
Al contrario de lo que se cree, la relación entre indios y españoles en Norteamérica fue muy buena, no así entre indios e ingleses, de hecho, el General Sherman dijo que «el mejor indio es el indio muerto».
Aun así, hubo dos tribus que siempre fueron hostiles con todo bicho viviente, apaches y comanches. Eran expertos rastreadores, grandes jinetes, excelentes guerreros y crueles, muy crueles con sus enemigos.
En 1777 tuvo lugar en la frontera entre españoles y comanches el inicio de uno de los duelos más terribles. Un duelo a todo o nada, a vida o muerte, y no, no hay peli del oeste que lo rememore.
Los comanches estrenaron jefe, Tabivo Naritgant, que significaba «Hombre Peligroso», aunque todos le conocían como Cuerno Verde por su tocado de cabeza de bisonte con sus cuernos pintados de verde, mientras que Nueva España estrenaba gobernador, Juan Bautista de Anza.
El padre de Cuerno Verde fue matado por los españoles en Ojo Caliente (Nuevo México), y el padre de Juan Bautista de Anza fue matado por los indios en Primería Alta (Arizona). Ambos se conocían perfectamente, odiaban la cultura del otro y solo les faltaba decir eso de «me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, ¡prepárate a morir!’.
Cuerno Verde era temido entre otras cosas porque era un experto en crear pueblos fantasma matando a mujeres y niños incluidos. El tipo era más fuerte que un pistacho cerrao.
Anza, nacido en Sonora y de ascendencia vasca, es decir, un sonoro vasco, a los 26 años ya era capitán de los Dragones de Cuera, unos militares en los que se inspiró el Séptimo de Caballería, pero sin llegar a estar tan bien equipados como los dragones españoles, ¡ya hubieran querido! Unos dragones que guardaban 4.000 km de frontera desde San Francisco a Nueva Orleans.
En Agosto de 1779 y hartos del descalabro que suponía Cuerno Verde, Anza salió con 1.000 hombres en unas latitudes que jamás habían visto semejante ejército. Salieron de Santa Fe destino muy al norte para atacar por la retaguardia a la comanchería.
Sin saberlo, ambos acamparon uno al lado del otro y un 3 de septiembre tuvo lugar la batalla. En una zanja los dragones esperaban al enemigo y desde el norte se taponó la retirada comanche. Cuerno Verde impresionó por carecer de sentido común, yendo el primero, jaleando a los suyos e insultando a los españoles. Cuando se dio cuenta de la encerrona solo pudo ir a más, pero terminó siendo abatido.
Anza le dio el tocado, el escudo, el carcaj y las flechas de Cuerno Verde al virrey, y éste a Carlos III. En 1780, la Guardia Suiza del Vaticano rindió honores al nuevo embajador de España que traía consigo todo lo de Cuerno Verde de parte del rey de España para regalárselo al papa Pío VI. Desde entonces, todo se puede ver en los Museos Vaticanos, es decir, a miles de km de las tierras comanches de Nuevo México, Arizona y Colorado, y muchos años antes de que existieran el General Custer, Billy el Niño o Buffalo Bill.
A día de hoy se sigue celebrando en Tubac (Arizona) el día de Anza. ¡Verás tú cuando se enteren los del Black Lives Matter, expertos en vandalizar y retirar los monumentos de Colón, Junípero Serra y Miguel de Cervantes!

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