En un frente del Ebro de 1939 ya en sus últimos coletazos que, tratando de prolongar de forma extenuada la pertenencia al bando rojo de una Cataluña a la que poco le quedaba por resistir las embestidas del bando fachista, nos encontramos a un cabo madrileño de Morata de Tajuña que se levantó más que la ceja de Carlos Sobera. Se llamaba Celestino García Moreno y se convirtió en icono republicano un 16 de enero del último año de la guerra civil. El tipo ni siquiera estaba afiliado a ningún partido político antes del inicio de la contienda.
El menda se enfrentó, él solito, a 13 tanques italianos del Tercer Regimiento de Carros de Asalto. ¡Casi ná! Los vehículos acorazados se le cruzaron en Santa Coloma de Queralt (Tarragona). Perteneciente a la 9ª Brigada Mixta de la 11ª División, y provisto de unas pocas granadas, el tipo inutilizó a tres carros y el resto se batieron en retirada. A los tripulantes, un total de seis hombres hechos y derechos (entre ellos un capitán, un teniente y dos sargentos), los apresó sin miramiento alguno. Este cabo era un hombre experimentado con unos cuantos tiros dados ya en las batallas de Jarama, Brunete, Belchite y Teruel.
En tiempos de retiradas y rendiciones, este madrileño fue el revulsivo en el ánimo y la moral republicana. Así, el comandante Juan Modesto le trató como a un héroe. El noticiario “España al día”, es decir, el No-Do republicano, le hizo un reportaje y hasta le ascendieron a sargento condecorándole con la Medalla al Valor. El presidente Juan Negrín le felicitó por correo y le ofreció un permiso de un mes para ver a su familia en el pueblo. Ojo, que ir al pueblo no era tarea fácil, puesto que en medio había kilómetros y kilómetros de nacionales deseando darle los buenos días.
Entre medias, sus compañeros iban perdiendo terreno para terminar huyendo a Francia a comienzos del mes de febrero. Dolores Ibárruri “la Pasionaria”, lideresa comunista que terminó en el exilio, le ofreció salir del país con ella, pero el antitanquista consideró que su papel en la guerra había sido menor y su heroicidad anecdótica. Estaba más confundido que Spiderman en un descampado, ya que, hasta había asistido como artista invitado a un mitin en Madrid dirigido por la propia Dolores.
Al terminar la guerra Celestino estaba en su pueblo y es por todos conocido que, en una localidad pequeña todo se sabe. Le señalaron en menos de lo que canta un gallo. Además, el tipo vestía unos calcetines rojos cuando le detuvieron. El premio de Negrín concluyó en tragedia. Fue fusilado el 14 de junio de 1939 en la carretera de Vicálvaro. Hoy y desde 2017, se puede ver una placa en su honor, regalada por los brigadistas internacionales, en el Museo de la Batalla del Jarama.
Descubre más desde Relatos de la Historia
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
Buena historia, con un final desastroso, como el de muchos, por haber luchado y no haber huido