Que malos hemos sido los españoles con el marketing…y ya del naming ni hablamos. Y eso que, a veces, algunas prácticas han sido sorprendentes. Muy poca gente, por ejemplo, sabe cómo se llamaban las 3 carabelas de Colón. Se llamaban la Pinta, la Santa Clara y la Gallega. La Pinta bien podría haberse llamado la Pinza, puesto que era propiedad de los hermanos Pinzón. La Santa Clara pertenecía a los hermanos Niño, de modo que para la nueva empresa de llegar a las Indias Occidentales se rebautizó como la Niña. Juan de la Cosa, un tipo de Santoña, se compró un barco en Galicia al que llamó la Gallega y como el menda ya llevaba años viviendo en Puerto de Santa María, renombró a su nave como la Santa María. Así pues, sí, lo de cambiar el nombre a las marcas, empresas, proyectos, etc, es más antiguo que el rodapié de Altamira.

Pero España siempre ha fallado en esto de elegir nombres para aquellas cuestiones que, seguramente, habrían quedado para la posteridad. Por ejemplo, América, nombre elegido por Martin Waldseemüller en 1507 en honor a Vespucio, debería haberse llamado Colombia. Y este no es el único caso. Juan Fernández descubrió en 1564 una corriente en el Pacífico sur por la que pudo ascender y descender de latitud para ir de Lima a Valparaíso. Pues bien, fue el padre de la Geografía Física quien le puso su nombre en 1807 y hoy la conocemos como corriente de Humboldt. Fernández también descubrió Nueva Zelanda en 1576 y bien podría haberse llamado Nueva Fernanda. Es más, cuando los españoles iban buscando la tierra “Austrialia del Espíritu Santo”, es decir, “Ausrialia”, una palabra que aúna el concepto austral y el nombre de los Austrias, fue empleada desde un principio por Fernández de Queirós y también por un Váez de Torres que fue el primero en divisar sus costas. Al menos hay un estrecho en su nombre, el estrecho de Torres, pero Australia cambió su nombre por su concepto austral.
Parecido a Juan Fernández es el caso de Andrés de Urdaneta, que descubrió en 1564 una corriente que dio pie al Galeón de Manila y que hoy se conoce internacionalmente como corriente de Kuro Shiwo o Kuroshio, que significa “azul oscuro” en japonés, es decir, el color que tiene la propia corriente. Debería llamarse corriente de Urdaneta, pero viendo nuestro historial, quizás fuera pedir demasiado.
No es menos cierto que muchos nombres sí que se pusieron acertadamente y mucha gente desconoce sus procedencias. Filipinas se llama así, desde 1543, en honor de Felipe II gracias a Ruy López de Villalobos, las Carolinas son en honor a Carlos II y el nombre se lo puso Francisco de Lezcano en 1666 y las Marianas son en honor a Mariana de Austria, segunda esposa de Felipe IV y madre de Carlos II. Gracias al Padre Diego Luis de San Vitores es que tenemos este nombre para estas islas desde 1668 y ojo que, su fosa es la más profunda del planeta. O las Islas Marquesas, llamadas así en 1595 por García Hurtado de Mendoza en honor al IV marqués de Cañete que, era el gobernador de Chile y virrey de Perú.
Afortunadamente, en América y Filipinas sí que se dejó huella en esto del naming a numerosísimas ciudades, pueblos, montes, ríos, etc, pero como hemos podido ver, algunos casos muy importantes son verdaderamente sangrantes.
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Marcelino, nos has clavado a los españoles