Navarro de Guenduláin y nacido en 1553, Jerónimo de Ayanz y Beaumont fue el precursor del uso y diseño de la máquina de vapor. Sí, has leído bien, estamos hablando del s. XVI. A este menda no lo conoce ni Dios, pero a James Watt, sí, “of course”.
Fue militar, cosmógrafo, pintor y músico, pero si es conocido por algo es por lo que realmente le ponía, inventar cosas.
En una época en la que España se dedicó a extraer metales preciosos en los territorios de ultramar, Jerónimo mejoró los sistemas de ventilación en la minería. Si el matemático y físico neerlandés Daniel Bernoulli dio nombre al principio de Bernoulli, un principio que describe el comportamiento de un fluido a lo largo de una línea de corriente, este navarro se adelantó un par de siglos investigando sobre esta misma materia.
En la industria metalúrgica mejoró nuevos tipos de hornos y, además, desarrolló molinos de viento. En su investigación científica este tipo ya hablaba del vacío.
Como militar anduvo el camino español entre el norte de Italia y Flandes y en una ocasión, en Zierikzee, a las órdenes del duque de Alba, luchó hasta deshacerse de todos sus atacantes flamencos pese a estar muy gravemente herido. No contento con esto, años más tarde estuvo con don Álvaro de Bazán en la batalla de San Miguel en las islas Azores, siendo premiado con la Orden Militar de Calatrava.
Tras estas victorias y por ser más fiable que la información de tu vecino del 3º, Felipe II le dio el cargo de CEO de 550 minas entre España y América. En estas minas el problema era el aire contaminado y las galerías llenas de agua. El menda inventó un sistema de desagüe mediante un sifón, haciendo que el agua contaminada proporcionara energía para elevar el agua acumulada en las galerías. Esta fue la primera puesta en práctica del principio de la presión atmosférica, un principio que se determinó décadas después y que eleva a Ayanz en el empleo de la fuerza del vapor. Ojo, el primero en utilizar esta fuerza fue un tal Herón de Alejandría en el s. I. Además, para beneficio de los mineros, este principio lo usó para intercambiar aire por nieve y así inventó el aire acondicionado.

Inventó una barca submarina, una brújula que establecía la declinación magnética, un horno para destilar agua marina, y así hasta 48 inventos reconocidos en 1606. ¡Un crack! La guinda del pastel fue inventar el traje de buceo. La primera inmersión de un buzo está documentada en 1602 en el rio Pisuerga. ¡Con un par! Dicen que Felipe III flipó.
A su muerte, sus restos fueron llevados a la ciudad que gobernó y es por ello que está enterrado en la girola de la catedral de Murcia. En España, por supuesto, ni flowers de este genio. No lo busques en los libros de texto de tus hijos.

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Qué gran relato ,de alguien totalmente desconocido para mí.
Un gran tipo.
Maravilloso. Me flipan este tipo de historias.