugaron al ajedrez (otros dicen que a un juego inca parecido). Por allí pasó Diego de Almagro, que al ver a trece mendas asquerosamente ricos y comprobar que él no se llevaría nada de nada, dijo de asesinar al inca, pero lo impidieron por la inestabilidad que aquello podría suponer.

El Cuarto del Rescate medía 22 pies de largo y 17 de ancho. Fundieron el material recibido y aquello supuso 1,3 millones de pesos de oro y casi 52.000 marcos de plata. A repartir entre trece.

Cuarto del Rescate. Cajamarca.

Pero Pizarro nunca cumplió su promesa de liberar a Atahualpa pese a haberse hecho inmensamente rico. Siendo ya poseedores de aquella inmensa riqueza, Pizarro le sometió a juicio. Todo muy cuidado. Las preguntas fueron: ¿Qué mujeres tuvo Huayna Cápac? ¿Era Huáscar hijo legítimo y Atahualpa bastardo? ¿Tuvo Huayna Cápac otros hijos aparte de los citados? ¿Cómo llegó Atahualpa a adueñarse del imperio? ¿Fue Huáscar declarado heredero de su padre o éste le destituyó? ¿Cuándo y cómo tuvo lugar la muerte de Huáscar? ¿Atahualpa forzaba a sus súbditos a sacrificar a sus dioses, mujeres y niños? ¿Fueron justas las guerras que promovió y en las que murió mucha gente? ¿Derrochó las riquezas del imperio? ¿Favoreció a sus parientes en estos derroches? Hallándose preso, ¿dio órdenes para que se diese muerte a los españoles? La sentencia fue clara, culpable de idolatría, herejía, regicidio, fratricidio, traición, poligamia e incesto. Y no le cayó blanqueo de capitales de milagro.

Ejecución de Atahualpa

Con el oro que consiguieron y con Atahualpa sentenciado, se le condenó a morir quemado, pero eso significaba no pasar a otra vida según la religión inca. Así pues, el cura, Vicente Valverde, le bautizó (Atahualpa eligió el nombre de Francisco, ¡toma ya!) gracias a ello le sometieron al garrote vil. Por cierto, el cuerpo lo recuperaron los incas para seguramente enterrarle según sus ritos. Atahualpa fue ejecutado el 26 de julio de 1533. Vamos, que le hicieron la “tanganilla”.

Pizarro se casó con la hermana de Atahualpa y Huáscar, llamada Quispe Sisa y españolizada como Inés Guayalas Yupanqui. Esta princesa fue la que Atahualpa ofreció en matrimonio para ser liberado. Con ella, en 1535 fundó la Ciudad de los reyes en el valle de Limac, actual Lima y con ella tuvo dos hijos, Francisca y Gonzalo. Al mismo tiempo, tuvo como concubina a la nieta del inca Viracocha, sobrina del inca Pachacútec, prima de Huáscar y esposa de Atahualpa. ¡Con un par! Se llamaba Cuxirimai Ocllo y fue conocida como doña Angelina Yupanqui. Por todo esto, Francisco Pizarro es, posiblemente, el conquistador español más difícil de defender. Con esta concubina tuvo otros dos hijos, Juan Francisco y Francisco. Esta chica, doña Angelina, siendo ya viuda de Pizarro, escribió “Suma y narración de los incas”, es decir, la historia de los incas antes de la llegada de los españoles al Perú, entonces denominado “Birú”.

Cuxirimay Ocllo o Doña Angelina Yupanqui

Más tarde, hubo una guerra civil entre pizarristas y almagristas que se pelearon por el poder en la ciudad de Cuzco, y es que Diego de Almagro, aparte de sentirse perjudicado en el reparto de tierras, había resultado perdedor en su intento de conquistar Chile. En 1538, Almagro perdió ante Pizarro en la batalla de las Salinas y Pizarro mando ejecutarle sin más dilación. Tenían buen rollito.

Tras escuchar la existencia de la Ciudad de la Canela y El Dorado, Pizarro trató de hallar ambos lugares. Recorrieron los Andes, páramos helados y sierras impenetrables. Dieron con la canela, pero no con El Dorado, y para colmo, árboles de la canela tampoco halaron tantos como para hacer negocio.

Alguna derrota también sufrió Pizarro de vez en cuando, como la impartida por Manco Inca, que trató de aplacar a los españoles en la conquista de Lima.

En 1541 tuvo lugar el que se conoce como primer golpe de estado de la América hispana, y es que doce almagristas armados y liderados por el hijo de Diego de Almagro, se dirigieron a la casa de un Pizarro septuagenario que venía de escuchar misa. Aunque Pizarro y sus colegas estaban en la planta superior de la actual casa del presidente de la República, lo cual favorecía a Pizarro y a sus acompañantes puesto que la escalera era estrecha y angosta, los almagristas fueron aniquilándolos desde los pisos inferiores y se quedaron a solas con un Pizarro muy ducho en la manejo de la espada. Hubieron de sacrificar a un almagrista mientras otro le daba una estocada cerca de la garganta. Furibundo y dibujando una cruz en el suelo con su propia sangre, un tercero le golpeó en la cabeza con un enorme recipiente de plata. Su cuerpo permaneció 12 horas en aquel lugar. Sus adeptos recuperaron su cuerpo y fue enterrado en el patio de los naranjos de la iglesia de Lima y nunca fue decapitado como tradicionalmente se ha señalado, y es que Pizarro solía decapitar a sus enemigos. Tras varios traslados de su cuerpo, se le perdió la pista casi definitivamente, pero cuando ya no había esperanzas de encontrarle, en 1977, en unas obras de la catedral de Lima se encontraron dos cajas, las cuales contenían los restos de Francisco Pizarro, el señor marqués que descubrió y gobernó el Perú.

Asesinato de Francisco Pizarro

A día de hoy es cuestionado por las nuevas generaciones y su figura es controvertida, siendo conquistador para unos y genocida para otros. No sucede lo mismo con los incas, unos tipos que sometieron a sus pueblos vecinos y que para evitar catástrofes naturales eran muy de sacrificar a niños y niñas, llegando a nuestros días multitud de momias. Estos rituales eran conocidos en el idioma quechua como la “capacocha”, un ritual por el que el niño andaba durante meses mascando hojas de coca para ser sacrificado con un golpe en la cabeza en lo alto de una montaña. Todo muy soft.

Monumento a Francisco Pizarro en Trujillo (Cáceres), la ciudad natal del conquistador. Es obra del artista estadounidense Charles Cary Rumsey, que creó tres monumentos iguales, estando uno en su ciudad natal, Búfalo (EEUU) y otro en la ciudad del fallecimiento del conquistador, en el Parque de la Muralla, Lima (Perú).

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