Numancia, actual Soria, terreno sobrio y frío por antonomasia, era una ciudad cercana al Moncayo y con poco más de siete hectáreas de superficie. De origen celtibérico, tuvo unos primeros pobladores ya en el 3.000 a.C. En el s.VII a.C se convirtió en un castro con varias torres de vigía. Ya en el s.II a.C Roma se peleó en la península Ibérica contra belos, arévacos, vacceos, titos y lusitanos, de modo que la resistencia fue ardua y feroz.

Vista aérea de Numancia

Al igual que pasaba con los belos de Sekaisa, si Astérix bubiera existido, bien podría haber sido soriano. Numancia y Termancia (actual Tiermes, perteneciente a la provincia de Soria, muy cerca de Segovia y Guadalajara) fueron las que más oposición plantearon a la ciudad eterna. Enviaron hasta embajadores a Roma para tratar su situación en particular, pero Roma, en aras de tomar Numancia por lo civil o por lo criminal, envió a miles de soldados y hasta 10 elefantes, los cuales asombraron a los numantinos porque jamás habían visto semejante bicho. En la lucha, una piedra enorme cayó encima de un elefante y el animal demostró tener más rencor que Shakira. Tanto se enfadó que arremetió contra los propios soldados romanos, a los cuales no hizo ni “Casio”. En aquel caos, los numantinos se lanzaron al ataque y aniquilaron a 4.000 hombres del cónsul Nobilor, el cual, después de tan vergonzosa derrota, se retiró emitiendo menos CO2 que la madre de Piqué saliendo de Spotify y con el consiguiente agradecimiento de Greta Thunberg.

Al año siguiente se cambió de cónsul y las refriegas entre numantinos y romanos fueron en aumento. Así, Roma envió a 30.000 soldados y a otros 3.000 guardas pretorianos, los boinas verdes de la época, bajo el paraguas del nuevo cónsul, Cecilio Metelo. Este cónsul hasta firmó acuerdos de paz en el que se pedía un desarme generalizado de Numancia, pero los numantinos dijeron que verdes las habían segado.

Los cónsules se iban sucediendo uno tras otro y las derrotas también. Con Cayo Hostilio Mancino se atacó la ciudad con 20.000 hombres, pero el enésimo cónsul romano perdió ante solo 4.000 numantinos. La vergüenza para el senado de Roma fue una cuestión de estado. Abandonaron temporalmente la lucha contra Numancia y dejaron al cónsul Cayo Hostilio desnudo y atado de pies y manos a merced de la hostil Numancia. Vamos, que estaban más hartos que un grafitero en la muralla china.

Por fin, Publio Escipión llegó con 4.000 voluntarios con ganas de pelea. Este cónsul entrenó y aleccionó a sus hombres para luchar en la más letal de las batallas. Escipión planeó un asedio y trató de saquear desde un inicio a los pueblos cercanos que mantenían relaciones comerciales con Numancia. Acto seguido, levantó murallas y llegó a tener a sus órdenes hasta 60.000 hombres, es decir, infantería, animales, etc. No le faltaba de nada, y por supuesto, lo más inteligente que hizo fue no lanzarse al ataque a las primeras de cambio.

Tras 15 meses interminables, en el 133 a.C. y ya sin la poción mágica de Panorámix, Numancia cayó asolada por el hambre. Los sorianos lo pasaron tan mal que muchos se suicidaron, otros se entregaron y otros murieron de hambre. Eso sí, Numancia incendió la ciudad antes de entregarla. Escipión regresó a Roma en loor de multitudes y portando 50 esclavos numantinos. Para Roma fue una de las mayores gestas conseguidas hasta entonces. Numancia desapareció como tal aquel año, si bien la ciudad existió hasta el 72 a.C.

Asedio de Numancia

Descubre más desde Relatos de la Historia

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Categorizado en: